El reinado de Shlomó
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De la división del reino a Ajav
De la división del reino a Ajav
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Los capítulos de Eliahu
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El reinado de Ajav
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El reinado de Ajav
1 Reyes 19 Versículo 1
Ralbag explica que Ajab informó a Izebel tanto sobre el milagro del fuego que consumió la ofrenda y todo lo que había alrededor (para demostrar la divinidad del Señor), como sobre el milagro de la lluvia. Además, resalta que Eliahu ordenó que los profetas fueran llevados al arroyo Kishón para ser degollados allí, con la intención de que su sangre no contaminara la tierra, sino que fuera arrastrada lejos por el arroyo.
Abarbanel observa que el versículo repite la palabra “todo” figura varias veces en el versículo, esto es para subrayar hechos extraordinarios: 1) todas las acciones milagrosas de Eliahu (el fuego y la lluvia) , 2) que ninguno de los profetas escapó, sino que todos fueron ejecutados. Así, esta repetición enfatiza la magnitud y lo inusual de los sucesos.
Malbim coincide en que “todo” se refiere al descenso del fuego y la lluvia, pero añade que Ajab buscaba justificar las acciones de Eliahu, detallando las razones por las que mató a todos los profetas, es decir, que no fue un acto arbitrario sino motivado por circunstancias justificadas.
Probablemente Ajab no compartía plenamente la ideología de Izebel, sino que la toleraba y coexistía con ella, manteniendo al mismo tiempo cierta creencia en el Dios de Israel. Esta actitud respondía, en parte, a su interés por mantener alianzas políticas y diplomáticas con los reinos vecinos, ya que Izebel era hija del rey de Tzidon (Sidón). Mientras tanto, Izebel era una ferviente seguidora de Baal y buscaba imponer ese culto en todo el pueblo, intentando erradicar por completo la fe en el Dios de Israel. Según la descripción bíblica y los análisis históricos, Izebel promovió activamente la idolatría y la persecución de los profetas del Señor, mientras que Ajab, aunque permitió la introducción de estos cultos extranjeros y actuó en ocasiones contra la voluntad divina, parece haber mantenido una postura ambivalente en lo religioso. Prueba de ello es que mantenía junto a él a Ovadiahu, quien era temeroso de Dios, lo que sugiere que Ajab no rompió del todo con la fe israelita; además, en muchos asuntos dependía de la influencia de su esposa.
Daat Mikrá agrega que la matanza de todos los profetas de Baal por parte de Eliahu fue, en realidad, una respuesta recíproca —medida por medida— a lo que Izebel había hecho con los profetas del Señor, tal como lo relata Ovadiahu al principio del capítulo anterior. Así, Ajab le subraya a Izebel la justicia retributiva que había aplicado Eliahu.
1 Reyes 19 Versículo 2
Lo primero que podemos deducir de este versículo es que, luego del suceso que Eliahu hizo en el Carmel, la situación en el pueblo había cambiado completamente. Al principio del capítulo anterior habíamos visto cómo Izebel perseguía a los profetas para matarlos, hasta el puento que debían ser escondidos, y cómo aun Ajab buscaba a Eliahu para matarlo. Ahora, la situación es distinta
Rashí interpreta que la frase de Izebel (“Así hagan los dioses”) es una reacción directa: así como Eliahu hizo a los profetas de Baal, ella invoca a sus dioses para que hagan lo mismo con él.
Radak, Ralbag y Metzudat David coinciden en que la expresión “así hagan los dioses y así añadan” es una fórmula de juramento utilizada en plural porque Izebel servía a varias divinidades, especialmente Baal y Asherá.
Abarbanel ofrece una interpretación original: sostiene que no se trata de un juramento, sino de una advertencia o desafío. Izebel le dice a Eliahu que no se gloríe por haber matado a los profetas de Baal, ni pienses que eso demuestra su falsedad, pues así es el modo de actuar de los dioses paganos: así hacen a sus servidores por la santidad de su nombre, y así lo seguirán haciendo en el futuro.
Malbim explica por qué Izebel no mató a Eliahu de inmediato: percibió que Ajab simpatizaba con Eliahu y prefirió esperar a que, durante la noche, el corazón de Ajab volviera a su antigua postura antes de actuar.
3.Y vio, se levantó y fue para salvar su vida; llegó a Beer Sheva, que está en Yehúdá, y allí dejó a su criado. ¿Qué significa “y vio”? ¿Qué significa “fue para salvar su vida”? ¿Por qué ahora teme y antes cuando fue ante Ajab no?
Radak y Metzudat David entienden que Eliahu vio el peligro y decidió huir para salvar su vida. Aclaran que fue a Beer Sheva, que pertenece a Yehúdá, para salir de la jurisdicción de Ajab y del miedo a Izebel. No debe sorprender que Eliahu temiera a Izebel y no a Ajab, pues cuando tuvo mandato divino de presentarse ante Ajab, estaba seguro de que nada malo le ocurriría.
Ralbag coincide en que Eliahu no confió en un milagro, sino que actuó con prudencia y buscó refugio en territorio del rey de Yehúdá, fuera del alcance de Izebel.
Abarbanel va más allá y sugiere que Eliahu actuó por su propio juicio y no por inspiración profética, pues sentía que Dios se había apartado de él. Por eso huyó, no solo para protegerse, sino también para buscar restaurar su conexión profética en el monte Joreb, como lo había hecho Moshé. Además, explica que Eliahu temió a Izebel más que a Ajab porque ya no sentía la protección divina y porque Izebel era especialmente peligrosa.
Malbim añade que Eliahu, al ver que sus milagros no cambiaron al pueblo, decidió volver a su vida de retiro y perfeccionamiento personal. Por eso dejó a su criado en Beer Sheva y se internó solo en el desierto, buscando aislamiento y reflexión.
Daat Mikrá resalta la cantidad de verbos encadenados: “y vio, se levantó y fue”, lo que denota la rapidez y urgencia con la que Eliahu actuó en ese momento.
1 Reyes 19 Versículo 4
La “retama” mencionada es un arbusto del desierto conocido científicamente como Retama raetam. Es una planta resistente que crece en regiones áridas y semiáridas, alcanza entre 2 y 3 metros de altura y tiene tallos flexibles y flores amarillas. En el contexto bíblico, la retama ofrecía una sombra modesta pero valiosa en el desierto, suficiente para protegerse del sol intenso, como lo hizo Eliahu cuando se refugió bajo ella.
Simbólicamente, en la Biblia, la retama puede representar fragilidad, soledad y desesperación, en contraste con el árbol plantado junto a las aguas, símbolo de fortaleza y esperanza. Así, la escena de Eliahu bajo la retama subraya su estado de agotamiento y vulnerabilidad, pero también la provisión de Dios incluso en momentos de debilidad y desierto.
Rashí explica que Eliahu, exhausto y desesperado, se sienta bajo su sombra y pide a Dios que le quite la vida, diciendo “¡Basta ya!” como expresión de hartazgo y sufrimiento.
Radak y Ralbag señalan que Eliahu siguió adentrándose en el desierto, incluso en territorio de Yehúdá, porque temía que Izebel pudiera enviar gente a matarlo allí. Eligió el desierto, donde no habría sustento, prefiriendo morir por causas naturales o esperando una señal divina antes que ser asesinado por Izebel. No obstante, dejó allí a su criado para no exponerlo al debilitamiento y al hambre del desierto.
Abarbanel detalla que Eliahu, agotado por el viaje, se refugió bajo una retama y pide morir por mano de Dios y no de Izebel, pues considera que ya cumplió su misión de santificar el Nombre de Dios, que es el acto más elevado y noble que un ser humano puede realizar, argumentando que no es mejor que sus padres para evitar la muerte natural.
Malbim sostiene que Eliahu llegó a su destino en el desierto buscando aislamiento y encuentro con Dios. Considera que ya ha cumplido su misión y que es apropiado que su alma regrese a Dios.
Daat Mikrá aporta que, en un solo día, una persona puede recorrer entre 38 y 45 km, lo que subraya la determinación y el esfuerzo de Eliahu al alejarse tanto. Además, enfatiza que Eliahu prefería morir por mano de Dios y no de Izebel, para evitar una profanación del Nombre Divino, ya que podría interpretarse como que Dios no protege a los justos y temerosos de Su nombre; tal como Abraham preguntó en Bereshit 18:23-25: ¿Matarás al justo junto con el malvado? ¿El Juez de toda la tierra no hará justicia?
1 Reyes 19 Versículo 5
Malbim comenta que el texto menciona una segunda retama porque se trata de un arbusto distinto: el primero era pequeño y solo servía para sentarse, mientras que este segundo era más grande y permitía acostarse bajo su sombra. Más aún, Malbim sugiere que este segundo “retama” no era un arbusto real, sino que representaba al ángel que se le apareció con forma de retama, y que en ese momento, mientras dormía, el ángel lo tocó y le habló.
Abarbanel explica que mientras Eliahu dormía, se le apareció el “ángel de Dios”, el mismo ángel que le transmitía sus profecías, pues “su profecía era a través de un ángel”. El ángel lo despertó “como quien despierta a alguien de su sueño” y le dijo que se levantara y comiera.
Esta interpretación de don Isaac Abarbanel y de Malbim se basan en la postura de Rambam (Maimónides), quien en su Guía de los Perplejos (II:42) sostiene que cuando la Torá o los profetas describen la aparición de ángeles, esto debe entenderse como una experiencia profética interna, no como una percepción sensorial física. Rambam afirma: “Siempre que se menciona que un ángel habla o actúa, se trata de una visión profética, un mensaje interno recibido en estado de profecía, y no una experiencia sensorial externa.”
Por lo tanto, según Rambam, Eliahu no experimentó físicamente la presencia de un ángel ni sintió un toque literal, sino que todo eso era parte de la visión y el mensaje profético interno, percibido en su mente y espíritu durante el estado profético. Todo lo que ocurre en el relato —el toque, la voz, la instrucción de comer— forma parte de la experiencia profética interna de Eliahu, no de una vivencia sensorial objetiva o material.
El motivo por el cual el texto repite “y durmió bajo una retama” en vez de decir simplemente “y durmió allí” es que lo narrado en el versículo anterior corresponde a un hecho real: Eliahu se marchó físicamente de Beer Sheba hacia el desierto, internándose unos 40 km adentro, donde no había nada salvo ese árbol de retama. Allí se refugió bajo su sombra, sediento y casi desfalleciendo de hambre y sed. A partir de ese punto, el relato continúa con la visión profética, que parte de la situación real en que se hallaba. Por eso se repite lo del árbol, porque ahora la escena ya no está describiendo los sucesos reales, sino que ahora es parte de la visión profética.
1 Reyes 19 Versículo 6
Todo esto ocurre dentro de la visión profética: en ella, Eliahu se ve a sí mismo en el mismo lugar donde se había quedado dormido.
Malbim explica que Eliahu vio una torta cocida sobre brasas; es decir, una torta formada por llamas de fuego. Le pareció como si las llamas se hubieran unido en forma de una torta apta para comer y como si se le ordenara comerla. Según el sentido alegórico, esto implica que su cuerpo se purificó de su parte terrenal y se transformó en un ser compuesto por los elementos más sutiles: fuego, agua y espíritu, como dice el versículo: “Hace a sus ángeles espíritus, a sus servidores llama de fuego”.
Daat Mikrá señala que el texto no dice que Eliahu comió toda la torta ni que bebió toda el agua, sino solo una parte de cada uno.
1 Reyes 19 Versículo 7
Continúa la visión profética y, en ella, Eliahu se ve a sí mismo durmiendo nuevamente, cuando el ángel de Dios acude a él por segunda vez.
Daat Mikrá señala que el ángel le ordenó comer más de lo que había dejado antes.
Abarbanel detalla que el ángel le ordenó comer dos veces por dos motivos distintos: la primera comida fue para reponer las fuerzas perdidas por el andar por el desierto sin comida ni agua, hasta el punto de desfallecer, como explicamos en el versículo 4; la segunda, para prepararlo para el largo trayecto que tenía por delante. Por eso, la segunda vez le dice “porque largo es el camino para ti”. Además, Abarbanel observa que el milagro ocurrió solo con la comida, no con la bebida, y que el ángel sabía que Eliahu iba al monte Horeb por decisión propia, no por mandato divino. Sin embargo, no le ordenó beber, porque aunque caminó con la fuerza de esa comida cuarenta días y cuarenta noches, no caminó con la fuerza de la bebida ese tiempo, pues el milagro fue solo con la comida y no con la bebida
1 Reyes 19 Versículo 8
Sin duda, este versículo suscita numerosas preguntas.
Resumiremos las respuestas en dos posturas principales, las de Rambam y Don Isaac Abarbanel, que abarcan a las demás opiniones:
Rambam, como citamos anteriormente en el versículo 5, sostiene que todo este relato es parte de la visión profética que está experimentando Eliahu y no corresponde a la realidad física. Por lo tanto, todas estas preguntas no tienen cabida dentro de su enfoque.
Es importante aclarar que, si bien el relato de Eliahu sostenido por esa comida durante cuarenta días y cuarenta noches es similar a lo que la Torá describe respecto a Moshé en el monte Sinaí —como se relata en Shemot 34:28: Y él estuvo allí con el Señor cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan ni bebió agua. Y escribió en las tablas las palabras del pacto, los Diez Mandamientos, y también en Debarim 9:18: Nuevamente me postré delante del Señor cuarenta días y cuarenta noches, y no comí pan ni bebí agua..., esto no implica que Rambam sostenga que con Moshé también todo eso haya ocurrido en una visión profética. No he encontrado ningún comentarista que afirme tal cosa. Por lo tanto, aunque Rambam sostiene que en el caso de Eliahu esto ocurrió en el marco de una visión profética, no se debe extrapolar esa explicación al caso de Moshé.
Don Isaac Abarbanel ofrece una explicación para quienes entienden que el suceso ocurrió en la vida real: sostiene que el pan que comió Eliahu era de naturaleza divina, no un alimento común, y que gracias a su extraordinaria energía pudo sostenerse durante cuarenta días y cuarenta noches. Abarbanel rechaza la idea de que el alimento permaneciera en su estómago o fuera digerido lentamente; insiste en que se trató de un milagro.
Abarbanel propone que los “cuarenta días y cuarenta noches” relatados en nuestro versículo, abarcan no solo el viaje de ida de Eliahu hasta el monte Joreb, sino también su estancia allí y su regreso a la tierra de Israel. Así, la frase “y con la fuerza de aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches” se refiere a todo ese período: el trayecto de ida, la permanencia en Joreb y el regreso. Además, explica que Eliahu, por ser anciano y estar débil, en lugar de 15 días que tarda normalmente ese recorrido, él realizó cada trayecto (uno la ida y otro tanto la vuelta) en unos veinte días, permaneció allí un día, y el total sumó cuarenta días y cuarenta noches. Por lo tanto, el milagro consistió en que esa comida le sustentó durante todo ese tiempo, y la expresión “con la fuerza de aquella comida” es una afirmación positiva (que efectivamente fue sostenido por ese alimento), y no negativa como en el caso de Moshé (“no comió pan ni bebió agua”) durante su permanencia en el monte.
La similitud entre los sucesos de Moshé y Eliahu subraya que ambos alcanzaron un grado de profecía sumamente elevado. Tal vez Eliahu, en ese momento, en su preparación para alcanzar la profecía, se inspiró en la experiencia de Moshé y en cómo él se había preparado para ese momento, cuando huyó del faraón y tuvo la visión de la zarza ardiente en el monte Sinaí, como se relata en Shemot 3:1: “Y Moshé pastoreaba el rebaño de Itró, su suegro, el sacerdote de Midian; y llevó el rebaño detrás del desierto y llegó hasta Joreb, el monte de Dios. Y se le apareció el ángel del Señor en una llama de fuego en medio de una zarza.”
1 Reyes 19 Versículo 9
Todos los comentaristas coinciden en que, ya sea en la visión profética o en la realidad, se trata de la cueva en la hendidura de la roca donde estuvo Moshé, tal como relata Shemot 33:21-22: Y dijo el Señor: ‘He aquí un lugar junto a Mí, y tú estarás sobre la roca. Y sucederá que, cuando pase Mi gloria, te pondré en la hendidura de la roca y te cubriré con Mi mano hasta que Yo haya pasado.’ Es por eso el versículo enfatiza “la cueva” y no simplemente “una cueva”, pues se trata de una cueva ya conocida y significativa: la cueva.
Daat Mikrá señala que el versículo relata que Eliahu pernoctó allí, usando el mismo verbo que se emplea con Yaacob en Bereshit 28:10-11: “Y llegó al lugar y pasó allí la noche, porque el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel lugar, y las puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. Y soñó, y he aquí una escalera apoyada en la tierra, y su cima alcanzaba los cielos; y he aquí, ángeles de Dios subían y bajaban por ella.”
Aunque Eliahu se encontraba (ya sea en visión profética o en la realidad) en el mismo lugar donde estuvo Moshé, el texto menciona que Eliahu estaba en estado de sueño, mientras que Moshé estaba despierto. Esta diferencia es importante, porque el grado de profecía de Moshé no es comparable con el de ningún otro profeta anterior o posterior. Para remarcar esta diferencia, el texto recalca que Eliahu, aunque inspirado por Moshé y ubicado en el mismo lugar, estaba en un estado de sueño y visión, mientras que Moshé había estado lúcido y despierto.
Don Isaac Abarbanel explica que Eliahu estuvo allí dedicado a la meditación y a prepararse para la profecía, clamando a Dios toda la noche. Por eso dice: “Y he aquí, la palabra de Dios vino a él”, es decir, que en ese lugar sagrado y apartado, mientras meditaba e invocaba a Dios, recibió la profecía, algo que no había experimentado durante los días anteriores, ni en Israel ni en el desierto durante su trayecto.
Respecto a la pregunta “¿Qué haces aquí, Eliahu?”, los comentaristas explican que es una fórmula introductoria para escuchar la respuesta, como en otros pasajes bíblicos: “¿Dónde está tu hermano Abel?”, “¿Qué tienes en tu mano?”. El propósito es que Eliahu explique por qué ha venido hasta allí.
Malbim añade que la intención de esa pregunta es transmitir a Eliahu que el profeta debe estar entre el pueblo para reprender y profetizar, y no aislarse en el desierto o en las montañas.
1 Reyes 19 Versículo 10
Rashí explica que se refiere a los altares individuales que se hacían para el Nombre del Cielo, ya que el pueblo no tenía acceso al altar del Templo de Jerusalén.
Radak señala que el intenso celo que Eliahu sentía por el Nombre de Dios lo llevó a matar a los profetas de Baal, quienes desviaban a Israel hasta que abandonaron el pacto hecho con los hijos de Israel en el monte Sinaí.
Malbim sostiene que el argumento de Eliahu es: “No puedo ser profeta, guía y maestro para este pueblo, porque mi celo por sus malas acciones me ha aislado. Y debido a ese celo, al matar a los profetas de Baal, ahora buscan mi vida, por lo que no puedo cumplir mi misión.
El midrash aclara que cuando dice “Tu pacto” se refiere a que anularon entre ellos el pacto de la circuncisión. Eso fue lo que colmó la paciencia de Eliahu y lo llevó a decidir marcharse, para no presenciar semejante decadencia del pueblo. Por eso, los sabios del midrash enseñan que, a raíz de esta acusación, Dios le respondió a Eliahu que no era así y que él mismo sería testigo de que el pueblo de Israel no abandonaría jamás el pacto de la circuncisión. Desde entonces, Dios obligó a Eliahu a estar “metafóricamente presente” en cada ceremonia de Brit Milá (circuncisión), para constatar que el pueblo sigue fiel al pacto, tal como él mismo había negado.
Esta tradición explica por qué, en cada Brit Milá, se prepara una “silla de Eliahu”, reconociendo su presencia simbólica y su papel como testigo de la continuidad de la alianza entre Dios y el pueblo de Israel.
1 Reyes 19 Versículo 11
¿Por qué Dios actúa de esta manera? ¿Cuál es el mensaje? ¿Qué diferencia existe entre el viento huracanado y el terremoto? ¿Por qué se enfatiza que Dios no estaba ni en el viento ni en el terremoto?
Eliahu había expresado ante Dios que ya no podía tolerar la situación del pueblo; le dolía profundamente y no podía permanecer indiferente ante su decadencia. Como expuso en el versículo anterior, Eliahu se mostraba muy pesimista respecto a la situación del pueblo, sintiéndose frustrado y sin esperanza de lograr un cambio. Ese mismo celo extremo lo llevó a no soportar la realidad y a preferir apartarse.
Ante esta actitud, Dios busca enseñarle una lección. Por eso le ordena salir, como indicándole que debe abandonar la posición pesimista y ensimismada en la que se encontraba.
Tal como con Eliahu, también con Moshé, estando en el monte Sinaí, cuando Moshé pidió conocer la Gloria de Dios (saber cómo Él conduce el mundo y a Sus criaturas) Dios le dice que pasará ante él Shemot 33:18 Moshé dijo: Te ruego que me muestres Tu gloria. Él respondió: Haré pasar todo Mi bien delante de ti, y proclamaré el nombre del Señor delante de ti; tendré gracia con quien tendré gracia y tendré compasión con quien tendré compasión. Y añadió: No podrás ver Mi rostro, porque ningún hombre puede verme y vivir. El Señor dijo: He aquí un lugar junto a Mí, y tú estarás sobre la peña. Allí Dios le enseño a Moshé los 13 atributos de misericordia mencionados en Shemot 34:6 Y el Señor pasó delante de él y proclamó: “El Señor, el Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento para la ira, abundante en bondad y verdad, que conserva la bondad para miles de generaciones, que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado. De manera similar, esto mismo es lo que Dios hará ahora con Eliahu.
Luego le muestra grandes calamidades, expresiones de fuerzas desbordadas de la naturaleza: primero, un viento huracanado que revuelve todo a su paso; luego, un poderoso terremoto. Sin embargo, en ambos casos el texto subraya que Dios no estaba allí. Con esto, Dios quiere demostrarle a Eliahu que esa no es la manera adecuada de relacionarse con el pueblo; no debe ser excesivamente estricto ni pretender corregirlos por la fuerza, sino actuar con paciencia y serenidad.
El viento, que en un instante revuelve todo y genera caos, simboliza una actitud arrebatada y violenta, pero el texto aclara que Dios no se manifiesta en esa actitud. Este ejemplo enseña que esa no es la manera de actuar divina, y Eliahu, como profeta fiel, debe emular los caminos perfectos de Dios. El terremoto, que sacude y destruye lo que hay sobre la tierra, refuerza la idea de que tampoco esa es la vía para provocar un cambio en el pueblo; Dios tampoco está allí.
El viento que desbarata todo puede simbolizar el acto en el monte Carmel, donde en un solo momento todos los profetas de Baal fueron destruidos. El terremoto puede relacionarse con los tres años de sequía que habían devastado casi todo. Si bien ambas cosas fueron hechas por Dios, Eliahu no debería esperar que, gracias a esos sucesos titánicos, el pueblo volviera inmediatamente al camino correcto. No se trata de un arrebato, sino que debe ser un proceso; por eso el mensaje parece ser que no debe ser ansioso ni arrebatado, esperando cambios inmediatos, sino paciente y perseverante.
En Bemidbar 12:4-5, Dios también ordena a Aarón y Miriam, quienes hablaron contra Moshé, que salgan de la Tienda de Reunión, donde residía la presencia divina sobre el arca y los querubines. De modo similar, en I Reyes 19:11, Dios le ordena a Eliahu salir de la cueva del monte de Dios y pararse afuera, para presenciar una manifestación divina que, paradójicamente, no se encuentra en los fenómenos grandiosos, sino en la voz suave y delicada.
En ambos relatos, el mandato divino de “salir” implica una separación de la cercanía directa con la presencia de Dios, que se manifestaba sobre el arca dentro de la Tienda de Reunión en el caso de Miriam y Aarón, y en la cueva del monte de Dios para Eliahu. En Bemidbar 12:4-5, cuando Dios les ordena salir, Miriam y Aarón quedan apartados del lugar donde residía la presencia divina más intensa, quedando simbólicamente “afuera”, es decir, en un estado de distancia espiritual respecto a Dios. De modo similar, en I Reyes 19:11, Eliahu, al salir de la cueva en el monte Joreb, se encuentra alejado de la presencia divina.
En ambos relatos, el acto de salir simboliza una transición en la manera de actuar de los protagonistas: no están realmente cercanos a Dios ni a Su forma de conducirse. Por eso, Dios les demuestra que su percepción de cercanía es errónea y los hace conscientes de su distancia espiritual. Solo a través de escuchar, aprender y dejarse corregir o enseñar por Dios podrán volver a acercarse auténticamente a Él y a Sus caminos.
1 Reyes 19 Versículo 12
Después del terremoto vino el fuego, que es aún más destructivo, pues todo lo consume y reduce a cenizas cualquier construcción o indicio de vida. En todas estas calamidades, el texto señala claramente que Dios no estaba allí, lo que le demuestra a Eliahu que ese no es el camino con el que Dios gobierna el mundo y a Sus criaturas, incluso cuando éstas se desvían y transgreden.
Malbim explica que, tras todos estos fenómenos colosales e impresionantes, aparece una voz suave y apacible. Esta voz, que combina sonido y silencio, enseña que la presencia de Dios no se encuentra en los eventos grandiosos (viento, terremoto, fuego), sino en la calma y la serenidad. Por lo tanto, los profetas deben guiar al pueblo no con celo destructivo, sino con amor y palabras amables, atrayendo al pueblo con suavidad. Esta actitud representa los atributos de misericordia de Dios, que mencionamos previamente al explicar el versículo anterior.
Daat Mikrá, citando a Ralbag, señala que Dios esperaba de Eliahu una actitud similar a la de Moshé. A pesar de que el pueblo cometió una transgresión gravísima al fabricar el becerro de oro, cuando Dios proclamó ante Moshé los trece atributos de misericordia, Moshé aprovechó esa oportunidad para suplicar por el perdón del pueblo de Israel. Dios esperaba de Eliahu una actitud semejante, y no una postura rígida y celosa que insinuara castigo y destrucción para el pueblo a causa de sus actos.
Otro punto interesante para destacar es que estos tres fenómenos —viento, terremoto y fuego— también ocurrieron en el monte Sinaí. En Shemot 19:16 leemos: Al tercer día, por la mañana, hubo truenos, relámpagos (el viento que vio Eliahu) y una nube espesa sobre el monte, y un sonido muy fuerte de shofar; todo el pueblo que estaba en el campamento tembló. Moshé sacó al pueblo del campamento para encontrarse con Dios, y se pararon al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba porque el Señor había descendido sobre él en fuego (el fuego que menciona Eliahu); el humo subía como el humo de un horno y todo el monte temblaba fuertemente (el terremoto que menciona Eliahu).
Debemos recordar que, si bien la entrega de las primeras tablas de la ley fue un evento grandioso, lleno de maravillas, fuego, truenos, relámpagos y el monte entero temblando, apenas cuarenta días después el pueblo fabricó el becerro de oro y las tablas fueron rotas por Moshé. En contraste, las segundas tablas no fueron entregadas en un contexto de tanto espectáculo y estruendo, sino de manera sencilla y casi desapercibida; y cuando Moshé descendió por segunda vez, esas tablas fueron las que perduraron. Este es el mensaje que Dios transmite a Eliahu: la verdadera transformación y permanencia no provienen de lo espectacular y lo imponente, sino de la paciencia y la misericordia.
1 Reyes 19 Versículo 13
En Shemot 3:6 se dice que Moshé cubrió su rostro porque tuvo miedo de mirar a Dios. Tanto en ese episodio como aquí con Eliahu, surge la pregunta: ¿Qué significa que se cubrió el rostro? ¿Cómo puede temer ver a Dios, si a Dios no se lo puede ver? Esta actitud de cubrirse el rostro no debe entenderse en un sentido meramente físico, como si se tratara de evitar ver algo con los ojos materiales, ya que Dios no es una entidad física que pueda ser percibida visualmente. Más bien, se trata de una experiencia espiritual y conceptual: al alcanzar una visión profética tan clara y reveladora, tanto Moshé como Eliahu temen caer en el error de concebir a Dios en términos humanos o limitados. La Torá misma enseña: “No me verá (percibirá) el hombre, ni ningún ser vivo” (ni siquiera los ángeles pueden captar plenamente la esencia divina).
Cuando Dios le dijo a Eliahu en el versículo 11: “Sal y párate en el monte delante del Señor”, sin duda Eliahu obedeció y salió. Es probable que, tras lo que Dios le mostró, Eliahu, en su visión profética, regresara a la entrada de la cueva.
Como explicamos en el versículo anterior, después de que Dios le insinúa a Eliahu cuál es la verdadera manera en que Él conduce el mundo, con misericordia y benevolencia, le vuelve a preguntar para ver si Eliahu ha comprendido el mensaje y si ha cambiado su postura rígida y severa hacia el pueblo.
Esto es lo que sostiene Metzudat David: Dios le pregunta a Eliahu, ¿Qué haces aquí?, porque le mostró la gloria divina, que no se manifestó en el viento, el terremoto ni el fuego, sino en la voz suave. Esto enseña que Dios prefiere la bondad y no desata toda Su ira en fenómenos destructivos. Por eso le pregunta de nuevo: ¿Qué haces aquí?, es decir, ¿sigues buscando venganza?
Malbim sostiene algo similar: Eliahu entendió que el mensaje de esa visión era que no es el deseo de Dios que los profetas castiguen al pueblo y actúen con celo e ira. Por eso Dios le pregunta nuevamente: ¿Qué haces aquí? y lo insta a regresar a su misión de profetizar y amonestar al pueblo, pero sin tener una postura dura, severa y rigurosa hacia ellos.
1 Reyes 19 Versículo 14
Eliahu sigue convencido de que el pueblo es irredimible y que su celo por Dios está justificado. Los comentaristas ven en esta repetición una falta de flexibilidad y una incapacidad para captar el mensaje de Dios sobre la importancia de la misericordia y la paciencia.
La repetición exacta de la queja de Eliahu puede interpretarse también como una expresión de agotamiento y soledad. Eliahu se siente aislado, incomprendido y perseguido, lo que puede explicar su incapacidad para cambiar de perspectiva, incluso ante la revelación divina.
El versículo marca un punto de inflexión en la historia de Eliahu. Su incapacidad para modificar su postura, incluso después de la revelación de la voz suave, muestra los límites de un liderazgo basado únicamente en el celo y la crítica. El mensaje de Dios es claro: el liderazgo y la profecía requieren, ante todo, compasión, paciencia y la capacidad de ver el potencial de redención en el pueblo, incluso cuando parece fallar.
1 Reyes 19 Versículo 15
Lo primero que destaca Daat Mikrá es que, al igual que en la visión de la zarza ardiente de Moshé, primero aparece el mensajero de Dios y luego es Dios mismo quien le habla. Tal como dice Shemot 3:2 Se le apareció el ángel del Señor en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, pero la zarza no se consumía. Moshé dijo: Me desviaré ahora y veré esta gran visión, por qué la zarza no se quema. Cuando el Señor vio que él se acercaba para mirar, lo llamó el Señor de en medio de la zarza y dijo: Moshé, Moshé. Y él respondió: Heme aquí. De manera similar, con Eliahu, primero en el versículo 13 se menciona: Y he aquí, una voz vino a él y le dijo: ¿Qué haces aquí, Eliahu? Y ahora dice: El Señor le dijo… En ambos relatos se observa un ascenso en el nivel de la profecía: al principio perciben la presencia de un mensajero o una voz, y luego reconocen que es Dios mismo quien les habla.
Esta estructura subraya cómo tanto en el caso de Moshé como en el de Eliahu, la revelación divina se presenta en etapas, comenzando con una manifestación intermedia y culminando en un nivel superior de percepción.
Don Isaac Abarbanel explica que el sentido del versículo es que Dios le dice a Eliahu que regrese por el camino por el que vino, es decir, por el desierto de Damasco, y que no tema, pues Dios está con él. Y como Eliahu había mencionado ante Dios el pecado de Israel, Dios le informa que debe ungir a Jazael como rey de Aram.
Radak señala que, en la práctica, Eliahu no ungió personalmente ni a Jazael ni a Yehú. Dios le comunica, por el celo que mostró por Él ante el abandono del pacto por parte de los hijos de Israel: “Te informo que, por medio de estos tres (Jazael, Yehú y Elishá), consumiré a todos los que abandonan Mi pacto, como se dice: “y el que escape de la espada de Jazael, lo matará Yehú, y el que escape de la espada de Yehú, lo matará Elishá”, y tú ungirás a Jazael como rey de Aram”, es decir, que Eliahu deberá encomendar a Elishá, quien será profeta en su lugar, que los unja, y él será quien cause el mal a Israel. Lo mismo ocurre con Yehú: Eliahu debe ordenar a Elishá que lo unja, y así lo hizo Elishá a través de uno de los profetas.
El midrash critica suavemente a Elías por hablar mal del pueblo de Israel ante Dios, y lo compara con otros profetas que supieron abogar tanto por Dios como por el pueblo
Así podemos verlo en Shir HaShirim Rabá 1:6:1 analiza cómo algunos grandes profetas de Israel, en momentos de frustración o dolor, hablaron de forma crítica sobre el pueblo de Israel ante Dios. El midrash menciona ejemplos de los más ilustres hombres del pueblo de Israel, como Moshé, Ieshaiahu y Eliahu, mostrando que incluso los líderes más grandes pueden llegar a quejarse o denunciar las faltas del pueblo.
Sin embargo, el midrash subraya que Dios no ve con buenos ojos cuando los líderes espirituales “acusan” demasiado a Israel. En el caso de Moshé, por llamarlos “rebeldes”, se le impide entrar a la tierra prometida. Ieshaiahu, al decir que vive “en medio de un pueblo de labios impuros”, es reprendido por Dios, allí nos dice que uno de los serafines vuela hacia él con un carbón encendido, toca sus labios y le dice: “Mira, esto ha tocado tus labios; tu culpa ha sido quitada y tu pecado, perdonado.” (Ieshaiahu6:7). Con Eliahu, que declara “Han abandonado Tu pacto, han destruido Tus altares…”, el midrash dice que Dios le responde casi con ironía: “¿Acaso es tu pacto? ¿tus altares? ¿tus profetas? ¿Qué te importa a ti?” Y finalmente, Dios lo envía fuera de la escena central de Israel, a Damasco, tal como veremos en el próximo capítulo.
La enseñanza del midrash es que, aunque los profetas puedan tener razón en sus críticas, el rol ideal del líder espiritual no es solo acusar o señalar las fallas del pueblo, sino también abogar por ellos, buscar su mérito y defenderlos ante Dios. El midrash, en general, procura leer los textos bíblicos de forma positiva hacia Israel, resaltando la compasión y el amor divinos incluso cuando hay críticas o reproches aparentes. No se trata de negar las faltas ni de ignorarlas, pero tampoco de condenar implacablemente al pueblo. Ante el pueblo, el líder debe ser firme, señalar sus errores y amonestarlos; pero ante Dios, debe interceder siempre por Su compasión y pedir que sea benévolo y misericordioso con ellos.
La enseñanza para nosotros es que, si incluso a hombres y profetas tan elevados como Moshé, Ieshaiahu y Eliahu —que siempre buscaron el bien del pueblo— Dios los amonestó y no toleró que, aunque fuera una sola vez, hablaran mal del pueblo de Israel en vez de buscar defenderlo, ¡cuánto más nosotros, personas comunes, debemos aprender a no hablar mal del pueblo de Dios!
Después de la dramática victoria en el Monte Carmelo, Eliahu esperaba un giro en la historia de Israel. Sin embargo, la reacción de Izebel fue una amenaza de muerte, y el profeta, agotado y desilusionado, huyó al desierto. Allí, bajo el peso de su soledad y cansancio, Eliahu se sienta bajo un arbusto y le ruega a Dios: “¡Basta ya, Dios! Toma mi vida, porque no soy mejor que mis padres”. Es una súplica sincera de un líder que se siente agotado y que ya no puede más, que ha llegado al límite de sus fuerzas y su misión.
Dios no responde con reproches ni con consuelo inmediato. En cambio, lo alimenta, lo deja descansar y lo conduce, casi en silencio, hasta el monte Horeb, el lugar simbólico del encuentro divino. Allí, después de la famosa visión del viento, el terremoto, el fuego y la voz suave y apacible, Dios esperaba un cambio en la actitud de Eliahu al comprender cómo era el camino de Dios, y por eso le pregunta: “¿Qué haces aquí, Eliahu?”. El profeta repite su queja, sin mostrar ningún cambio, es por eso que Dios llega a la conclusión que la tarea de Eliahu como profeta ha llegado a su término.
Entonces, la respuesta de Dios es clara y, a la vez, profundamente humana: Ve, regresa por tu camino al desierto de Damasco; cuando llegues, ungirás a Jazael como rey sobre Aram a Yehú por rey sobre Israel… No hay castigo, pero tampoco palabras de consuelo. Dios le encomienda una última gran tarea: preparar a quienes continuarán la misión. Eliahu debe ungir a los nuevos líderes políticos y, sobre todo, designar a Elishá como profeta en su lugar.
Este gesto, “ungirás a Elishá… por profeta en tu lugar”, marca el final de la función profética de Eliahu como líder central de Israel. Dios reconoce el agotamiento del profeta y su incapacidad para cambiar de actitud. Eliahu debe dar un paso al costado y permitir que surja la próxima generación de liderazgo.
1 Reyes 19 Versículo 16
Daat Mikrá señala que, más adelante, Yehú es llamado “hijo de Ioshafat”; por lo tanto, cuando aquí se menciona “Yehú hijo de Nimshi”, lo más probable es que se refiera a su linaje o tribu, Menashé. Sin embargo Ralbag sostiene que la expresión "hijo de Nimshi" se refiere en realidad a su abuelo, ya que en la Biblia es común llamar "padre" al abuelo.
Nuestros sabios enseñan que siempre que se menciona el nombre de un profeta junto con el de su padre, se trata de un profeta hijo de otro profeta o de un hombre de gran estatura espiritual.
Rashí explica que, al decir: como profeta en tu lugar Dios le indica a Eliahu que debe ungir a Elishá como profeta en su lugar porque ya no desea que Eliahu continúe en la profecía, dado que era muy rígido y estricto con el pueblo de Israel.
Radak y Metzudat David señalan que, dado que Eliahu pidió a Dios terminar su vida (“¡Basta ya, Señor, toma mi vida!”), es necesario que deje un sucesor; por eso debe designar a Elishá ben Shafat y enseñarle. Ambos también citan el midrash que interpreta que Dios ya no quiere la profecía de Eliahu porque ha presentado acusaciones contra el pueblo.
1 Reyes 19 Versículo 17
Don Isaac Abarbanel explica que Dios le ordenó a Eliahu ungir a Jazael y a Yehú porque Su voluntad era castigar a Israel en los días de Ajav y Eliahu. Sin embargo, cuando Ajav se humilló y se arrepintió, Dios pospuso el castigo, tal como dice: ¿Has visto cómo Ajav se ha humillado ante Mí? No traeré el mal en sus días, sino en los días de su hijo(21:29).Por ello, Eliahu no ungió a Jazael ni a Yehú como se le había ordenado, sino que fue Elishá quien lo hizo después de la muerte de Ajav.
Así, cada uno de estos personajes cumple un papel diferente: Jazael castiga a Israel mediante la guerra; Yehú se encarga de eliminar a la casa de Ajav e Izebel y a los idólatras; y Elishá, tal como señala Daat Mikrá, decreta una gran sequía y hambruna sobre Israel, como se relata en Melajim Bet 6:31.
1 Reyes 19 Versículo 18
Daat Mikrá dice que el motivo es señalarle que no solo Eliahu ha quedado, como había dicho anteriormente en el versículo 10 y 14 Solo yo he quedado sino que hay otros siete mil más junto con él.
Continúa Daat Mikrá diciendo que, probablemente estos siete mil, son solamente dentro de los hombres del ejército, tal como dice mas adelante en 20:15)
Abarbanel aclara que el número siete mil no significa que solo quedarán esa cantidad de personas en Israel, sino que estos son los justos que no participaron en la idolatría y que serán protegidos de los castigos y calamidades, incluso cuando se haya dado permiso a los mencionados antes (Jazael, Yehú, Elishá) para castigar a Israel. Dios hará distinción entre justos y malvados y siempre preservará a Sus fieles, tal como dice Abraham: ¿Acaso el Juez de toda la tierra no hará justicia?
1 Reyes 19 Versículo 19
Ralbag sugiere que, al pasar junto a él Eliahu, no se trata de que se quitó su manto Eiahu y se lo arrojó a Elisha, sino que al pasar junto a él lo cubrió con el ala de su manto, insinuando con ello que venga a cobijarse bajo su tutela y guia.
Eliahu cumplió la instrucción que Dios le había dado en el versículo 15: Ve, regresa por tu camino. Por eso, en su trayecto, se encuentra primero con Elishá, aunque en el mandato divino se mencionaba antes a Jazael y Yehú.
Daat Mikrá sugiere que Eliahu ya conocía a Elishá, por eso se dirige directamente a él, y, a juzgar por la reacción de Elishá, da a entender que había una relación previa, probablemente Elishá era alumno o discípulo de Eliahu desde antes.
El texto menciona que Elishá araba con doce yuntas de bueyes. Esto muestra, por un lado, que la sequía había terminado y el país estaba renaciendo tanto en lo físico como en lo espiritual.
El hecho de tener tantas yuntas indica que se trataba de un gran campo que era necesario varias bueyes para poder ararlo, por lo tanto, la familia de Elishá que era dueña de esas tierras, debía ser una familia muy adinerada, pero eso no le impidió tener una vida espiritual profunda.
El número doce también nos recuerda a las doce tribus de Israel; Elishá, al estar al frente de las 12 yuntas, simboliza de alguna manera su futuro rol como guía del pueblo.
En el mundo antiguo, el manto no solo era una prenda, sino un símbolo de estatus, función y, en el caso de los profetas, de la presencia y protección divina, tal como lo vemos también con el profeta Shmuel y el rey Shaul o con Ajiáh de Shiló con Yerobam (ver capítulo 11)
Ralbag comenta que Eliahu no le arrojó el manto a Elishá, sino que al pasar junto a él lo cubrió con el ala de su manto, insinuando con ello que venga a cobijarse bajo su tutela y guia espiritual.
1 Reyes 19 Versículo 20
Rashí explica que Eliahu, no le dijo nada explícitamente, sino solamente le insinuó, es por eso que le dice a Elishá: Ve regresa. ¿Qué te he hecho para que vengas tras de mí?
Radak dice que Elishá se conmovió tanto que dejó los bueyes y corrió tras Eliahu, pidiéndole permiso para ir a besar a su padre y madre y tomar su consentimiento, y entonces seguirlo. Eliahu le respondió: “Ve regresa, pues ¿qué te he hecho?”. Los comentaristas explican que esto fue para probarlo, para ver qué haría, por eso le dijo: “Vuelve en paz, pues yo no he hecho en ti nada que te obligue a seguirme”. Eliahu no impone su autoridad ni obliga a Elishá a seguirlo, sino que le deja espacio para decidir por sí mismo.
Elishá debe captar la señal y responder con iniciativa, mostrando que está preparado para asumir un papel profético, no solo por obediencia, sino por comprensión y deseo interno.
Esta es una de las pocas ocasiones en la Biblia en que se refleja el valor de los lazos humanos y el respeto por los procesos de transición personal. El hecho de que Eliahu permita a Elishá despedirse de su familia muestra que, incluso en el llamado divino, hay espacio para la sensibilidad, el respeto y la empatía hacia el prójimo y la familia.
1 Reyes 19 Versículo 21
Radak y Don Isaac Abarbanel dicen que, aunque el texto no lo relata explícitamente, la alegría de Elishá por ir tras Eliahu fue tal, que hizo un banquete para los hombres que estaban con él arando y la gente de su aldea que vino tras él para acompañarlo, y eso es lo que dice "y dio al pueblo", y les dio de comer de ese par de bueyes con los que él mismo estaba arando. Por la prisa de ir tras Eliahu, no esperó a cortar leña para cocinar, sino que rompió los aperos de los bueyes, que eran los instrumentos de arar, y se despidió de ellos con alegría
Ralbag explica que, luego se levantó y fue tras Eliahu y le servía, para aprender más de su sabiduría que los demás discípulos, porque el que sirve al maestro está siempre con él, ve sus costumbres y escucha sus palabras constantemente, y aprende más que el discípulo que no sirve.
Este servicio a los profetas no era sino para que, a través de ellos, la profecía reposara sobre sus servidores. Nuestros sabios (Berajot 7b) dijeron: “Es mayor el servicio de la Torá (a sus sabios) que su estudio”, y esto se debe a que quien sirve al maestro está siempre con él y aprende de él en todo tiempo situación y ocasión.
Luego de analizar todo esto, Don Isaac Abarbanel hace una extensa comparación entre Moshé y Eliahu y dice: Nuestros sabios, en Pesiqta Rabbati (véase Yalkut Shimoni II, 219), dijeron cosas muy dignas de atención en este tema, y son las siguientes: Por medio de un profeta sacó Dios a Israel de Egipto y por un profeta serán cuidados. (Oshea 12:14) ‘Por medio de un profeta’ se refiere a Moshé; ‘por un profeta serán cuidados se refiere a Eliahu.
Encontramos que dos profetas surgieron para Israel de la tribu de Leví, Moshé al principio y Eliahu al final, y ambos redimirán a Israel:
por el envío de Moshé fueron redimidos de Egipto (Shemot 3:10), y Eliahu los redimirá en el futuro (Malají 3:23).
Moshé los redimió de Egipto y no volvieron a ser esclavizados allí; Eliahu, al final de los días, tampoco volverán a ser esclavizados, sino que serán salvados para siempre.
Moshé fue profeta y Eliahu fue profeta. Moshé es llamado ‘hombre de Dios’ y Eliahu también es llamado así.
Moshé subió arriba (Shemot 19:3), y Eliahu subió a los cielos (2 Reyes 2:11).
Moshé mató al egipcio, y Eliahu mató a los profetas de Baal.
Moshé fue sustentado por mujeres (Shemot 2:20), y Eliahu fue sustentado por la viuda de Sarepta (1 Reyes 17:9-15).
Moshé huyó de Faraón, y Eliahu huyó de Izebel.
Moshé huyó y llegó a un pozo, y Eliahu huyó y llegó a un pozo (Beersheva).
Moshé dijo (Bemidbar 16:29) ‘Si estos mueren como mueren todos los hombres…’, y Eliahu dijo ‘Vive el Señor que no habrá rocío ni lluvia’.
Con Moshé ‘Y pasó el Señor delante de él’, y con Eliahu ‘Y he aquí que el Señor pasaba’.
Con Moshé ‘Y oyó la voz’, y con Eliahu ‘Y he aquí una voz’.
Moshé reunió a Israel ante el Sinaí, y Eliahu los reunió en el Carmel.
Moshé erradicó la idolatría (Shemot 32:27), y Eliahu erradicó a los profetas de Baal.
Moshé dijo ‘¿Quién está del lado del Señor?’, y Eliahu dijo ‘Acercaos a mí’.
Moshé se escondió en la cueva, y Eliahu se escondió en la cueva.
Moshé llegó al monte de Dios, y Eliahu llegó al monte de Dios.
Moshé fue al desierto, y Eliahu fue al desierto.
Moshé habló con un ángel (Shemot 3:2), y Eliahu también.
Moshé estuvo cuarenta días y cuarenta noches sin comer, y Eliahu caminó cuarenta días y cuarenta noches con la fuerza de aquella comida.
Moshé oró por Israel ‘dijo al Señor: No atiendas a su ofrenda, (Bemidbar 16:15) y Eliahu oró ‘Respóndeme, Dios.
Moshé hizo doce altares en el monte Sinai, y Eliahu tomó doce piedras, e hizo un altar en el monte Carmel.
Moshé hizo que Israel aceptaran a Dios y dijeron ‘Haremos y entenderemos, y Eliahu hizo que volvieran a Dios dijeran ‘el Señor es el Dios’.
Abarbanel explica que los Sabios señalaron muchas similitudes entre Moshé y Eliahu, pero enfatiza que esto no significa que ambos fueran iguales en su nivel profético. Aunque Eliahu se asemeja a Moshé en muchos aspectos de su vida y milagros, la Torá misma afirma que “no se levantó profeta en Israel como Moshé” (Debarim 34:10). Por tanto, aunque Eliahu compartió ciertas experiencias y logros con Moshé, su grandeza profética no fue igual.
Rambam en su introducción al capítulo Jelek del tratado de Sanedrín menciona las diferencias entre Moshé y los demás profetas, (incluido Eliahu):
La profecía de Moshé, nuestro maestro, se diferencia de las profecías de los demás profetas en cuatro aspectos:
Primer diferencia: Cualquier otro profeta, no se comunica con Dios [directamente] sino por medio de un intermediario, en cambio Moshé, no precisaba de intermediarios, tal como dice: “boca a boca hablaré con él” (Bemidbar 12:8)
Segunda diferencia: Todo profeta no recibe la profecía sino cuando están durmiendo, como versa: “en sueños nocturnos” (Bereshit 31:24) “en sueños o visión nocturna” (Yob 23:15) y otros ejemplos. Es factible que le sobrevenga de día, pero luego que haya recaído sobre aquel hombre un profundo sopor, de forma tal que queden neutralizados todos sus sentidos y permanezca su mente libre, tal como ocurre al soñar. Esto es lo que se denomina “Visión” o “Percepción”, sobre esto fue dicho “convisiones Divinas” (Iejezkel 8:3), en cambio Moshé, venía a él la palabra de Dios, aun en pleno día, (en estado lúcido) mientras permanecía de pie (la voz surgía) por entre los dos Querubines (que estaban por sobre el arca sagrada) , tal como dice: “Me revelaré a ti ahí, y hablaré contigo por sobre el arca” (Shemot 25:22). Dijo el Altísimo: “Escuchad ahora Mis palabras: si surgiere vuestro profeta, Yo, el Eterno, en visión Me manifestaré a él, en sueño hablaré con él. No es así con Mi servidor Moshé, Boca a boca hablo con él” (Bemidbar 12:6-7-8).
Tercera diferencia: Todo profeta, al advenirle la profecía, aunque sea en “visión” y por medio de un ángel, se aflojarán sus fuerzas, su cuerpo se debilitará y se apoderará de él un profundo pavor, hasta sentir que su alma está por salir de su cuerpo, tal como lo expresa Daniel cuando (el ángel) Gabriel habló con él en visión: “Y no quedaron en mí fuerzas pues la lozanía de mi semblante se convirtió en palidez de muerte y me faltaron las fuerzas” (Daniel 10: 8 y 9) y más aún: “caí en profundo sueño con mi rostro hacia el suelo” y dice: “por causa de la visión me han sobrevenido dolores y no me quedan fuerzas” (Daniel 10:16). No ocurría así con Moshé, sino que le sobrevenía la palabra de Dios sin causarle temblor o debilitamiento de ningún tipo, tal como dice: “y habló el Eterno con Moshé frente a frente, tal como habla un hombre con su prójimo” (Shemot 23:11) es decir, así como el hombre no se llena de pavor al hablar con su compañero, de la misma manera ocurría con Moshé, él no se estremecía cuando le sobrevenía la palabra de Dios, a pesar de estar Moshé en el grado supremo de cercanía a Dios, como dice: “frente a frente”, esto hace alusión al profundo nivel de percepción mental, como dejamos expresado..
Cuarta diferencia: Los demás profetas no poseen la capacidad de profetizar en cualquier momento que lo desean, sino sólo cuando Dios así lo dispone, pues es factible que pasen años sin que el profeta perciba ninguna profecía, o que el profeta pretenda saber algo por medio de la profecía y tenga que esperar días o meses hasta recibir la profecía o sencillamente no se le revele. Encontramos entre los profetas, quienes se prepararon (para alcanzar la profecía) tratando de lograr un ánimo alegre, tal como lo hizo Elishá: “Y ahora, traedme un músico” y luego le sobrevino la profecía, mas es factible que no le sobrevenga visión alguna a pesar de predisponerse para ello. En cambio Moshé, nuestro maestro, en todo momento que él quería lograba (comunicarse con Dios) pues está dicho: “esperad aquí y habré de escuchar lo que el Eterno prescribirá para vosotros” (Bemidbar 9:8) y dice: “habla con Aarón, tu hermano, y que no se acerque al santuario en todo momento” (Vaikrá 16:2), explicaron los sabios: “Aarón está en el nivel de ‘no en todo momento’, empero Moshé, no está en el nivel de ‘no en todo momento’ ”.