El reinado de Shlomó
El reinado de Shlomó
El reinado de Shlomó
El reinado de Shlomó
El reinado de Shlomó
El reinado de Shlomó
De la división del reino a Ajav
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Los capítulos de Eliahu
Los capítulos de Eliahu
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El reinado de Ajav
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1 Reyes 11 Versículo 2
Daat Mikrá dice que el versículo comienza dirigiéndose a Shlomó con su título de Rey, para recalcar que las uniones de Shlomó con estas mujeres, respondían a un interés diplomático, como era la usanza en los reinos medievales en donde los reyes se casaban con las hijas de las distintas casas reales de otros reinos y de esa manera se podía consolidar el reino y alianzas estratégicas y además cita las palabras de Rambam en Hiljot Isuré Biá capítulo 3 dice: No se te cruce por tu mente que, tanto Shimshón como Shlomó, tomaron mujeres no judías… sino que en realidad, previamente las convirtieron al judaísmo y luego se casaron con ellas, no obstante, por ser que, con aquellas mujeres, sus conversiones no fueron hechas en forma desinteresada, sino que, lo hicieron para poder casarse con aquellos prominentes hombres, y no fueron convertidas por un tribunal especial, las escrituras las han considerado como si aun siguen siendo no judías y su estatus no cambió, más aun, las acciones de aquellas mujeres, pudieron corroborar, que en realidad, no se habían convertido sinceramente, pues continuaron sirviendo a sus ídolos paganos…
No obstante, no podemos obviar que tanto este versículo, como el anterior, recalcan que Shlomó las amó, no fue meramente una unión estratégica y diplomática, sino que también Shlomó se involucró sentimentalmente con ellas, principalmente con la hija del faraón, con quien seguramente habrá quedado admirado por su educación, conocimientos y sabiduría.
El texto indica que 'Shlomó amó a muchas mujeres extranjeras, incluyendo a la hija del faraón,' señalando que su amor y deseo intenso le llevaron a tres errores. Primero, desarrolló un amor excesivo por sus esposas, más allá de lo apropiado para un rey. Este detalle se enfatiza al decir: Se apegó Shlomó a ellas con amor, mostrando que su apego no era solo conyugal, sino apasionado. Segundo, tomó esposas extranjeras, a pesar de la prohibición explícita de la Torá de no casarse con mujeres de estos pueblos, para que no apartaran los corazones de los israelitas hacia sus dioses. Tercero, acumuló un número excesivo de esposas, en contradicción con el mandato de la Torá que ordenaba que el rey no debía multiplicar esposas, para que su corazón no se desviara. Como dijeron los Sabios: Shlomó pensó: Multiplicaré esposas, pero mi corazón no se apartará. Sin embargo, en su vejez, sus esposas inclinaron su corazón.
1 Reyes 11 Versículo 3
Daat Mikrá señala que no se menciona a ningún otro rey que haya tenido tantas esposas y concubinas como Shlomó. Tal como se mencionó anteriormente, el objetivo del rey era engrandecer el reino de Israel y posicionarlo al nivel de los grandes reinos del mundo. Para ello, Shlomó buscó establecer vínculos cercanos con cada uno de estos reinos, como si estuviera forjando relaciones diplomáticas. Así, al tomar esposas provenientes de distintos pueblos, establecía lazos formales entre sus respectivos reinos e Israel.
De esta manera, Israel no solo ganó reconocimiento internacional, sino que también se convirtió en un eje importante del comercio global. Estas alianzas matrimoniales no solo simbolizaban conexiones políticas, sino que también consolidaban la posición de Israel en las redes comerciales internacionales, elevándolo como un reino influyente en el escenario mundial.
Con respecto a poseer muchas mujeres y controvertir lo dicho en la Torá Debarim 14:15 Tampoco tendrá muchas mujeres, no sea que su corazón se desvíe…, ver nuestra explicación en el capítulo anterior versículo 29.
1 Reyes 11 Versículo 4
Daat Mikrá señala que Shlomó permaneció siempre fiel a Dios, y el versículo recalca que esto ocurrió únicamente al final de sus días, en su ancianidad. Por lo tanto, aunque el versículo indica literalmente que Shlomó no actuó correctamente a los ojos de Dios, también destaca que esto ocurrió al final de su vida, lo que implica que durante gran parte de ella sí fue recto ante Dios, como se menciona en 3:3: Y amó Shlomó al Señor, andando en los estatutos de su padre David.
El versículo utiliza la expresión 'su corazón no estuvo dedicado por entero al Señor su Dios,' parafraseando lo que el propio Shlomó declaró al pueblo en 8:61: 'Estén, pues, vuestros corazones enteramente dedicados al Señor nuestro Dios, para que andemos en Sus estatutos y guardemos Sus mandamientos, como en este día.'
Don Isaac Abarbanel comenta que el rey Shlomó, después de que las Escrituras relataron sus virtudes, perfección y grandeza, descuidó su proceder al final de sus días y no siguió plenamente al Señor. Esto le acarreó muchas aflicciones y carencias. En el tratado 'Bamé Behemah Yotzá' del Talmud (Shabat 56b), Rabí Shmuel bar Najmani, en nombre de Rabí Yonatán, sostiene: 'Todo aquel que diga que Shlomó pecó, está equivocado,' pues está escrito: 'Su corazón no fue perfecto como el de su padre David.' Esto significa que, aunque su corazón no alcanzó la perfección de David, tampoco cometió una transgresión grave como la idolatría.
Don Isaac Abarbanel dice que, el rey Shlomó, después de que las Escrituras relataron sus virtudes, perfección y grandeza, al final de sus días descuidó su proceder y no siguió plenamente al Señor. Por ello, le sobrevinieron muchas aflicciones y carencias. En el tratado del Talmud Shabat 56b se dice: Rabí Shmuel bar Najmani, en nombre de Rabí Yonatán, afirmó: Todo aquel que diga que Shlomó pecó, está equivocado, pues está escrito: 'Su corazón no fue perfecto como el de su padre David'. Esto indica que, aunque su corazón no fue tan perfecto como el de David, tampoco cometió una transgresión tan grave como la idolatría.
Surge, no obstante, la pregunta: ¿cómo entender el versículo 7 que afirma que Shlomó edificó un altar para el dios Kemosh? Los sabios explican: 'Él quiso construirlo, pero no llegó a hacerlo.' Asimismo, cuestionan el versículo que dice que 'Shlomó hizo lo malo ante los ojos del Señor.' Sin embargo, los sabios interpretaron estos textos de manera no literal y consideraron erróneo hacerlo de otra forma. Surge entonces la pregunta: ¿por qué optaron por una interpretación distinta al sentido aparente de los versículos?
La razón, explican, radica en la naturaleza y sabiduría de Shlomó. Era un hombre excepcionalmente sabio, comparable a un ángel de Dios, conocedor de las verdades más profundas del universo. ¿Cómo podría su corazón inclinarse hacia creencias absurdas o idolatrías propias de naciones ignorantes? ¿Cómo podría, alguien con tal entendimiento de Dios y Su existencia, abandonar la verdad para seguir falsedades? Además, Dios se le apareció dos veces y le habló en sueños. Incluso más: si Shlomó hubiera adoptado tales idolatrías, ¿cómo sería posible que aceptara simultáneamente múltiples deidades como Astarté, Milcom, Kemosh, entre otras? Cada una de estas naciones idolatraba exclusivamente a su propio dios y negaba la existencia de los demás. Aceptar todas estas idolatrías a la vez sería contradictorio y absurdo, incluso para los propios idólatras.
Por estas razones, los sabios concluyeron que Shlomó, lejos de adorar ídolos, pecó al permitir que sus esposas realizaran prácticas idolátricas en su entorno. Al no reprenderlas ni impedir sus actos, se le atribuyó como si él mismo hubiera participado.
Esto sucedió en la vejez de Shlomó, cuando ya no tenía la misma fuerza y autoridad que poseía en su juventud. Es posible que, debido a su edad, no tuviera la capacidad de supervisar estrictamente las acciones de sus esposas. Ellas, conscientes de esta debilidad, pudieron haber aprovechado su pasividad en estos años finales para actuar según sus propios deseos, desviándose de los caminos establecidos por la Torá. Esta falta de control, producto de su deterioro físico y tal vez emocional, permitió que las prácticas de estas mujeres prosperaran en su entorno sin que él lograra impedirlo.
Aunque sus esposas se habían convertido al judaísmo, fue considerado inapropiado que Shlomó permitiera que llevaran a cabo estos rituales en Jerusalén, la ciudad escogida por Dios. Esto agravó aún más su falta.
1 Reyes 11 Versículo 5
Los sabios explican: 'Por ser que no reprendió a sus esposas por sus actos, la Escritura lo cuenta como si hubiese pecado.'
Ralbag, agrega que, si la intención fuera que Shlomó adoró a otros dioses, entonces es redundante lo que dice en el versículo anterior: luego que se mencionó que sus esposas desviaron su corazón, no sería necesario decir que y su corazón no estuvo dedicado por entero al Señor su Dios, como había estado el corazón de David su padre. Por tanto, queda claro que lo que se quiere expresar es que el amor hacia sus esposas fue los que inclinó su corazón a permitirles servir a otros dioses y a cerrar los ojos ante sus actos.
Además, se aclara que cuando se dice en el versículo 5 Porque Shlomó fue tras las Ashtoret, diosas de los Tzidonim, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas, esto significa que permitió a sus esposas sidonias y amonitas adorar a sus deidades y desvió su atención de sus actos. Por ello, que inmediatamente en el próximo versículo 6 dice: Shlomó hizo lo malo a los ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como le había seguido su padre David Si hubiera seguido plenamente al Señor, no habría tolerado que sus esposas realizaran ese pecado tan extraordinario.
Otro indicio de que lo que se quiere transmitir es que cerró los ojos ante las acciones de sus esposas y les permitió adorar a otros dioses, es el versículo que afirma en el versículo 8: Así hizo también para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses, Esto muestra claramente que el pecado de Shlomó radicó en que permitió que sus esposas ofrecieran sacrificios e incienso a sus dioses, algo que no tiene duda alguna.
Por lo tanto, cuando se dice en el versículo 7 Entonces Shlomó edificó un altar a Kemosh, es como si se dijera que lo construyó él mismo, ya que permitió que sus esposas lo edificaran. En general, el hecho de haber tomado a estas mujeres como esposas fue la causa de la construcción de estos altares para la idolatría, y por ello Shlomó fue el motivo indirecto de su edificación. Y de manera general, es imposible que un hombre sabio como Shlomó se involucrara con tales vanidades e idolatrías, especialmente siendo alguien que comprendía al Creador más que cualquier otro ser humano.
Además, los textos que escribió bajo inspiración divina y las dos ocasiones en las que Dios se le reveló, también atestiguan esto. Por lo tanto, no es posible que un hombre como él adorara ídolos.
Es importante comprender que, en ciertos casos, se atribuye a una persona haber realizado un acto, ya sea porque lo llevó a cabo personalmente o porque fue ejecutado a través de intermediarios bajo su supervisión. Por ejemplo, Shlomó declaró en 8:20: "Yo he edificado la casa al Nombre del Señor, Dios de Israel," aunque no fue él directamente quien la construyó, sino sus siervos. Sin embargo, dado que Shlomó fue quien lideró y gestionó la obra, se considera que él es quien la llevó a cabo.
De manera similar, se le atribuye la responsabilidad de un acto incluso cuando no lo realizó activamente, pero tuvo la capacidad de impedir que otro lo llevara a cabo y no lo hizo. Esto es una práctica común en el lenguaje, donde se adjudica la responsabilidad a quien poseía el poder para evitar una acción, pero no tomó medidas para detenerla, considerándose como si él mismo la hubiese realizado
Por ello, la Torá dice: 'Reprenderás a tu prójimo y no cargarás con su pecado.' Esto significa que si no lo reprendes, cargarás con el pecado que él cometa, como si tú mismo lo hubieras realizado. En este sentido se dice en el versículo 7: Entonces Shlomó edificó un altar a Kemosh.
1 Reyes 11 Versículo 6
Al no reprender a sus esposas, Shlomó contribuyó a que Jerusalem y la tierra de Israel se llene de idolatría, algo que contradice a la intención y obligación que Dios había ordenado en la Torá en Shemot 34:12 y Debarim 12:1: Estos son los estatutos y los decretos que observaréis cuidadosamente en la tierra que el Señor, el Dios de tus padres, te ha dado para que la poseáis todos los días que viváis sobre su suelo. Destruiréis completamente todos los lugares donde las naciones que desposeeréis sirven a sus dioses: sobre los montes altos, sobre las colinas y debajo de todo árbol frondoso. Y demoleréis sus altares, quebraréis sus pilares sagrados, quemaréis a fuego sus imágenes de Ashera, derribaréis las imágenes talladas de sus dioses y borraréis su nombre de aquel lugar.
Debarim 7:1 Cuando el Señor tu Dios te haya introducido en la tierra donde vas a entrar para poseerla y haya echado de delante de ti a muchas naciones … y cuando el Señor tu Dios los haya entregado delante de ti, y los hayas derrotado, los destruirás por completo. No harás alianza con ellos ni te apiadarás de ellos. Y no contraerás matrimonio con ellos; no darás tus hijas a sus hijos, ni tomarás sus hijas para tus hijos. Porque ellos apartarán a tus hijos de seguirme para servir a otros dioses; entonces la ira del Señor se encenderá contra ti, y Él pronto te destruirá. Mas así haréis con ellos: derribaréis sus altares, destruiréis sus pilares sagrados, y cortaréis sus imágenes de Ashera, y quemaréis a fuego sus imágenes talladas. Porque tú eres pueblo santo para el Señor tu Dios; el Señor tu Dios te ha escogido para ser pueblo Suyo de entre todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra.
Y así queda estipulado en la ley judía, Rambam Sefer Hamitzvot 185 y Sefer HaJinuj 436 Destruir la idolatría y sus utensilios. Se nos ordenó destruir y desterrar todos los templos y sitios de idolatría por cualquier medio de destrucción: ya sea rompiéndolos, quemándolos, demoliéndolos o cortándolos, cada método según lo que sea más apropiado y efectivo para apresurar su ruina. Es decir, el propósito es no dejar rastro alguno de la idolatría. En el Sifrei se enseña: ¿De dónde sabemos que si alguien corta una Asherá (árbol sagrado) y esta vuelve a brotar, incluso diez veces, tiene la obligación de volver a cortarla cada vez? Esto se aprende del versículo: "Destruiréis por completamente..." Allí también se dice: " borraréis su nombre de aquel lugar" En la Tierra de Israel estamos obligado a perseguirlos (a los lugares de idolatría), pero fuera de ella no tenemos esa obligación.
Es razonable suponer que las esposas de Shlomó no construían directamente con sus propias manos los altares y templos paganos, sino que ordenaban a los siervos del rey, quienes estaban bajo su servicio, que los erigieran. Por consiguiente, cuando los miembros del pueblo de Israel observaban que los siervos del rey, siguiendo las órdenes expresas de las esposas de Shlomó, construían altares dedicados a sus dioses paganos, y el rey no intervenía para impedirlo, asumían que Shlomó también aprobaba tales actitudes y construcciones.
1 Reyes 11 Versículo 7
Si la intención de este versículo hubiera sido indicar que Shlomó construyó dichos altares para su propia adoración de esos dioses, no tendría sentido que el siguiente versículo añadiera: "Así hizo también para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses." Esto subraya que el pecado estaba relacionado con el hecho de permitir que sus esposas realizaran tales prácticas, más que con una participación personal y activa de Shlomó en dichas actividades.
El reproche divino, además, afirma: "Y el Señor se enojó con Shlomó porque su corazón se había apartado del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces." Si el pecado hubiera consistido en que Shlomó se postró ante ídolos paganos y cometió idolatría, el reproche divino habría expresado algo como: "Shlomó se volvió a otros dioses" o "Se rebeló contra el Señor siguiendo dioses paganos." En lugar de ello, se describe como una desviación del compromiso pleno con Dios, lo que indica que su transgresión radicó más en su pasividad y falta de acción frente a los actos de idolatría realizados por sus esposas que en una idolatría personal.
Daat Mikrá señala que el monte mencionado frente a Jerusalén hace referencia a lo que actualmente se conoce como el Monte de los Olivos, ubicado justo al este de la ciudad. Cabe destacar que, incluso en la actualidad, el Monte de los Olivos alberga numerosas iglesias cuyas cúpulas y campanarios se distinguen y sobresalen por su notable altura, marcando su presencia en el paisaje de la región.
Daat Mikrá explica que Milcom o Molej significan lo mismo, provienen de la misma raíz: Melej que quiere decir: soberano.
Es importante reflexionar sobre el profundo daño que estos altares paganos infligieron al pueblo de Israel. Su influencia fue tan persistente que permanecieron en pie unos tres siglos, hasta los días del rey Yoshiahu, tal como dice en Reyes II 23:13 Y el rey (Yoshiahu) también profanó los lugares altos que estaban frente a Jerusalén, los que estaban a la derecha del monte de destrucción, que Shlomó, rey de Israel, había edificado a Ashtoret, abominación de los sidonios, y a Kemosh, abominación de Moab, y a Milcom, ídolo abominable de los hijos de Amón.
1 Reyes 11 Versículo 8
Malbim señala que, de acuerdo con la explicación de la Mejiltá, el precepto de "No tendrás otros dioses" también aplica a mantener un ídolo en la casa, incluso si no se le rinde culto. Además, se explicó en otro lugar que la prohibición de fabricar un ídolo se transgrede incluso si otro lo realiza en nombre de la persona, como lo menciona el libro de Vaikrá, e incluso si son gentiles quienes lo fabrican para él.
Por lo tanto, si se argumenta que fueron los siervos de Shlomó quienes construyeron construir estos altares, como se sugiere en el versículo anterior, habría infringido dicha prohibición, pues todo el reino y sus palacios son posesión de Shlomó. Por otro lado, si fueron sus esposas quienes edificaron los altares mientras él guardaba silencio, también habría quebrantado la norma previamente mencionada que prohíbe mantener un ídolo bajo su dominio.
Como hemos señalado en múltiples ocasiones, los Sabios del Talmud explicaron en el tratado Shabat 56b: "Quien diga que Shlomó pecó, está en un error." Esta afirmación se fundamenta en los versículos, pues, de otra manera, no tendría sentido que se dijera: "Su corazón no fue completo con el Señor, como el corazón de David su padre," o "No siguió plenamente al Señor, como David su padre." Sino que hubiera dicho directamente que Shlomó sirvió a dioses paganos. Más aun, el versículo aquí deja en claro que fueron sus esposas, y no Shlomó, quienes quemaban incienso y ofrecían sacrificios a los dioses
1 Reyes 11 Versículo 9
Abarbanel señala que el motivo del enojo de Dios hacia Shlomó radica en que este no mantuvo la unión y devoción total que correspondían a su privilegiado estatus y profunda conexión con el Altísimo. Esto resulta especialmente significativo considerando que Dios se le había manifestado en dos ocasiones: la primera vez en Guibón, como se mencionó anteriormente, y la segunda, tras la inauguración del Templo. Para alguien que había recibido tales revelaciones y gozaba de una cercanía única con el Señor, era inapropiado tolerar el comportamiento de sus esposas o permitir los caminos y altares de deidades extranjeras.
De hecho, si Shlomó hubiera mantenido una adhesión completa y sincera a su Dios (como enseñó nuestro maestro Moshé en Debarim 13:5: "Tras el Señor vuestro Dios andaréis, a Él temeréis, Sus mandamientos guardaréis, a Él serviréis, y a Él os adheriréis"), no habría permitido que se adoraran ídolos ante sus ojos, en sus palacios o dentro de su reino. Mucho menos habría permitido que sus propias esposas, quienes compartían su hogar y su intimidad, realizaran tales prácticas. Sin embargo, en su vejez, Shlomó dejó de ser tan cuidadoso y atento como lo había sido en su juventud, desviándose de los temas trascendentales y sumergiéndose en las cuestiones diplomáticas del reino y en los placeres que el trono le ofrecía, desconectándose así de Dios.
1 Reyes 11 Versículo 10
Radak explica que, en las dos ocasiones en las que Dios se le apareció a Shlomó, le reiteró la importancia de mantenerse fiel y no desviarse tras los ídolos paganos. Esto se refleja en los pasajes 3:14: Y si anduvieres en Mis caminos, guardando Mis estatutos y Mis mandamientos como tu padre David anduvo, entonces prolongaré tus días y la otra en 9:4 Y en cuanto a ti, si andas delante Mio como anduvo tu padre David, con integridad de corazón y con rectitud, haciendo conforme a todo lo que te he mandado, cuidando Mis estatutos y Mis ordenanzas, afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, tal como prometí a tu padre David, diciendo: "No te faltará hombre sobre el trono de Israel.
Por esta razón, Dios se dirige nuevamente a Shlomó. Sin embargo, en esta ocasión, Shlomó ya no se encontraba en un estado de mérito ni a la altura espiritual necesaria para recibir el mensaje divino directamente. En su lugar, el mensaje le fue transmitido a través de otro profeta. Nuestros Sabios enseñaron (Seder Olam, capítulo 20) que esta profecía fue entregada por medio del profeta Ajiáh HaShiloní.
En resumen, podemos observar que los versículos 4 y 6 afirman explícitamente: " y su corazón no estuvo dedicado por entero al Señor su Dios, como había estado el corazón de David su padre … y no siguió plenamente al Señor, como le había seguido su padre David." Esto parece aludir a que Shlomó no cumplió con los preceptos activos relacionados con la idolatría, como destruir los altares y eliminar las prácticas idolátricas.
Por otro lado, los versículos 9 y 10 declaran: " porque su corazón se había apartado del Señor, Dios de Israel, … pero él no guardó lo que el Señor le había ordenado " Estos versículos están relacionados con la transgresión de preceptos negativos, como no permitir la idolatría y no tomar muchas mujeres, entre otros.
El texto deja claro que todo esto fue posible porque Shlomó se apartó de Dios, tal como se describe en el versículo 4: " Y sucedió que cuando Shlomó era ya anciano, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no estuvo dedicado por entero al Señor su Dios, como había estado el corazón de David su padre."
A partir de los versículos 5 y 6, vemos un nivel inicial de alejamiento que no implica un servicio activo, sino más bien pensamientos y la aceptación de ciertas creencias ajenas al judaísmo: "Porque Shlomó fue tras las Ashtarot, diosas de los Tzidonim, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. Shlomó hizo lo malo a los ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como le había seguido su padre David." En ninguna parte se menciona que Shlomó haya realizado actos activos de sometimiento a estas deidades paganas.
Finalmente, en los versículos 7 y 8, el texto nos habla de actos concretos. Ya no se trata únicamente de creencias o pensamientos, sino de acciones visibles y tangibles que implican servir activamente a estas deidades paganas y someterse a ellas. 7 Entonces Shlomó edificó un altar a Kemosh, ídolo abominable de Moab, en el monte que está frente a Jerusalén, y a Molej, ídolo abominable de los hijos de Amón. 8 Así hizo también para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.
1 Reyes 11 Versículo 11
Lo primero que debemos observar es que Dios no acusa directamente a Shlomó de cometer idolatría ni de seguir a otros dioses. En cambio, el versículo apunta a que Shlomó permitió que en Israel proliferaran los altares dedicados a deidades paganas y que sus propias esposas, quienes quizá también enseñaban a sus hijos, sirvieran a otros dioses, apartándose del Señor.
Vemos que Dios reprende a Shlomó por tres cosas:
esto ha sucedido contigo, esto se refiere a que permitió que sus esposas hagan eso
no has guardado Mi pacto se refiere a lo que dijo antes: y su corazón no estuvo dedicado por entero al Señor su Dios, como había estado el corazón de David su padre. Pues el pacto era 9:4: Y en cuanto a ti, si andas delante Mio como anduvo tu padre David, con integridad de corazón y con rectitud…
Mis estatutos se refiere a lo que dijo en la Torá de no tomar muchas mujeres en Debarim 14:15 Tampoco tendrá muchas mujeres, no sea que su corazón se desvíe…
El rab Kuk interpreta que, al estar tan enfocado en la visión global y general del reino, Shlomó descuidó los detalles particulares. Es decir, mientras contemplaba el bosque, no notó el árbol. Aunque el reino prosperaba en términos generales, posicionándose como un eslabón clave en el comercio internacional y siendo temido por otros reinos (de ahí su decisión de tomar mujeres de otras naciones), no prestó atención al daño individual y doméstico. En su propia casa y ante los ciudadanos de Israel, la idolatría se practicaba abiertamente frente a sus ojos sin que él la impidiera, lo que llevó al pueblo a pensar que estas prácticas no eran del todo incorrectas.
Don Isaac Abarbanel realiza un profundo análisis y señala que, en el momento de crisis, Shlomó actuó con negligencia y no se esforzó por erradicar la idolatría de la tierra, permitiendo que se le rindiera culto. Al obrar de este modo, no guardó el pacto ni las leyes que Dios le había ordenado. Y sobre el tema de la idolatría Dios es muy meticuloso y no lo deja pasar, tal como dice la Torá en Shemot 34:12 Cuídate de no hacer pacto con los habitantes de la tierra adonde vas, no sea que esto se convierta en tropezadero en medio de ti; sino que derribaréis sus altares y quebraréis sus pilares sagrados y cortaréis sus Asherot, pues no adorarás a ningún otro dios, ya que Dios celoso es el Nombre del Señor, no sea que hagas pacto con los habitantes de aquella tierra, y cuando se prostituyan con sus dioses y les ofrezcan sacrificios, alguien te invite y comas de su sacrificio; y tomes de sus hijas para tus hijos, y ellas se prostituyan con sus dioses, y hagan que también tus hijos se prostituyan con los dioses de ellas. No te harás dioses de fundición. Shlomó transgredió varias cosas de las citadas en esos versículos. Es posible que sus esposas le sirvieran alimentos que procedían de las ofrendas ofrecidas a los dioses paganos, los cuales Shlomó podría haber consumido sin ser consciente de su origen. Asimismo, es plausible que los hijos nacidos de estas esposas paganas fueran educados por sus madres según sus propios ritos idolátricos, y que incluso invitaran a los descendientes del rey a participar en estas prácticas. Es un escenario comprensible, dado el fuerte vínculo que suele existir entre los niños y sus madres.
Por esta razón, su castigo fue grande: el reino le sería arrebatado y entregado a su siervo.
Es fundamental reflexionar sobre la naturaleza de este castigo, pues Dios actuó con justicia, retribuyendo "medida por medida". Los adoradores de ídolos en Israel veneraban al sol, la luna y otras entidades celestiales. Sin embargo, el Señor había ordenado que únicamente a Él debían servir, ya que Él es el soberano supremo, mientras que esas entidades, como el sol, la luna o el fuego, no son más que fuerzas naturales que cumplen Su voluntad, tal como si fueran Sus servidores.
Al no reprender Shlomó a sus esposas y a sus hijos, quienes adoraban a estas entidades y astros celestiales, el castigo fue exactamente idéntico a lo que Shlomó hizo: así como ellos despojaron al reino celestial de Dios, otorgándolo a Sus servidores al adorarlos en lugar de al Señor, de la misma manera, Dios arrancaría el reino de Shlomó y lo entregaría a su siervo.
Con respecto a la aparente contradicción con la promesa que Dios hizo a David de que la realeza no sería retirada de su casa y su descendencia, lo que Dios le dice aquí a Shlomó parecería contradecir lo que había sido prometido a David a través del profeta Natán.
Esta supuesta contradicción podría responderse de manera general a esta cuestión diciendo que cuando el Santo Bendito Sea prometió a David (Shmuel II 7:14) que, si sus hijos pecaban, no les quitaría el reino sino que los castigaría con sufrimientos humanos, no se refería al pecado de idolatría, sino a otros tipos de transgresiones. Así lo indica la propia promesa cuando dice: 'Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo. Si se desvía, lo castigaré con vara de hombres y con sufrimientos humanos, pero mi favor no se apartará de él, como lo aparté de Shaúl, a quien quité de delante de Mi.'
Es sabido que Shaul no pecó con idolatría, sino que transgredió los mandamientos de Dios, y por ello fue destituid
Sin embargo, en ninguno de estos casos se menciona qué ocurriría si los descendientes de David se desviaban hacia la idolatría o rendían culto a dioses extraños. Esto, sin duda, justificaría la pérdida del reino, pues siendo el rey el representante de Dios sobre Su pueblo, si su corazón se apartaba de Él, no sería apropiado que siguiera ocupando el trono. En consecuencia, Dios necesariamente lo destituiría de su puesto y lo expulsaría de la tierra, ya que un monarca que se desvía hacia la idolatría no puede permanecer como el líder del pueblo elegido
Por lo tanto, cuando Shlomó y Rejabam se desviaron hacia la idolatría, ya fuera adorando directamente a los ídolos o permitiendo que sus esposas y allegados lo hicieran dentro de la tierra de Israel, se hizo necesario que fueran castigados con la pérdida del reino divino. Más tarde, cuando todo Israel se entregó por completo a los dioses ajenos y abandonó a Dios, la tierra misma fue quitada de sus manos y el reino de la casa de David fue desterrado
El castigo reflejaba perfectamente el pecado: medida por medida. Ellos se negaron a rendir a Dios el servicio, la sumisión y la fe que estaban obligados a transmitir y preservar, y por ello Dios les negó Su tierra y Su trono, dispersando a Israel y quitando el reinado de la casa de David
Así, Dios no violó Su juramento ni rompió Su pacto ni cambió lo que había dicho a David. Este principio es la respuesta general al dilema planteado, y constituye la verdad en sí misma.
También podríamos responder que, incluso si aceptamos que la promesa de Dios a David incluía también el pecado de idolatría dentro de los pecados que serían castigados con sufrimientos humanos y adversidades, en lugar de con la pérdida del reino, aun así, Dios no incumplió Su palabra ni faltó a Su verdad. Esto se debe a que Su promesa no fue que los descendientes de David gobernarían siempre sobre todas las tribus, sino que el reino no sería completamente retirado de ellos. Es decir, no serían destituidos absolutamente, dejando de ser reyes tanto sobre todo el pueblo como sobre parte de él.
Por ello se dijo: 'Mi favor no se apartará de él, como lo aparté de Shaúl, a quien quité de delante de Mi' (Shmuel II 7:15). Esto indica que mientras Shaúl fue completamente destituido y ningún descendiente suyo llegó a reinar ni sobre Israel ni sobre parte de él, Dios prometió a David que tal cosa no sucedería con su linaje y así fue.
1 Reyes 11 Versículo 12
No debemos olvidar que Dios ya había prometido en tiempos de David que Shlomó reinaría en paz, por lo tanto, su reino no podría ser desarraigado en vida de Shlomó pues eso contradeciría lo dicho en Crónicas I 22:8 y 28:3.
Don Isaac Abarbanel continúa su análisis sobre el versículo previo y explica que, aunque Shlomó no pecó directamente adorando ídolos, su castigo no se manifestó en sus días. Si bien fue culpable de no reprender a sus esposas, en sus ideas y creencias permaneció fiel al Señor su Dios, tal como lo fue su padre David, quien se mantuvo íntegro ante Él. Por esta razón, el castigo no se aplicó en vida de Shlomó, sino que se cumplió en los días de su hijo Rejabam. Este último, posiblemente influido por el ejemplo de su madre amonita, pudo haber adorado ídolos paganos de Amón, tal como se menciona en el versículo 7, sobre el altar dedicado a Kemosh, ídolo abominable de Moab.
Es importante recordar que Dios ya había prometido, en los días de David, que Shlomó reinaría en paz. Por lo tanto, no era posible que su reino fuera desarraigado durante su vida, pues ello habría contravenido lo anunciado en Crónicas I 22:8 y 28:3, donde David expresa: "vino a mí la palabra del Señor, diciendo: … "He aquí, te nacerá un hijo, que será hombre de paz; Yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor, pues Shlomó será su nombre y en sus días daré paz y reposo a Israel"
1 Reyes 11 Versículo 13
Daat Mikrá explica que, a diferencia de lo sucedido con Shaul, cuya dinastía se perdió por completo y pasó a David, con Shlomó no sería así. Su linaje continuaría, aunque sobre una pequeña parte del pueblo. Además, al mencionar que conservaría una tribu para su descendencia y al referirse también a Jerusalén, podemos deducir con seguridad que se trata de la tribu de Yehudá. Esta era la tribu de Shlomó y abarcaba gran parte del territorio de Jerusalén.
Ralbag añade que la expresión "por amor a Jerusalén la cual he escogido" significa que Jerusalén fue elegida de manera permanente como el lugar donde estaría el Templo Sagrado. Por este motivo, el Señor deseaba que el rey que gobernara en Jerusalén mantuviera su reinado de forma continua. Esto garantizaría que los asuntos relacionados con el Templo se preservaran de manera más completa, ya que cada uno de estos reyes se esforzaría en su mejora y cuidado, considerando que el Templo había sido construido por sus propios antepasados.
Hasta aquí la reprimenda de Dios a Shlomó. En el Shir Hashirim capítulo 5, explicamos que podemos notar una alusión a lo que aquí nos relata, allí dice:
2. Yo duermo pero mi corazón está atento. La voz de mi amado llama a la puerta: Ábreme hermana mía, amada mía, mi paloma, mi perfecta. Mi cabeza gotea rocío y mis cabellos están empapados.
El Rey Shlomó nos cuenta que su alma, que otrora estaba atenta, que buscaba y corría detrás de su amado, ahora se quedó adormecida en su lecho, encerrada en su cuerpo, tal vez esté haciendo alusión a los placeres corporales que nos cuenta al principio de este capítulo, que tomó muchas esposas y adquirió muchos caballos de Egipto, etc.
Todo esto lo llevó a descuidar la búsqueda de su amado, pues ahora su atención estaba desviada hacia otras metas. No obstante, no se trata de que el rey Shlomó se quitó a Dios de la cabeza del todo, sino que, durante ese tiempo, además de Dios, había otros pensamientos en su mente y su corazón ya no solo corría y buscaba a su amado, sino que, además de eso, también anhelaba otros placeres. Ya no era más un jardín cerrado como nos dijo en el versículo 4:12 del Shir Hashirim (Un jardín cerrado es mi hermana, mi novia. Una fuente cerrada, un manantial cegado. Quiere decir que el alma de Shlomó era como un jardín cerrado, en donde no pueden entrar extraños, sino solo su señor, así era el alma de Shlomó, un jardín en donde sólo está Dios y no pueden entrar otros dioses, ídolos o celebridades. Su manantial estaba cerrado, no había lugar dentro de los pensamientos de Shlomó para nada extraño, otras fuerzas o supersticiones. Tal como una doncella virgen que nunca tuvo amoríos fuera de su amado), pero a pesar de que ahora no era más así, con todo, aunque su alma estaba adormecida, era consciente de la existencia de su amado y su enamoramiento del pasado.
Entonces, en medio de su letargo, el alma de Shlomó aún logra percibir la voz de su amado que le llama desde afuera, pues ahora ya hay un muro que separa al alma de Shlomó de su amado.
Ya no es un mero velo, sino que es un muro, que representan los placeres materiales en los cuales está sumergiendo Shlomó a su alma.
Dios viene aquí a recriminarle a Shlomó, le pide que abra la puerta de su cuarto, pues tiene encerrada a su alma y no puede reunirse con su amado. Anteriormente el jardín estaba cerrado para extraños, ahora parece estar cerrado para Dios.
Dios la llama con todos los nombres dulces y cariñosos para referirse a Su amada.
Dios la llama en todos los niveles, es decir, no es apropiado para alguien que alcanzó todos esos niveles, obrar de la manera que está procediendo Shlomó. Dios la esperó durante mucho tiempo, durante todo el tiempo que el alma se adormeció. En Reyes nos cuenta que Dios le habla a Shlomó después de veinte años de la construcción del Templo. Es por eso que dice: toda la noche. Tanto tiempo pasó y lo mantuvo afuera, que dice que está por despuntar el alba y el rocío cae sobre Su cabeza y Su pelo ya está empapado de tanto esperar en la intemperie esperando que Shlomó lo haga entrar en sus aposentos.
3 Me he quitado mis atuendos, ¿cómo habré de vestírmelos nuevamente? Me he lavado los pies. ¿Habré de ensuciarlos?
El alma responde que está desnuda, ya no tiene la preparación y los preceptos como antes. También Adam respondió así ante Dios, se escondió porque estaba desnudo. Los sabios explican que estaba desnudo de preceptos, pues había transgredido el único mandamiento que Dios le encomendó.
Una vez que Shlomó llegó a ese nivel no es fácil volver a “vestirse”. Antes corría detrás de Dios buscándolo hasta llegar al desierto y no se preocupaba si debía ensuciarse un poco sus pies para llegar a esos parajes, antes no le importaba la estética cuando se trataba de llegar a su amado. Ahora especula y hace cálculos si vale la pena dejar de hacer lo que está haciendo, abandonar la estética y la belleza de lo material, para ir en pos de su amado.
4 Mi amado envió su mano por entre el agujero del cerrojo y mi interior se estremeció.
Entonces Dios envió Su mano por el agujero del cerrojo y el alma de Shlomó se estremeció. Dios no entra en el cuarto, envía Su mano para reprender a Shlomó, se trata de otro tipo de profecía, no como las anteriores en que el amado entraba con su amada a su alcoba.
Entonces cuando Shlomó se percata de este cambio drástico en su relación con Dios y escucha la reprimenda de Él, se estremece de pavor.
Tal como mencionáramos anteriormente, esto hace alusión a las duras palabras de Dios, que le dice aquí en nuestro versículo cuando le dijo que no ha guardado Su pacto y que el reino de Shlomó será dividido.
Ante esta situación, en la que Dios le declara a Shlomó: " Por cuanto esto ha sucedido contigo, y no has guardado Mi pacto y Mis estatutos que te he ordenado, ciertamente cortaré el reino de ti, y lo daré a tu siervo," es comprensible el profundo pavor y estremecimiento que Shlomó debió experimentar. De repente, siente que ha traicionado a quien más ama, y lo que es aún más desgarrador, lo ha perdido. Su amado se aleja… De solo imaginar esta situación desesperante en la que se encuentra Shlomó es casi imposible que no se humedezcan de emoción y tristeza los ojos de quien escribe esto
Si bien nuestro texto concluye este episodio relatando cómo Dios hizo surgir distintos adversarios contra Shlomó, en Shir HaShirim parece haber un eco narrativo que nos ofrece una visión de cómo reaccionó Shlomó después de recibir ese duro mensaje divino. Este libro poético y profundamente simbólico podría reflejar un estado de introspección, arrepentimiento y anhelo espiritual por parte de Shlomó, sugiriendo una conexión renovada con Dios y un deseo de restaurar la unión perdida con el Altísimo.
5 Me levanté para abrirle a mi amado. Y mis manos destilaban fragancias aromáticas y la fragancia de mis dedos se extendió por entre los cerrojos de la cerradura.
Entonces, volvemos a ver a Shlomó en toda su grandeza, si bien ha tenido un desliz, se incorpora y se arrepiente profundamente y trata de buscar a Su amado nuevamente y nos dice que se levantó, es decir dejó de estar en aquel estado somnoliento y se incorpora nuevamente en búsqueda de su amado y quiere salir del encierro material al que sumergió su alma; es por eso que se dispone a abrir la puerta que se interpone entre el alma y Dios.
Y nos dice que las manos de Shlomó goteaban fragancias aromáticas que humedecieron el cerrojo. Esto hace referencia, que las acciones que hacía ahora Shlomó, desprendían aroma. Al contrario de las veces anteriores en las que la revelación Divina influenciaba los actos de Shlomó, ahora, para poder alcanzar el nivel anterior, comienza con las acciones para que éstas inspiren su ser y eso fue lo que finalmente abrió el cerrojo y pudo abrir una grieta en el muro que lo separaba de su amado.
6 Le abrí a mi amado, pero mi amado se dio la vuelta, se fue. Mi alma desfalleció por sus dichos, lo busqué, pero no le encontré, lo llamé, mas no me respondió.
Cuando por fin el alma de Shlomó se incorporó y ya estaba lista, fue demasiado tarde, Dios ya se había apartado. El alma de Shlomó quedó acongojada por las duras palabras que Dios le profirió. Debemos prestar atención a las palabras que Shlomó buscó para describir ese sentimiento que lo embargaba: Mi alma desfalleció, es decir, quedó completamente acongojado, desconsolado y lo que es peor: se siente avergonzado de sí mismo.
Cuando dice: “lo busqué” hace referencia a prepararse para la profecía, pero no logró alcanzarla. Cuando dice “lo llamé” se refiere a la plegaria y Dios no le respondió.
Vemos que Shlomó realmente quedó muy afligido y acongojado, se arrepintió con todo su ser y trató de volver y revertir la situación por todos los medios, pero ya era tarde.
Tal vez, justamente ese gran nivel al que había alcanzado anteriormente de cercanía y apego a Dios, es lo que hace que las cosas sean más graves, Me refiero a que, en un individuo que había alcanzado el nivel tan alto como llegó él, haber caído de esa forma, es más grave.
También debemos considerar que, ya estaba tan sumergido en lo material que eso ya había dejado huella para siempre en él.
7 Me encontraron los guardianes, los que patrullan la ciudad, me golpearon y me hirieron; me quitaron el velo de encima de mí los guardianes de las murallas.
El alma de Shlomó sale en búsqueda de Dios, es de suponer que, luego de la reprimenda de Dios por intermedio del profeta, Shlomó se habrá incorporado y destruido todos los altares paganos que hicieron sus esposas, no obstante, nos dice que es atrapada por los guardianes que la golpean, lo que le sucede es que el alma no puede liberarse de los impulsos de su cuerpo que la golpean, no la dejan elevarse y la vuelven a sumergir en temas corporales y siente que no puede liberarse del todo y que ya no tiene la capacidad de alcanzar la profecía.
El velo o la red suelen cubrir la cabeza de la novia, representando su pureza y dedicación. Aquí, al ser quitado por los guardianes al alma de Shlomó, quien antaño fuera considerada la novia de Dios, simboliza que ya no está más en ese nivel de conexión con el Altísimo. Es como si Dios la hubiese despreciado. Así es como se siente Shlomó: ya no es más la amada de Dios. Sus actos han abierto una brecha entre él y su Amado. Ese jardín cerrado y manantial reservado únicamente para su Amado se ha transformado en un lugar completamente abierto y profanado por cualquiera.
1 Reyes 11 Versículo 14
Esto alude a que, hasta ese momento, Dios había protegido a Shlomó de todo mal o daño que alguien hubiera intentado causarle. Sin embargo, al apartarse Shlomó de Dios, el Señor también se alejó de él. Este distanciamiento se manifiesta en el retiro de la providencia divina que velaba por la seguridad de Shlomó, dejándolo expuesto a aquellos que, de manera natural, buscaban confabular contra el reino. Uno de estos adversarios fue Hadad, cuya historia, origen y motivaciones de rencor y odio hacia Shlomó son narrados en los versículos siguientes.
Daat Mikrá dice que todo esto es un notable contraste con lo que el propio Shlomó había dicho al principio, cuando su corazón le era fiel a Dios, 5:18 Mas ahora el Señor, mi Dios, me ha dado paz por todas partes; no hay adversario ni calamidad.
1 Reyes 11 Versículo 15
Daat Mikrá dice en Shmuel II 8:14 que, el motivo por el cual David se atreve a luchar contra pueblos que, en su momento, Dios le había prohibido a Moshé luchar contra ellos, tal como dice en Debarim 2:4 da orden al pueblo, diciendo: 'Vais a pasar por el territorio de vuestros hermanos, los hijos de Esav (Edom) que habitan en Seir, y ellos os tendrán miedo. Así que tened mucho cuidado; no los provoquéis, porque nada de su tierra os daré, ni siquiera la planta de un pie, porque a Esav he dado el monte Seir por posesión. O lo que dice en Debarim 23:7 No aborrecerás al edomita, porque hermano tuyo es. A pesar de esto, vemos que David lucha contra Edom, el motivo, es porque este pueblo rompió el pacto y se alió a los cnaanitas para luchar contra Israel, tal como dice en Shofetim o como dice en Salmos 83: Ellos establecieron una alianza contra Ti, las tiendas de Edom y los Ishmaelim, Moab y los Kerim, Guebal y Amon, Amalek y Peleshet…, es por ello que David, se ve en la necesidad de enfrentarlos y los derrota, actuando con ellos con mano dura, por todo lo que les habían hecho en el pasado tanto a Israel en general, como a él en particular.
Los comentaristas sugieren que, durante el reinado de David, tras haber conquistado el territorio de Edom, este fue sometido a Israel y se establecieron tropas allí con el propósito de controlar y cobrar tributo al pueblo de Edom. En un momento dado, los edomitas se sublevaron contra los soldados de David. Superados en número, los soldados israelitas fueron derrotados y asesinados.
Ante este acto atroz y de rebeldía, Yoab, jefe del ejército de David, ascendió contra Edom y los derrotó de manera contundente. Después de esta victoria, Yoab procedió a enterrar a los soldados de David que habían sido asesinados durante la sublevación de los edomitas, cerrando así este trágico episodio.
1 Reyes 11 Versículo 16
Tal como se menciona en el próximo versículo, Hadad, en ese entonces, era un niño, lo que explica cómo logró sobrevivir cuando Yoab llevó a cabo la matanza de todos los edomitas en edad de servicio militar. Es posible que, debido a su corta edad, los soldados de Yoab lo dejaran con vida, considerando que no representaba una amenaza inmediata. Otra posibilidad es que Hadad lograra escapar antes de que la ciudad en la que se encontraba fuera completamente conquistada, salvando así su vida.
1 Reyes 11 Versículo 17
1 Reyes 11 Versículo 18
Aunque el versículo anterior menciona que Hadad huyó a Egipto, este relato detalla el plan y el recorrido que realizaron para llegar allí. Primero pasaron por Midián y Parán, ubicados al sureste de la tierra de Edom (correspondientes hoy al sur de Jordania y al noroeste de Arabia), y desde allí continuaron hacia Egipto.
Ralbag y Radak explican que, el motivo de este trayecto fue reunir a los edomitas que habían huido del campo de batalla y estaban dispersos en esas regiones. Al ver que un descendiente del rey de Edom, acompañado por varios siervos del monarca e incluso, tal vez, algunos ministros reales, lideraba la marcha, muchos edomitas se unieron a la comitiva. Así, Hadad llegó a Egipto con un grupo significativo de hombres.
El faraón, al notar que se trataba de alguien de linaje real con siervos y soldados a su disposición, lo recibió con honor. Le asignó un lugar donde establecerse junto a su gente, le otorgó alimentos y tierra, y así se aseguró su gratitud y lealtad. De esta manera, el faraón conquistó su fidelidad, manteniéndolos como aliados útiles para cuando los necesitara en su servicio.
1 Reyes 11 Versículo 19
Malbim explica que, tras alcanzar la adultez, el joven Hadad encontró gracia ante los ojos del faraón, al punto de que se le permitió casarse con la hermana de la esposa del monarca. Este honor era reservado únicamente para quienes tenían una relación cercana con el rey, ya que tal unión lo convertía en cuñado del faraón y le otorgaba una posición de alto prestigio.
Por su parte, Daat Mikrá añade una precisión significativa: no se trataba de la hermana de alguna de las esposas o concubinas del faraón, sino de la hermana de la esposa principal, quien ostentaba el título de reina. Este hecho subraya aún más el rango y la importancia de Hadad en la corte egipcia.
1 Reyes 11 Versículo 20
Este detalle, según Malbim, destaca la estrecha relación de Hadad con la casa real de Egipto. La conexión era tan profunda que su hijo fue considerado como un hijo de reyes y tuvo el privilegio de crecer y ser educado junto a los hijos del faraón, compartiendo un lugar destacado entre la nobleza egipcia, que era la potencia dominante de medio oriente.
1 Reyes 11 Versículo 21
Una vez que David murió, Hadad albergó la esperanza de poder recuperar las tierras que pertenecían al reino de su padre, pensando que Shlomó no prestaría atención a este asunto.
Don Isaac Abarbanel explica que, como muchos de los que odian a Israel, a Hadad no le importaba perderlo todo con tal de infligir algún daño al pueblo de Israel. Por eso, cuando escuchó que David había descansado con sus padres y que Yoab había muerto, a pesar de encontrarse en Egipto en una posición destacada —respetado como parte de la nobleza egipcia, con gran poder, cercano al faraón, casado con la hermana de la reina, y con un hijo que crecía y era educado entre los hijos del faraón—, todo este prestigio no fue suficiente para frenar el odio profundo que sentía hacia Israel. Este odio lo llevó a abandonar todo aquel honor y privilegio, pidiendo permiso al faraón para regresar a su tierra con el objetivo de luchar contra Israel.
1 Reyes 11 Versículo 22
Daat Mikrá señala que, pese a todo, el plan de Hadad fue un fracaso total. Aunque su objetivo era recuperar las tierras que pertenecían a Edom y arrebatárselas a Shlomó, no logró alcanzar este propósito durante los 40 años del reinado de Shlomó. Posiblemente, a esto hacía referencia Shlomó cuando le dijo a Jiram: "Mas ahora el Señor, mi Dios, me ha dado paz por todas partes; no hay adversario ni calamidad" (1 Reyes 5:18). Fue solo al final de los días de Shlomó cuando Hadad pudo fortalecerse contra él, como se relata en este pasaje. Todo esto estuvo motivado por el hecho de que Dios se había apartado de Shlomó, lo que permitió que los planes de sus enemigos prosperaran en cierta medida pues ya Dios dejó de desbaratar los planes de sus enemigos.
Don Isaac Abarbanel señala que, aunque en este punto no se detalla lo que Hadad hizo contra Shlomó, el relato retomará este tema después de completar lo referido acerca de Rezón.
1 Reyes 11 Versículo 23
Daat Mikrá explica que Hadadezer, rey de Tzoba, había logrado conquistar y dominar a todos los pueblos y reyes que habitaban en las regiones circundantes de la Mesopotamia, a lo largo del río Éufrates. Todos estos pueblos estaban obligados a pagarle tributo. Sin embargo, David desbarató el reino de Hadadezer, y como resultado, estos pueblos y reyes pasaron a ser tributarios y quedaron sometidos al dominio de David. Para consolidar este control, David estableció fortificaciones y guarniciones de soldados en cada uno de estos territorios.
Rezón, aparentemente, era un ministro de Hadadezer que, tras la derrota de su rey a manos del ejército de David, habría desertado en el campo de batalla. Rezón logró escapar y deambular por regiones que no estaban bajo el control de David, manteniéndose así al margen del dominio de Israel.
1 Reyes 11 Versículo 24
Flavio Josefo detalla que, al final de los días de Shlomó, en varias ocasiones, estos bandidos cruzaron las fronteras del reino de Israel para atacar y saquear poblaciones cercanas.
Don Isaac Abarbanel explica que, tras la muerte de David y cuando Shlomó había envejecido, Rezón probablemente se unió a Hadad. De esta forma Rezón logró establecerse en la ciudad de Damasco, expulsando a la guarnición que David había dejado en el lugar previamente, consolidando así su dominio.
1 Reyes 11 Versículo 25
Radak señala que, cuando se dice al principio que hubo paz y tranquilidad durante los días de Shlomó, esto se refiere a la mayor parte de su reinado. Sin embargo, hacia el final de sus días, comenzaron a surgir problemas, derivados del hecho de que Dios se había apartado de Shlomó debido a que este había desviado su corazón, como se menciona en los versículos anteriores.
Don Isaac Abarbanel dice que, con la ayuda de Hadad, el rey Rezón en Aram, de tal manera que ambos, Hadad y Rezón, se convirtieron en enemigos de Shlomó y lucharon contra Israel. Uno de ellos provenía de la tierra de Edom y el otro de Aram. Todo esto ocurrió durante la vejez de Shlomó, porque así como en su casa y sus palacios había muchas deidades idolátricas que adoraban sus mujeres, del mismo modo el Eterno le suscitó adversarios variados y de diferentes tipos.
Dios no intervino para detenerlos, al igual que Shlomó no intervino para detener a sus mujeres en su adoración de ídolos
Malbim explica que Rezón, quien originalmente no albergaba rencor hacia Israel, terminó uniéndose a Hadad en su maldad. Hadad había causado daño a Israel y mantenía un profundo odio hacia ellos, sentimiento que Rezón compartió, convirtiéndose también en enemigo de Israel. Durante el reinado de David, Aram estaba sujeto a rendir tributo, como se menciona en el libro de Shmuel. Sin embargo, bajo el liderazgo de Hadad y Rezón, Aram se rebeló contra Shlomó, generando tensiones y conflictos. Rezón, que al principio gobernaba únicamente en Damasco, eventualmente consolidó su dominio y se proclamó rey de toda Aram.
1 Reyes 11 Versículo 26
Ralbag relata que Yerobam, quien inicialmente fue un sirviente fiel y oficial bajo el reinado de Shlomó, permitió que el orgullo se apoderara de su corazón al ser elevado a una posición de autoridad. Este orgullo lo llevó a ‘levantar la mano contra el rey’, un acto que simboliza su desafío abierto y su falta de reconocimiento hacia la autoridad real. Yerobam actuó con arrogancia y sin considerar la supremacía de Shlomó como monarca, lo que se reflejó en sus críticas públicas hacia las acciones del rey, como va a detallar en el próximo versículo.
1 Reyes 11 Versículo 27
En primer lugar, Yerobam condenó la construcción del Miló. Shlomó valoraba mucho el trabajo y desempeño de Yerobam y por eso lo puso a cargo de rellenar y ambientar el espacio del Shiló para el uso exclusivo de la hija del Faraón. Según lo mencionado anteriormente en el capítulo 9, versículos 15 y 24, Miló viene del término hebreo que significa ‘relleno’, y parece referirse al trabajo que Shlomó ordenó realizar en el valle entre el monte del Templo y la ciudad de David. Este espacio se convirtió en un lugar amplio y hermoso para uso personal de la hija del Faraón. Sin embargo, esta obra molestó al pueblo, ya que se vio privado de un espacio público que además facilitaba el acceso al Templo y a la sala de justicia del palacio del rey.
En su momento, David había optado por no realizar esta obra, ya que su intención era mantener ese espacio como un beneficio para los peregrinos y un lugar de reunión para el pueblo. Sin embargo, según nuestros sabios, Shlomó fue amonestado por Yerobam, quien le reprochó la decisión de cerrar ese espacio. Para Yerobam, esta decisión de Shlomó era sumamente reprochable.
Acorde a la opinión de Malbim, dos fueron las críticas que menciona el versículo:
El relleno del Miló para uso exclusivo de la hija del Faraón
El cierre de la brecha en la muralla de David
Este segundo tema reflejaba el descontento del pueblo con las decisiones de Shlomó. Aunque las brechas en las murallas no representaban una amenaza durante su reinado—pues la paz prevalecía y no existían riesgos de asedio—eran de gran utilidad para los peregrinos. Estas aperturas permitían un acceso directo al Templo, sin la necesidad de rodear toda la muralla para alcanzar las entradas a la ciudad. En épocas de tranquilidad, estas brechas eran vistas como un beneficio práctico y valioso para la población.
Los sabios del Midrash en Vaikrá Rabba 12:5 ofrecen una perspectiva interesante al afirmar que Yerobam criticó duramente a Shlomó por este y otros asuntos considerados más graves. Según el Midrash, todos estos temas fueron percibidos por Yerobam como consecuencias directas de la pasión del monarca por la hija del Faraón.
Su crítica no solo se dirigía hacia las acciones del rey, sino que la manera en que las expresaba reflejaba una falta evidente de respeto hacia el monarca. Como lo vemos en este versículo, Yerobam se refería a Shlomó y a David únicamente por sus nombres, sin otorgarles el título de ‘rey’, lo cual denota una carencia de la reverencia debida a su posición. Este comportamiento marcó a Yerobam como un hombre que no solo desafiaba la autoridad de Shlomó, sino que también socavaba la dignidad y el respeto hacia la monarquía
1 Reyes 11 Versículo 28
Don Isaac Abarbanel dice que, de este relato aprendemos que, en su vejez, Shlomó impuso impuestos al pueblo, encargando a Yerobam la responsabilidad de recolectar dichos impuestos de las tribus de Yosef, Menashé y Efráim. Resulta sorprendente que, durante el periodo de las grandes construcciones y gastos que Shlomó realizó, no hubiera impuesto gravámenes sobre Israel, como ya expliqué anteriormente. Sin embargo, al no necesitar tantos recursos posteriormente, Shlomó finalmente gravó al pueblo. Es probable que esto se debiera a que ya no enviaba barcos a Tarsis ni a Ofir, lo que lo obligó a establecer impuestos para mantener su casa, su posición y su honor, de acuerdo con su estilo de vida. También necesitaba cubrir los gastos derivados de las guerras que enfrentó en su vejez contra los adversarios que el Eterno levantó, como se mencionó.
Además, su riqueza parece haberse dispersado considerablemente en su vejez. Esto se deduce del relato posterior, cuando Shishak, rey de Egipto, subió contra Jerusalén en los días de Rejabam y se llevó los escudos de oro que Shlomó había fabricado. No se mencionan otros objetos como las 200 pequeñas lanzas y los utensilios de la Casa del Bosque del Líbano ni los vasos de oro que Shlomó había hecho, porque ya no estaban en su posesión en su vejez. Su riqueza se había dispersado y reducido significativamente, como explicaré más adelante.
En nuestro versículo se relata que Yerovám era un hombre fuerte y valeroso. Shlomó reconoció en él a un joven con habilidades excepcionales y una notable diligencia en su trabajo. Por esta razón, Shlomó lo nombró supervisor de la recolección de impuestos destinada a la Casa de Yosef, que abarcaba las tribus de Menashé y Efraim.
Sin embargo, esta valoración positiva de Shlomó hacia Yerovám cambió cuando este comenzó a cuestionar al rey públicamente. Yerovám se convirtió en una figura que representaba una amenaza al orden establecido debido a su falta de respeto hacia el monarca. Este conflicto marcó un punto de inflexión en su relación, y Shlomó lo persiguió, como veremos más adelante.
Los Sabios, en el tratado Sanedrín, capítulo Jelek, por un lado, destacaron la actitud de Yerobam, pero por otro lado condenan su intención: Lo elogiaron por haber señalado algo que el rey hacía mal y declararon: "¿Por qué Yerobam mereció ser rey? Por haber reprendido a Shlomó." No obstante, también agregaron: "¿Y por qué fue castigado? Porque lo reprendió en público."
Esto refleja que la reprensión de Yerobam no se dio desde un lugar de amor o intención de corregir genuinamente, sino que estuvo impulsada por sentimientos de odio y arrogancia. De haber actuado con respeto y humildad, probablemente Shlomó no habría sentido la necesidad de buscar cómo matarlo, como veremos en el desarrollo del relato más adelante.
1 Reyes 11 Versículo 29
Acorde a la opinión de Daat Mikrá, se refiere a los tiempos en que Shlomó ya era anciano.
Después de haber sido nombrado en el cargo mencionado en el versículo anterior, Yerobam salió de Jerusalén con la misión de recolectar los impuestos. Durante el trayecto, el profeta Ajiáh Hashiloní (de la ciudad de Shiló) se le presentó en forma repentina, sin que Yerobam se lo espere, tal como ocurrió anteriormente con Samuel cuando fue enviado por Dios en vida de Shaúl para ungir a David como futuro rey. Ajiáh fue enviado por Dios para designar a Yerobam como el futuro rey de una parte del pueblo de Israel.
Para ilustrar su mensaje de forma impactante, Ajiáh llevaba un manto nuevo, que posteriormente rasgó, dejando una fuerte impresión en Yerobam, como se narrará más adelante. Se nos dice que este encuentro ocurrió en total privacidad, estando ambos solos en el campo. Probablemente, ni Shlomó ni el pueblo estaban al tanto de este acontecimiento, como se deduce más adelante, en los días de Rejabam, cuando intenta enfrentarse a Yerobam para reunificar al pueblo, hasta que el profeta le confirma que esto fue un designio divino.
Según Radak, este acto profético otorgó a Yerobam aires de grandeza, lo que le permitió rebelarse y hablar a Shlomó de igual a igual, sin dirigirse a él como el rey y sin ningún temor. Por otra parte, el rey ya lo había designado como supervisor de los trabajos de la Casa de Yosef para recolectar los tributos de las tribus de Menashé y Efraim, reconociendo en él eficiencia y diligencia en su labor. Fue precisamente en ese momento, antes de que Yerobam levantara su mano contra el rey, que Ajiáh de Shiló lo encontró y le anunció que sería rey.
Por consiguiente, debido a su nombramiento inicial y la profecía de Ajiáh sobre el reino, el corazón de Yerobam se llenó de orgullo, lo que lo llevó a cuestionar y enfrentarse abiertamente a Shlomó.
1 Reyes 11 Versículo 30
Daat Mikrá señala que, sucedió al igual que lo que ocurrió con el profeta Shmuel cuando el rey Shaul lo toma a Shmuel por su manto para evitar que se marche, como dice en Shmuel I 15:27: Y se volteó Shmuel para irse, y Shaul asió el borde de su manto, y éste se rasgó. Entonces Shmuel le dijo: Hoy el Señor ha cortado de ti el reino de Israel, y lo ha dado a tu prójimo que es mejor que tú. La diferencia que allí ocurrió sin querer, mientras que aquí el acto de rasgar el manto fue premeditado y simbólicamente planeado para transmitir la profecía.
Al notar Ajiáh que no había nadie alrededor que estaban solos y sin riesgo de que alguien informara al rey Shlomó, él tomó el manto nuevo que llevaba puesto, lo rasgó en doce pedazos, representando las tribus de Israel. Este acto visual fue destinado a impresionar a Yerobam y comunicarle que, tras la muerte de Shlomó, él sería el rey de diez de las tribus de Israel.
1 Reyes 11 Versículo 31
Ajiáh le dice: Toma para ti diez pedazos de aquí se desprende que Yerobam debía actuar con determinación y asumir un papel activo; no fue el profeta quien le entregó las diez partes directamente, sino que recaía en Yerobam la responsabilidad de tomarlas por sí mismo.
Daat Mikrá subraya un principio clave sobre la naturaleza de las palabras de los profetas: no siempre que un profeta habla se trata de una profecía transmitida por Dios. En muchas ocasiones, el profeta puede expresar su opinión personal, una perspectiva que, aunque sea profunda y cargada de sabiduría, no adquiere el rango de una profecía divina. Sin embargo, cuando un profeta introduce su discurso con la fórmula "Así dice el Señor", se establece inequívocamente que lo dicho procede directamente de Dios, eliminando cualquier duda de que el profeta puede estar hablando por iniciativa propia.
Con respecto a la aparente contradicción con la promesa que Dios hizo a David de que la realeza no sería retirada de su casa y su descendencia, ver nuestra explicación en 11:11.
1 Reyes 11 Versículo 32
Ajiáh también dejó claro que, aunque la Casa de Shlomó no conservaría la totalidad de la monarquía, no sería completamente despojada de ella.
Radak explica que las tribus de Biniamín y Yehudá estaban profundamente entrelazadas, ya que la ciudad de Jerusalén se encontraba entre los territorios de ambas. Por ello, a menudo eran consideradas como una sola tribu, unidas tanto por su ubicación como por sus intereses compartidos.
Por otro lado, otros comentaristas opinan que la tribu de Yehudá seguiría naturalmente a Shlomó, dado que este pertenecía a esa tribu. Cuando el texto menciona: "tendrá una tribu", se refiere a que se le concedería una tribu adicional además de la suya propia. Esta tribu adicional sería Biniamín, que, por su cercanía geográfica y cultural, permanecería aliada con Yehudá y la Casa de David.
Daat Mikrá dice que, el versículo deja bien en claro, que pase lo que pase, independientemente de la corona, la ciudad de Jerusalem no será cambiada, y el Templo será eternamente, el único lugar central para servir a Dios. Cabe destacar que, en la Torá no se menciona explícitamente nada sobre Jerusalén como el lugar del Templo, sino solo sobre "el lugar que el Señor escogerá" (Devarim 12:5). Allí, en la parashá Reé, la expresión "el lugar que el Señor escogerá" aparece dieciséis veces en total. Este lugar, será Jerusalén como dijo antes en 9:3 Y el Señor le dijo: He oído tu oración y tu súplica que has suplicado delante de Mí; he consagrado esta casa que has edificado, poniendo allí Mi Nombre para siempre; en ella estarán Mis ojos y Mi corazón todos los días.
Y así quedó instituido en la ley judía, tal como dice Rambam en Hilajot Bet HaBejirá 1:3 Desde que se construyó el Templo en Jerusalén, todos los demás lugares quedaron prohibidos para edificar otra casa para el Señor o para ofrecer sacrificios. No hay otro sitio destinado como Templo para las generaciones futuras, excepto Jerusalén, específicamente en el monte Moriah, sobre el cual está escrito: "Y dijo David: Este es el lugar de la casa del Dios Eterno, y este es el altar de los sacrificios para Israel." Además, como se menciona: "Esta es mi morada para siempre jamás."
1 Reyes 11 Versículo 33
Don Isaac Abarbanel explica que, esto ocurrió debido a que Shlomó permitió que sus esposas y los miembros de su casa practicaran idolatría. Por esta razón, se expresó en plural: "Me han abandonado, y han adorado...", refiriéndose no directamente a Shlomó, sino a sus esposas y a los miembros de su casa.
Daat Mikrá explica que la razón por la cual está expresado en plural—como si todo el pueblo estuviera implicado—es que, al no haber reprendido a Shlomó por sus acciones ni impedido que ocurrieran, el pueblo mismo asumió una cuota de responsabilidad. Este silencio, y la falta de acción, los convierte en cómplices indirectos del acto, reflejando cómo la inacción puede también cargar con consecuencias morales.
1 Reyes 11 Versículo 34
El estatus de príncipe, a diferencia del de rey, implica que su posición no será heredada por sus descendientes. Desde este ángulo, al no transmitir su autoridad a su hijo, Shlomó deja de ser considerado un rey en el pleno sentido del término, convirtiéndose únicamente en un príncipe-líder.
Ajiáh explicó que este desenlace era consecuencia del hecho de que Shlomó permitió que en la Casa de David se rindiera culto a ídolos paganos. Sin embargo, subrayó que, en honor a David, el siervo del Señor, quien observó con esmero e integridad todos los mandamientos y estatutos divinos, no se le arrebataría la totalidad del reino a la Casa de Shlomó durante su vida."
1 Reyes 11 Versículo 35
El profeta Ajiáh dejó muy claro a Yerobam que, mientras Shlomó esté con vida, él seguirá siendo rey, con toda la autoridad y poder inherentes al cargo, tal como Dios se lo había prometido.
Esto se refleja en Crónicas I 22:8: He aquí, te nacerá un hijo, que será hombre de paz; Yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor, pues Shlomó será su nombre y en sus días daré paz y reposo a Israel. Y en Crónicas I 28:6 Y Él me dijo: Tu hijo Shlomó es quien edificará Mi casa y Mis atrios; porque lo he escogido por hijo Mío, y Yo le seré por padre. Estableceré su reino para siempre.
Esta aclaración es fundamental, ya que, como mencionamos en el versículo 31, Ajiáh le había dicho a Yerobam: 'Toma para ti diez pedazos,' lo que implicaba que Yerobam debía actuar con determinación y asumir un rol activo. Sin embargo, esto solo debía suceder únicamente después de la muerte de Shlomó. Hasta entonces, Yerobam no podía realizar ninguna acción que atentara contra su reino.
Observamos que Yerobam entendió perfectamente este mensaje y se mantuvo fiel a la profecía, como se evidencia más adelante en el versículo 40: Yerobam se levantó y huyó a Egipto, a Shishac, rey de Egipto, y permaneció allí hasta la muerte de Shlomó.
1 Reyes 11 Versículo 36
Don Isaac Abarbanel indica que nada del reino le será quitado en vida, sino únicamente de manos de su hijo. Y aun a su hijo solo se le quitarán las diez tribus, si bien esto ya lo había dicho en el versículo 32, aquí dice que el propósito de esto es para que quede un remanente para David, que permanezca sentado en su trono en Jerusalén. Por lo tanto, el hijo de Shlomó reinará en Jerusalén sobre Yehudá y Biniamín, los cuales constituían el remanente de David, es decir, los descendientes de su linaje.
Esta enseñanza debía servir como una lección para Yerobam, mostrándole que no debía buscar unificar todo el reino bajo su dominio. Más bien, debía respetar la continuidad del reino y del linaje de David sobre las tribus de Yehudá y Biniamín.
Este mensaje fue comprendido claramente por Yerobam, ya que no intentó enfrentarse a Rejabam, hijo de Shlomó, ni trató de apoderarse de la ciudad real de Jerusalén. En su lugar, se trasladó y fundó una nueva ciudad real en Shejem para establecer allí su trono, como se relata más adelante en 12:25.
1 Reyes 11 Versículo 37
Malbim plantea un profundo ideal y estándar para los reyes: se le indicó a Yerobam que, como condición para acceder a la realeza, primero debía gobernarse a sí mismo antes de aspirar a gobernar al pueblo. Si gobierna sobre las fuerzas de su alma y sus deseos, sometiéndolos bajo la disciplina del intelecto, entonces será digno de reinar sobre el pueblo. Tal como expresó El Kuzarí: "Y así dice: si reinas y dominas sobre todo lo que desee tu alma, sometiendo sus deseos, entonces serás rey sobre Israel"
1 Reyes 11 Versículo 38
Malbim dice que Dios le advierte a Yerobam que no seas como Shaúl, que buscó actuar según su propia inteligencia, tal como dice en Shmuel I 15:9 Y se apiadó Shaul y el pueblo de Agag, de lo mejor de las ovejas, de los bueyes, de los animales engordados, de los corderos y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir por completo; pero todo lo despreciable y sin valor lo destruyeron totalmente. Y dijo Shmuel a Shaul: Y el Señor te envió en una misión, y dijo: "Ve, y destruye por completo a los malvados, a los de Amalek, y lucha contra ellos hasta que sean exterminados." ¿Por qué, pues, no obedeciste la voz del Señor, sino que te lanzaste sobre el botín e hiciste lo malo ante los ojos del Señor? Entonces Shaul dijo a Shmuel: Yo obedecí la voz del Señor, y fui en la misión a la cual el Señor me envió, y he traído a Agag, rey de Amalek, y a los de Amalek he destruido por completo. Y tomó el pueblo del botín ovejas y bueyes, lo mejor de las cosas dedicadas al anatema, para ofrendar al Señor tu Dios en Guilgal. Y dijo Shmuel: ¿Acaso se complace el Señor en ofrendas y sacrificios como en la obediencia a la voz del Señor? He aquí, el obedecer es mejor que la mejor ofrenda, y el prestar atención, (Es mejor) que la grosura de los carneros.
Es por eso que le aclara que guarde las instrucciones del Señor que están en la y que sea fiel a los profetas y sigua las leyes de la Torá y Sus mandamientos, como lo hizo David, quien no se dejó guiar por su propio intelecto.
Este mensaje incluía la promesa de que si Yerobam cumplía con los mandamientos y estatutos del Todopoderoso, su dinastía sería estable y duradera.
Esta era la condición para que Dios le otorgue el reinado sobre las 10 tribus de Israel.
Daat Mikrá aclara que, cuando dice estaré contigo, hace referencia al mismo significado que tiene con Yosef en 39:2 Y el Señor estaba con Yosef, que llegó a ser un hombre próspero, y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que el Señor estaba con él y que el Señor hacía prosperar en su mano todo lo que él hacía. De aquí se desprende que "estaré contigo" implica que será próspero y triunfará en todas sus empresas.
A propósito de ello y lo que dirá en el próximo versículo, como sabemos, finalmente Yerobam terminará por convertirse en un rey malvado que hizo desviar a todo el pueblo de Israel tras la idolatría, los sabios en el Talmud Tratado Sanedrín 102a dicen que el midrash relata una generosa oferta que Dios hizo a Yerobam, rey de Israel. Dios tomó a Yerobam por su manto y le dijo: "Vuélvete de tu camino (arrepiéntete), y Yo, tú y el hijo de Ishay (David) pasearemos juntos en el Jardín del Edén." Yerobam preguntó: "¿Quién estará a la cabeza? ¿yo o David?" A lo que Dios respondió: "El hijo de Ishay estará al frente." Ante esto, Yerobam rechazó la oferta divina. Radak comentando esto recalca cómo el liderazgo debe basarse en la humildad y el servicio al pueblo, lo que contrasta con la actitud de Yerobam en este midrash
1 Reyes 11 Versículo 39
Este versículo destaca que, aunque el linaje de David sería afligido, no sería anulado para siempre. Aunque la monarquía no regresó por completo a la Casa de David durante el Primer Templo ni durante el Segundo Templo, esto sirve como evidencia de la promesa divina de que, en el futuro, la monarquía regresará completamente al linaje de David. Este cumplimiento definitivo ocurrirá en los días del Rey Mesías, tras los cuales la monarquía nunca se apartará de él, como se describe en varios pasajes del libro de Daniel y en el profeta Iejezquel 37:21 Así dice el Señor Dios: He aquí, tomaré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los recogeré de todas partes y los traeré a su propia tierra. Y haré de ellos una nación en la tierra, en los montes de Israel; un solo rey será rey de todos ellos; nunca más serán dos naciones, y nunca más serán divididos en dos reinos. No se contaminarán más con sus ídolos, ni con sus abominaciones, ni con ninguna de sus transgresiones; sino que los libraré de todos los lugares en que pecaron y los limpiaré. Y ellos serán Mi pueblo y Yo seré su Dios. Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán un solo pastor; andarán en mis ordenanzas y guardarán mis estatutos y los cumplirán. Y habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos y sus hijos, y los hijos de sus hijos para siempre; y Mi siervo David será su príncipe para siempre.
Don Isaac Abarbanel comenta que, desde que la monarquía de la Casa de David se dividió en los días de Rejabam, nunca volvió a unificarse. Durante todo ese tiempo, el reino permaneció dividido en dos monarquías hasta el exilio. Y cuando ocurrió el regreso del exilio de Babilonia, no retornaron las diez tribus, sino únicamente el exilio de Babilonia, compuesto por las tribus de Yehudá y Biniamín.
El profeta enfatiza que esta aflicción no sería eterna, porque la monarquía retornará completamente al linaje de David, como al principio. Y dado que esta profecía no se cumplió ni durante el período del Primer Templo ni del Segundo Templo, pues en ninguna regresaron las 10 tribus perdidas de Israel, queda claro que se cumplirá en la llegada de nuestro Mesías, rápidamente y en nuestros días.
Radak también respalda esta idea y señala que, cuando dice "mas no para siempre," esto implica que la monarquía está destinada a regresar en los días del Mesías, durante el reinado del Rey Mesías. Tal como está escrito: "Y los haré un solo tronco," y también: "Y habrá un solo rey para todos ellos," además de: "Mi siervo David será rey sobre ellos." Este mensaje responde a quienes afirman que la esperanza en los días del Rey Mesías es infundada, argumentando que no habrá tal acontecimiento. Sin embargo, el profeta afirma claramente: "mas no para siempre," lo que asegura que el reinado retornará a la Casa de David en los días venideros. Además, sabemos que los falsos mesías que surgieron a lo largo de la historia, quienes formaron religiones y se proclamaron mesías o profetas de Israel, ninguno de ellos perteneció al linaje de David
1 Reyes 11 Versículo 40
Daat Mikrá señala que, aparentemente, Shlomó no sabía lo que el profeta Ajiyáh Hashiloní había profetizado a Yerobam, ya que esto ocurrió cuando ambos estaban a solas, tal como se menciona en el versículo 29. Por lo tanto, no se puede decir que Shlomó intentó matarlo para evitar que se convirtiera en rey, contradiciendo así los designios de Dios.
Para Shlomó, Yerobam no era más que un súbdito que se había rebelado contra su rey y, por lo tanto, merecía castigo. Por esta razón, el rey buscaba capturarlo y juzgarlo por haberle faltado al respeto, como se menciona previamente en el versículo 27. Es por ello que Yerobam decide escapar a Egipto.
Don Isaac Abarbanel señala con detalle que Yerobam no huyó simplemente a Egipto, sino específicamente a Shishák, rey de Egipto. Esto se debe a que Shishák había liderado una revuelta y destituido al Faraón anterior, cuya hija estaba casada con Shlomó. Como consecuencia, Shishák no guardaba simpatía alguna por Shlomó, quien había sido aliado del régimen anterior y, además, un rival de Shishák. Por esta razón, Yerobam encontró seguridad bajo la protección de Shishák, confiando en que allí estaría a salvo de las intenciones de Shlomó.
Yerobam permaneció en Egipto hasta la muerte de Shlomó, pues Dios le había dicho que sólo reinaría tras el fallecimiento de este. Mientras Shlomó viviera, Yerobam no podía actuar en su contra, y cumplió esta instrucción de manera estricta.
Daat Mikrá también destaca que, en el mismo versículo, la palabra "Egipto" aparece tres veces deliberadamente, subrayando un mensaje clave: Shlomó intentó establecer un pacto con Egipto para garantizar su seguridad y, como parte de este acuerdo, se casó con la hija del Faraón. Sin embargo, paradójicamente, de Egipto surgió su propia desgracia. Shlomó confió en Egipto, y desde allí Dios le envió su castigo.
1 Reyes 11 Versículo 41
El profeta seleccionó de esos registros los eventos más relevantes y útiles según su intención y los plasmó aquí en el libro de los Reyes, guiado por la profecía. Los demás eventos, que no eran esenciales para la narrativa, quedaron fuera. Más tarde, Ezra el escriba utilizó estos libros para compilar sus escritos, por lo que en el libro Dibre Haiamim que escribió Ezra, contiene relatos que no aparecen aquí, ya que él los tomó de esos registros anteriores.
Rambam coincide con esto y así lo dice en sus capítulos dedicados a la medicina que quien selecciona información de los libros previos elige según lo que considera más importante y útil. Esto explica por qué algunos prefieren un relato y otros se inclinan por otro.
En Dibre Haiamim (Crónicas 2, 9:29), se dice: "Los demás hechos de Shlomó, los primeros y los últimos, están escritos en el libro de Natán el profeta, en las profecías de Ajiáh HaShiloní y en las visiones de Ido el vidente acerca de Yerobam hijo de Nevat." Esto indica que se realizaron dos libros sobre los hechos de Shlomó. Uno relataba los eventos iniciales, como las construcciones, logros y éxitos que experimentó, y fue escrito por Natán el profeta, quien lo documentó durante su tiempo. El segundo libro registraba los eventos finales, es decir, aquellos relacionados con su vejez, su amor por las mujeres, su desviación hacia ellas, y la idolatría que ellas practicaban sin que Shlomó las amonestara. También incluía las profecías y mensajes divinos sobre su castigo, los adversarios que surgieron en su vejez y los problemas que causaron a Israel. Este último fue escrito por Ajiáh HaShiloní en su libro sobre los pecados de Shlomó y los problemas de sus últimos días.
Continúa Abarbanel diciendo que además, hubo un tercer libro escrito por Ido el vidente, que abordaba los asuntos de Yerobam hijo de Nevat, pero incluía contenido relacionado con Shlomó en los puntos pertinentes a Yerobam. Por lo tanto, estos tres profetas, Natán, Ajiáh e Ido, no escribieron un único libro ni se unificaron en un solo relato. Cada uno escribió su obra según lo mencionado anteriormente.
Radak dice que los libros que compuso con su sabiduría no se encuentran hoy en día entre nosotros, excepto los tres que sí tenemos: Mishlé (Proverbios), Shir HaShirim (Cantar de los Cantares) y Kohelet (Eclesiastés). Y el hecho de que se mencione 'un libro' y no 'libros' se debe a que para cada tema específico escribió un libro independiente. Nuestros sabios, bendita sea su memoria, dijeron que Shlomó escribió tres libros: Shir HaShirim en su juventud, Mishlé en su madurez y Kohelet en su vejez
1 Reyes 11 Versículo 42
Malbim explica que, esto viene a diferenciarlo de su padre Davíd, quien también reinó durante cuarenta años, pero Davíd no gobernó todos los cuarenta años en Jerusalén ni sobre todo Israel. Durante los primeros siete años reinó en Jebrón y únicamente sobre Yehudá. En contraste, Shlomó gobernó durante los cuarenta años completos en Jerusalén y sobre todo Israel.
Don Isaac Abarbanel dice que el texto señala que los días en que Shlomó reinó sobre todo Israel se describen como “en Jerusalén,” lo cual parece innecesario, ya que su dominio abarcaba todo el territorio de Israel. Este detalle también aparece en sus propias palabras en el libro de Kohelet: “Yo, Kohelet, fui rey sobre Israel en Jerusalén” (Kohelet 1:12) y en la frase: “Las palabras de Kohelet, hijo de David, rey en Jerusalén” (Kohelet 1:1). Esto subraya la estabilidad y paz durante su reinado, ya que no necesitó desplazarse a través de su reino para someter ciudades o imponer su autoridad. Shlomó podía gobernar tranquilamente desde Jerusalén, sin que nada ni nadie escapara a su dominio. Por ello, el texto lo alaba y él mismo se gloría de haber sido un rey poderoso sin salir de Jerusalén.
Según Abarbanel, el enfoque principal de los relatos sobre Shlomó gira en torno a sus tres perfecciones que lo elevaron por encima de todos los hombres. Estas perfecciones son:
La perfección intelectual:
Shlomó se distinguió en su sabiduría desde una edad muy temprana. Incluso su padre, David, reconoció su capacidad intelectual al referirse a él como alguien inteligente y perspicaz, diciéndole: “Eres un hombre sabio y harás acorde a tu sabiduría.” Shlomó poseía un entendimiento político excepcional y, desde su juventud, fue destacado por su perspicacia y habilidad para comprender asuntos complejos. Cuando pidió a Dios un corazón que sabio, Dios le respondió: “He aquí, te he dado un corazón sabio e inteligente, de modo que no ha habido ninguno como tú antes de ti, ni se levantará ninguno como tú después de ti.” Esto demuestra que, aunque Shlomó ya tenía predisposición natural para la sabiduría, su conocimiento fue enriquecido por la influencia divina, lo que elevó a un nivel inigualable. Además, al obtener esta sabiduría, Shlomó experimentó una profunda conexión espiritual, ya que el comienzo de la verdadera sabiduría es el temor al Señor, como dice el Salmo 111:10.
La perfección del poderío y la autoridad:
El poderío de Shlomó no solo se manifestaba en actos de violencia o conquista, sino en su capacidad de liderazgo y en la sumisión voluntaria de sus enemigos. Todos los reyes de la tierra estaban sujetos a él, trayendo tributos anualmente, y Shlomó gobernaba con mayor autoridad que el faraón de Egipto. Poseía una impresionante fuerza militar, con cuarenta mil caballos, mil cuatrocientos carros y doce mil jinetes. Este poderío no solo le otorgó respeto y admiración, sino que aseguró la paz en sus días. Su reputación era tal que los gobernantes temían enfrentarse a él, asegurando así un periodo de tranquilidad y verdad en su reino.
La perfección de su riqueza:
El vasto patrimonio de Shlomó lo convirtió en un símbolo de prosperidad y honor. Su riqueza provenía del oro de Ofir, del comercio y los tributos de los gobernantes de la región. Su magnificencia se reflejaba en sus construcciones, en la opulencia de su hogar y en la calidad de los utensilios que utilizaba, como los escudos y vasos de oro puro. El nivel de riqueza era tan extraordinario que el valor de la plata en sus días era insignificante. Este lujo incomparable consolidó su posición como el monarca más espléndido, incluso en comparación con otros reinos históricos.
Shlomó alcanzó estas tres perfecciones en su juventud y madurez, pero en su vejez se apartó del camino del Eterno, perdiendo todas estas virtudes.
Y así encontramos al gran rey Shlomó en el ocaso de su vida en donde todas esas perfecciones que había alcanzado en su juventud, se fueron disipando:
Pérdida de su sabiduría y entendimiento:
El texto señala que en su vejez, sus esposas desviaron su corazón, llevándolo a apartarse de la sabiduría que había cultivado. Esto no fue resultado de un debate intelectual profundo o de dudas filosóficas, sino por la influencia de mujeres que adoraban ídolos en su propia casa, construyendo altares para esas prácticas. Shlomó perdió su sabiduría instintiva, aquella que enseña a ser controlado y no dejarse arrastrar por los deseos y pasiones, especialmente en la vejez. Tampoco ejerció la sabiduría política que antes poseía, al permitir que su entorno fuese moldeado por estas influencias externas.
La pérdida de su poderío:
Durante su juventud, Shlomó era un líder poderoso, ante quien todos los reyes se postraban y traían tributos. Sin embargo, en sus últimos días, algunos de sus propios siervos y súbditos se rebelaron contra él. Entre ellos estaba Hadad el edomita, Rezón hijo de Elyadá, y Yerobam, su propio sirviente, quien eventualmente se convertiría en rey de las diez tribus. Estos adversarios, que anteriormente habrían sido incapaces de desafiar su autoridad, encontraron oportunidad debido al declive de su liderazgo.
El deterioro de su riqueza y honor:
En su vejez, la opulencia de Shlomó se desvaneció. El relato menciona que las riquezas acumuladas durante sus años dorados ya no eran las mismas. Shishak, el rey de Egipto, saqueó Jerusalén en los días de Rejabam, llevándose los escudos de oro que Shlomó había fabricado, lo que indica que la riqueza y los lujos que una vez lo distinguieron ya no estaban presentes. Este declive económico obligó a Shlomó a imponer impuestos sobre su propio pueblo, lo cual avivó el resentimiento que eventualmente resultó en rebeliones.
El abandono de sus virtudes y conexión divina:
Al haberse alejado de Dios, Él lo abandonó y dejó de protejerlo y brindarle todas aquellas bendiciones y perfecciones que alguna vez lo distinguieron. Este alejamiento divino explica cómo Shlomó perdió todas las perfecciones que había acumulado. Su reinado final demuestra que estas virtudes no eran innatas, sino que provenían del favor divino, que se retiró al desviarse él de los caminos del Eterno.
El profeta Irmiahu (Jeremías 9:22) resume esta lección diciendo: “No se vanaglorie el sabio con su sabiduría, ni el valiente con su fuerza, ni el rico con su riqueza.” Este mensaje puede interpretarse como una alusión a Shlomó, quien tuvo la sabiduría, la fuerza y la riqueza en abundancia, pero no debió pensar que estas virtudes eran de su propiedad. Todas provenían del Creador, quien las concede según Su voluntad, y las retira cuando el hombre se desvía del camino recto.
1 Reyes 11 Versículo 43
Daat Mikrá dice que Rejabam era hijo de Naamá la moabita, tal como dice mas adelante en el capítulo 14;21 Y Rejabam, hijo de Shlomó, reinó en Yehudá. Rejabam tenía cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que el Señor había escogido de entre todas las tribus de Israel para poner allí Su Nombre. El nombre de su madre era Naama, amonita. Podemos deducir de estos datos que Rejabam nació mientras David todavía estaba con vida. Esta conclusión surge del hecho de que Rejabám comenzó a reinar a la edad de 41 años, mientras que el reinado de Shlomó duró 40 años. Esto implica que Rejabam nació un año antes de que Shlomó ascendiera al trono.
Un detalle notable es la diferencia en el comportamiento de David y Shlomó hacia sus respectivos herederos. Antes de morir, David instruyó a Shlomó con diversos consejos y encargos, guiándolo en cómo debía actuar al asumir el trono (como se ve en Reyes I 2). Sin embargo, Shlomó no dejó indicaciones similares a su hijo Rejabam.
Es posible que esto se deba a que Shlomó ya era consciente del destino profetizado: que el reino sería dividido tras su muerte, según las palabras de Ajiáh Hashiloní. Esta certeza pudo haber hecho que Shlomó sintiera que cualquier instrucción o consejo carecería de impacto real, ya que el desenlace estaba en manos de Dios y Su decreto inevitable se cumpliría tal como había sido anuncia