El reinado de Shlomó
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De la división del reino a Ajav
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Los capítulos de Eliahu
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El reinado de Ajav
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1 Reyes 15 Versículo 1
Tanto Rejavam como Yerobam comenzaron a reinar al mismo tiempo. Por lo tanto, si Rejavam gobernó durante 17 años, como se menciona en 14:21, lo lógico sería que cuando su hijo Abiam asumiera el trono, el reinado de Yerobam también sumara 17 años, no 18.
Los comentaristas han abordado este dilema con distintas explicaciones. Una de ellas sostiene que Yerobam comenzó a gobernar inmediatamente sobre todo Israel, mientras que Rejavam intentó unificar a la nación y atraer a todas las tribus bajo su autoridad. Solo cuando Dios le confirmó que su reinado se limitaría a Yehudá y Biniamín, se consolidó en el trono y comenzó a contar los años de su reinado sobre Yehudá.
Por otro lado, Daat Mikrá explica que los años del reinado de Rejavam se calculaban según la tradición de los sabios en el tratado de Rosh Hashaná, quienes computaban los años al llegar el primero de Nisán. Dado que Rejavam murió antes de llegar a Nisán, su tiempo en el trono no alcanzó los 18 años, sino que se computó como 17. En contraste, en el reino de Israel, los años del monarca se contaban desde el momento exacto en que comenzaba a reinar. Esta diferencia en los sistemas de cómputo es lo que genera discrepancias en la duración de los reinados de los reyes de Yehudá y de Israel.
En Dibré Haiamim II 11:22 nos relata: Y Rejabam amó a Maajá, hija de Abshalom, más que a todas sus otras mujeres y concubinas. Porque había tomado dieciocho mujeres y sesenta concubinas, y engendró veintiocho hijos y sesenta hijas. Rejabam puso a Abiáh, hijo de Maajá, por cabeza y jefe entre sus hermanos, porque quería hacerlo rey. De este versículo podemos deducir que Rejabam ya había preparado y designado a Abiáh para sucederlo en el trono. Sin embargo, el texto no menciona la edad con la que comenzó a reinar, a diferencia de lo que ocurre con los monarcas anteriores, cuyos años de ascensión al trono sí fueron registrados.
Veremos que este rey fue llamado en las escrituras tanto Abiáh como Abiam.
1 Reyes 15 Versículo 2
Sin embargo, Shmuel II 14:27, se menciona que Abshalom tuvo tres hijos y una hija llamada Tamar.
Existen varios comentaristas que han abordado esta aparente contradicción:
Ralbag en su comentario a Shmuel II 18:18 sugiere que los hijos de Abshalom mencionados en Shmuel II 14:27 podrían haber fallecido antes que él.
Radak también afirma en su comentario a Shmuel II 18:18 que los hijos mencionados en 14:27 murieron antes de que Abshalom hiciera su declaración.
Malbim, en su comentario a Shmuel II 14:27, argumenta que, basándose en 18:18, los hijos de Abshalom debieron haber muerto.
Jonathan Ben Uziel, en su traducción al arameo, interpreta Shmuel II como "No tengo hijo sobreviviente", lo que sugiere que sus hijos fallecieron antes que él.
El Talmud, en el tratado de Sotá 11a, registra una disputa sobre este tema, donde algunos rabinos sostienen que Abshalom no tenía hijos aptos para la realeza, mientras que otros afirman que su falta de descendencia fue un castigo divino.
En base al versículo de Shmuel II 14:27, cabe preguntarse si allí dice que la hija de Abshalom se llamaba Tamar, entonces por qué en nuestro versículo dice que Rejabam se casó con Maajá hija de Abshalom?
Existen varias explicaciones para esta aparente contradicción:
Maajá podría ser otra hija de Abshalom: Aunque la Biblia menciona explícitamente a Tamar, es posible que Abshalom haya tenido más hijas, pero que solo Tamar haya sido mencionada por su belleza y relevancia en la narrativa.
Maajá podría ser una nieta de Abshalom: En algunos casos, la palabra "hija" en la Biblia puede referirse a una descendiente en general, como una nieta. Es posible que Maajá haya sido la hija de Tamar o de otro hijo de Abshalom.
Maajá podría haber sido llamada así por su linaje: En la Biblia, los nombres a veces reflejan linajes o conexiones familiares. Es posible que Maajá haya sido una descendiente de Abshalom y que se le identificara como "hija" en un sentido más amplio.
Si nos mantuviéramos fieles a la literalidad del texto y sostuviéramos como la opinión a), de todas maneras, no es imposible que Rejabam se haya casado con la hija misma de Abshalom, pues en realidad eram primos, Abshalom y Shlomó eran hermanos, si bien Abshalom era unos 10 o 15 años más grande que Shlomó, es posible entonces que Maajé fuere unos 7 años mayor (o tal vez un poco más) que Rejabam, lo cual podría ser normal para que se casen, más aún, siendo Maajá una mujer tan especial como relató en Dibré Haiamim II 11:22 nos relata: Y Rejabam amó a Maajá, hija de Abshalom, más que a todas sus otras mujeres y concubinas.
Radak y Ralbag explican que si bien se indica explícitamente que Maajá era hija de Abshalom, no se dice que él era hijo de David porque no se comportó como tal.
El versículo recuerda el nombre de su madre para señalar que ella descendía de Abshalom que fue hombre con malvado. Por esta razón, también se menciona más adelante en el versículo 13 que Maajá hizo un ídolo para Asherá, lo que parece indicar que la conducta de su abuelo Abshalom influyó en su inclinación hacia la idolatría, dado que era hijo de Maajá
1 Reyes 15 Versículo 3
Malbim explica que, el versículo acentúa: Y anduvo en todas las transgresiones que su padrehabía cometido antes de él. Esto implica que Abiyám no pecó por iniciativa propia, sino que permitió la continuidad de los pecados ya existentes antes de su reinado. Es decir, no los anuló ni abolió, sino que los dejó permanecer, y esto se debió a que su corazón no era íntegro como el de David. Por ello, no se preocupó por erradicarlos, permitiendo que siguieran vigentes.
Don Isaac Abarbanel dice que el versículo menciona que Abiyá siguió los pecados de su padre, lo que indica que heredó la arrogancia, necedad y maldad de su madre, y la idolatría de su padre. Sin embargo, no se asemejó en nada a su abuelo David.
Aunque descendía de la casa de David tanto por parte materna como paterna, no adoptó su fe ni la rectitud de su corazón. En cambio, absorbió lo negativo de sus progenitores y dejó de lado lo bueno. Se sabe que Rejavam, su padre, fue influenciado por su madre, Naamá la amonita, quien desvió su corazón de Dios.
Por otro lado, Abiáh era hijo de Maajá, descendiente de Abshalom, hijo de David, y su padre, Rejavam, era hijo de Shlomó, hijo de David. A pesar de tener un linaje directo con David por ambos lados, no heredó su integridad ni su devoción. Como señala el versículo: 'Y su corazón no fue íntegro con el Señor, su Dios, como el de su padre David'.
Daat Mikrá explica que, cuando el versículo dice: las transgresiones que su padre había cometido, se refiere a lo que dijo antes en 14: 23 Porque ellos también edificaron para sí altares, pilares sagrados y Asheras en toda colina alta y bajo todo árbol frondoso. Y también hubo prostitutos en la tierra, conforme a todas las abominaciones de los demás pueblos que el Señor había echado delante de los hijos de Israel.
1 Reyes 15 Versículo 4
Don Isaac Abarbanel sostiene que, Dios, le concedió un vestigio pequeño para que continuara la dinastía de David en Jerusalén, asegurando la continuidad de su linaje en el trono y la estabilidad de la ciudad. Pues los reyes de la casa de David preservarían la ciudad y el Templo sagrado con mayor firmeza que los reyes de Israel, quienes no descendían de su linaje.
Así, por el mérito de David, el Señor garantizó la permanencia de su descendencia en Jerusalén, permitiendo que prosperara como un campo fértil.
Metzudat David dice que su maldad fue tan extrema, que no tenía mérito propio para reinar. Su permanencia en el trono se debía únicamente al pacto y la promesa que el Señor había hecho a David.
1 Reyes 15 Versículo 5
Daat Mikrá hace notar que es la tercera vez que menciona a David en los últimos tres versículos. Esto se debe a que su figura representa un modelo para los demás reyes sobre cómo deben conducirse.
Don Isaac Abarbanel dice que, este versículo enfatiza el mérito especial de David y la relación única que tuvo con el Señor.
El texto nos dice que el Señor hizo todo esto en favor de David debido a la rectitud de su corazón. Es decir, David cumplió con lo que era correcto ante los ojos de Dios y no se apartó de Sus mandamientos a lo largo de su vida. Esto resalta su fidelidad y compromiso con la voluntad divina.
Sin embargo, el versículo agrega una excepción: "excepto en el caso de Uriá el Jití ". Aquí es donde los comentaristas han analizado la implicación de este pasaje. La manera en que está formulado sugiere que, aunque David cometió una falta en relación con la muerte de Uriá, el tema de Bat-Sheba no se considera un pecado por sí mismo. Esto se debe a que, según ciertas interpretaciones, Bat-Shevá podría haber sido su esposa sin necesidad de que David causara la muerte de Uriá, y la transgresión recae más en la forma en que se concretó el asunto que en el hecho de haberla tomado como esposa.
En otras palabras, el versículo parece indicar que la verdadera falta de David no radicó en la relación con Bat-Sheba, sino en la manera en que Uriá fue llevado a la muerte. Por ello, algunos comentaristas señalan que el texto hace un énfasis especial en "el caso de Uriá el Jití", más que en el episodio completo con Bat-Shevá.
Sea como fuera, podemos notar que fuera de este episodio, la conducta de David fue intachable.
1 Reyes 15 Versículo 6
Don Isaac Abarbanel explica que esto viene a señalar que, en esta guerra, Abiam fue el principal protagonista, quien probablemente dirigía los combates y el ejército aun en vida de su padre Rejabam
La repetición del texto indica que esta guerra comenzó en tiempos de Rejabam y se prolongó hasta los días de Abiam, quien finalmente la ganó, tal como está escrito en Dibré Haiamim II.
1 Reyes 15 Versículo 7
En Dibré Haiamim II 2:13 cuando se relata uno de los enfrentamientos más mortíferos e implacables, donde Abiyám se enfrenta a Yerobam, quien avanzaba con un ejército de más de 800,000 hombres, mientras que Abiam contaba con 500,000 soldados de Yehudá. Entonces, Abiam se dirigió a los israelitas que venían junto a Yerobam y les dijo: Y ahora vosotros intentáis resistir al reinado del Señor que está en manos de los hijos de David, porque sois una gran multitud y tenéis con vosotros los becerros de oro que Yerobam os hizo por dioses. ¿Acaso no habéis echado fuera a los sacerdotes del Señor, los hijos de Aarón y los levitas, y os habéis hecho sacerdotes como los pueblos de otras tierras? Mas en cuanto a nosotros, el Señor es nuestro Dios y no le hemos abandonado; y los hijos de Aarón sirven al Señor como sacerdotes, y los levitas en sus funciones, etc…. porque nosotros guardamos la ordenanza del Señor nuestro Dios, pero vosotros le habéis abandonado. Y he aquí, Dios está con nosotros a la cabeza, etc… ¡Oh hijos de Israel!, no luchéis contra el Señor, Dios de vuestros padres, porque nada lograréis. Pero Yerobam había puesto una emboscada para llegar a ellos por detrás, de manera que Israel estaba frente a Yehudá, y la emboscada estaba detrás de éstos. Cuando Yehudá se volvió, he aquí que eran atacados por delante y por detrás. Clamaron, pues, al Señor, y los sacerdotes tocaron las trompetas. Entonces los hombres de Yehudá lanzaron el grito de guerra; y sucedió que mientras los hombres de Yehudá lanzaban el grito de guerra, Dios hirió a Jeroboam y a todo Israel delante de Abiáh y de Yehudá. Y huyeron los hijos de Israel delante de Yehudá, y Dios los entregó en sus manos. Así los hijos de Israel fueron humillados en aquel tiempo, y los hijos de Yehudá prevalecieron porque se apoyaron en el Señor, Dios de sus padres. Y Abiáh persiguió a Jeroboam, y le tomó varias ciudades, Betel con sus aldeas, Jesana con sus aldeas y Efraín con sus aldeas. Yerobam no volvió a recuperar poder en los días de Abiáh; y el Señor lo hirió, y murió. Abiáh se hizo poderoso, y tomó para sí catorce mujeres; y engendró a veintidós hijos y dieciséis hijas.
1 Reyes 15 Versículo 8
1 Reyes 15 Versículo 9
Radak explica que, el año veinte de Yerobam incluye parte del tercer año de Abiam, lo que explica la relación entre los períodos de reinado y la manera en que los años están contabilizados en el texto.
Lo mismo opina Metzudat David y dice que para entender el cálculo, recordemos que Abiam ascendió al trono en el año dieciocho de Yerobam y gobernó durante tres años incompletos.
Estos años de su reinado abarcan:
Año dieciocho de Yerobam: el inicio del reinado de Abiam.
Año diecinueve de Yerobam: segundo año de Abiam.
Año veinte de Yerobam: el último año de Abiam, en el que también comienza el reinado de Asá.
Dado que Abiam falleció durante el año veinte de Yerobam y Asá ascendió al trono en ese mismo período, este año se considera, simultáneamente, parte del reinado de ambos.
1 Reyes 15 Versículo 10
El texto también destaca que Asá gobernó durante 41 años, una cifra que lo relaciona con sus antecesores David y Shlomó, quienes gobernaron por 40 años cada uno.
Este detalle no es solo cronológico, sino también conceptual: su prolongado reinado es interpretado como recompensa por su justicia y temor a Dios. Esto se alinea con el principio expresado en Mishlé 10:27: "El temor del Señor prolonga los días, pero los años de los malvados serán acortados."
Por esta razón, los reyes justos tuvieron reinados más largos, mientras que los reyes malvados experimentaron reinados breves.
Durante el largo reinado de Asá, vio 6 reyes del reino de Israel: 1) Nadav, 2) Baasha, 3) Ela, 4) Zimbrí, 5) Imbrí y 6) Ajab.
Don Isaac Abarbanel explica que, la referencia a Asá como un rey justo que recibió un reinado largo también lo vincula con David y Shlomó, quienes gobernaron durante 40 años cada uno. Al tener un reinado de 41 años, Asá continúa la tradición de liderazgo prolongado dentro de la casa de David, diferenciándose de sus antecesores inmediatos, quienes se desviaron de los caminos rectos.
El versículo menciona que la madre de Asá era Maajá, hija de Abshalom. Sin embargo, sabemos que Maajá era en realidad la madre de Abiam, el padre de Asá. Es decir, ella no era su madre biológica, sino su abuela.
¿Por qué entonces el texto se refiere a ella como ‘su madre’? Esto se debe a que Maajá tuvo un papel central en la crianza de Asá, por lo que el versículo la menciona como si fuera su madre. Es un reconocimiento de que, aunque no lo dio a luz, tuvo una influencia significativa en su desarrollo.
El texto nos ofrece una comparación importante: Rejabam y Abiam fueron profundamente influenciados por sus madres, lo que afectó negativamente sus reinados.
En particular, Maajá, quien fue esposa de Rejabam, madre de Abiam y abuela de Asá, tuvo una influencia sobre tres reyes. Sin embargo, a pesar del enorme poder y autoridad de esta reina madre, Asá, aunque fue criado por Maajá, tuvo la fuerza y entereza de no seguir sus caminos.
Esto destaca la virtud de Asá como un líder independiente, capaz de tomar decisiones basadas en sus propios principios, sin dejarse arrastrar por las prácticas idolátricas de su familia.
Más adelante (versículo 13) veremos que Asá destituyó a Maajá de su posición de nobleza porque había hecho un ídolo para Asherá.
Este acto es crucial porque refleja el compromiso de Asá con la purificación religiosa de Yehudá. No solo rechazó las prácticas idólatras, sino que tomó medidas concretas para eliminarlas, incluso cuando provenían de alguien tan cercano como su propia abuela.
Esto refuerza la idea de que Asá no siguió los pasos de sus antecesores inmediatos. Mientras que Rejabam y Abiam se dejaron influenciar por sus madres, Asá demostró fortaleza al distanciarse de la idolatría y remover a su propia abuela de su posición de honor.
1 Reyes 15 Versículo 11
Daat Mikrá señala que, a pesar de que el Dibré Haiamim II 16:7-13 nos relata al final de sus días, Dios reprendió a Asá, no obstante, se juzga al ser humano acorde a la mayoría de sus actos, pues tal como dice Kohelet 7:20 No existe un hombre justo sobre la tierra que solamente haya obrado el bien y nunca haya errado (aunque sea una vez).
A diferencia de otros reyes, cuya comparación con David servía para destacar que no alcanzaron su nivel de rectitud, en el caso de Asá, la comparación tiene el propósito contrario: enfatizar que fue íntegro como David.
1 Reyes 15 Versículo 12
Anteriormente en 14:24 ya habíamos explicado que en el complejo sistema religioso de las civilizaciones cananeas, la prostitución ritual constituía un elemento fundamental dentro de la adoración a Baal y Astará (Ishtar), divinidades asociadas a la fertilidad y la prosperidad.
Los participantes en estos ritos, conocidos como "kedeshot" (prostitutas consagradas) y "kedeshim" (prostitutos dedicados al servicio sagrado), desempeñaban un papel tanto social como religioso, pues además de representar un medio de culto, eran parte integral de la estructura económica y cultural del mundo antiguo.
Este fenómeno nos ayuda a comprender por qué los cultos paganos gozaban de una notable popularidad: para muchos, su adhesión no derivaba exclusivamente de una convicción teológica, sino también de la permisividad y el placer sensorial que estas prácticas les otorgaban.
En efecto, las religiones de la antigüedad no siempre giraban en torno a la noción de una fe basada en doctrinas morales estrictas. En varios casos, la conexión con los ídolos paganos se veía fomentada principalmente con los aspectos más elementales de la experiencia humana, consolidando un sistema en el cual la "espiritualidad y contacto con los ídolos paganos", era sinónimo de placer y lascivia que convivían en un mismo espacio, pero bajo un manto de permisividad y hasta espiritualidad devota. Así, quienes perseguían sus deseos y buscaban placeres sexuales fuera del matrimonio no eran considerados adúlteros o infieles, sino vistos como ‘devotos’ o ‘individuos profundamente espirituales’.
De esta forma Asá decidió terminar con esa farsa que la Torá condena categóricamente: como las inmundicias de los demás pueblos no haréis… Debarim 23:17: No habrá prostituta sagrada entre las hijas de Israel, ni prostituto sagrado entre los hijos de Israel.
Daat Mikrá señala que cuando el versículo afirma ‘y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho’, no significa que los anteriores reyes de Yehudá fueran los artífices directos de aquellos cultos paganos. Más bien, al haber tolerado la idolatría y permitido que prosperara sin oposición, sin recriminar ni eliminar los templos dedicados a estos cultos, la narrativa bíblica los considera responsables.
La autoridad de un monarca no se limita al poder político, sino que conlleva una responsabilidad moral y espiritual sobre la nación. Ser rey no implica únicamente ostentar un estatus privilegiado, sino velar por el rumbo de su pueblo, garantizando tanto su bienestar material como su integridad espiritual.
Por ello, cuando los líderes guardan silencio ante la corrupción, el pecado o la idolatría, su pasividad es interpretada como una forma de consentimiento, tal como reza el dicho: ‘El que calla, otorga’. Este es un refrán popular que significa que cuando alguien guarda silencio ante una afirmación o acusación, se interpreta como una aceptación tácita de lo dicho. También tiene equivalentes en otros idiomas, como en inglés: "Silence gives consent" ("El silencio da consentimiento") y en francés: "Qui ne dit mot, consent" ("Quien no dice nada, consiente").
1 Reyes 15 Versículo 13
Rashí explica que, Maajá creó un ídolo abominable que tenía la forma de un cuerpo masculino desnudo y estaba dedicado a la adoración de Asherá. Según los Sabios, este objeto era degradante pues era evidente su uso lujurioso e impúdico, contrariando abiertamente lo que la Torá prescribía, además, la desfachatez era tal, que misma mantenía relaciones con él diariamente. Esto enfatiza la gravedad de su idolatría y corrupción moral.
Asá no solo desafió a la poderosa reina madre, quien mantuvo su influencia a lo largo de los reinados de tres monarcas (Rejavam, Abiyam y Asá), sino que también tuvo que ejercer toda su autoridad real para destituirla y despojarla de su posición de nobleza. Al hacerlo, asumió un gran riesgo político, ya que su decisión, de seguro generaría una fuerte oposición entre la nobleza y los partidarios de la reina madre, poniendo en peligro la estabilidad de su propio trono.
Ralbag explica que, Asá destruyó esa figura abominable. Lo quemó, ya que la idolatría está prohibida para cualquier beneficio, y por ello arrojó sus cenizas en el arroyo de Kidrón, para evitar que alguien pudiera obtener provecho de ellas.
Malbim dice que el significado del versículo no se limita a la acción de Asá contra los ídolos, sino que resalta su ruptura con la influencia materna en la política y religión de Yehudá. Maajá, aunque madre del rey Abiam, continuó ejerciendo poder e influencia en el reino, representando la conexión con prácticas idolátricas arraigadas en la corte real.
Al tomar la decisión de removerla de su posición de honor, Asá no solo estaba combatiendo la idolatría de manera formal, sino también desmantelando el legado de permisividad que caracterizó a sus predecesores. Esto refleja la visión de liderazgo, donde la realeza no es solo una cuestión de poder, sino una responsabilidad espiritual que exige preservar la identidad religiosa del pueblo.
Además, el acto de destruir su ídolo y arrojar sus cenizas para que se disuelvan en el agua, tal como lo hizo Moshé con el becerro de oro, refuerza su postura radical contra cualquier forma de idolatría. Al hacerlo, no dejó margen para reinterpretaciones o compromisos con quienes todavía mantenían afinidad con estos cultos paganos. La eliminación total del objeto idolátrico asegura que no pueda ser reutilizado ni venerado de ninguna manera, cumpliendo con el principio de que la idolatría no debe generar ningún provecho.
Este episodio marca un punto de inflexión en la historia religiosa de Yehudá, estableciendo un modelo de liderazgo donde la devoción a Dios debe prevalecer por encima de la tradición familiar o política.
1 Reyes 15 Versículo 14
Rashí explica que, los altares privados, no fueron eliminados, refiriéndose a aquellos lugares donde la gente estaba acostumbrada a brindar ofrendas a Dios desde la destrucción del Santuario de Shiló hasta la construcción del Templo de Jerusalén. Durante ese período, el uso de estos altares estaba permitido, pero una vez que se estableció el Templo, su uso quedó prohibido. A pesar de ello, estos altares continuaron existiendo, contrariando la prescripción de la Torá.
Sin embargo, esto constituía una transgresión, ya que una vez que el Templo de Jerusalén fue edificado, todos esos altares quedaron prohibidos, tal como está escrito en Debarim 12:13: "Cuídate de no brindar tus ofrendas en cualquier lugar que veas, sino solamente en el lugar que el Señor elija".
Daat Mikrá señala que los altares que no fueron eliminados no pertenecían a cultos paganos, sino que eran altares privados utilizados por el pueblo para el servicio a Dios, permitiéndoles presentar sus ofrendas sin necesidad de trasladarse al Templo de Jerusalén, especialmente aquellos que vivían lejos de la ciudad.
Sin embargo, el versículo enfatiza que, el corazón de Asá estuvo dedicado por entero al Señor, es decir, él solamente ofrendaba en el Templo de Jerusalem sin recurrir a ningún otro altar.
1 Reyes 15 Versículo 15
Don Isaac Abarbanel dice que Abiam y Rejabam habrían retirado objetos sagrados de los tesoros del Templo, y ahora Asá los restauraba, devolviendo tanto los tesoros de su padre como los del Templo que habían sido extraídos previamente.
Los relatos bíblicos no detallan explícitamente las razones por las cuales Abiam y Rejabam retiraron los objetos sagrados del Templo, pero hay varias explicaciones posibles basadas en el contexto histórico y en explicaciones de los comentaristas.
Una posibilidad es que los hayan utilizado para financiar asuntos militares o políticos, ya que ambos monarcas enfrentaron conflictos significativos. Rejabam tuvo que lidiar con la amenaza de Shishak, rey de Egipto, quien invadió Yehudá y saqueó el Templo, llevándose los tesoros más valiosos (ver Reyes I 14:25-26). Es probable que, antes de la invasión, RejaBam intentara resguardar ciertos objetos o emplearlos para sobornos y negociaciones.
Abiam, por su parte, estuvo involucrado en una guerra prolongada contra el reino de Israel. Es posible que, en este contexto, haya recurrido a los bienes sagrados para sostener su trono, financiar a su ejército o fortalecer su posición frente a sus adversarios, forjar alianzas, etc.
También existe la posibilidad de que su retirada de objetos sagrados reflejara cierta negligencia religiosa o desinterés en la correcta administración del Templo.
Sea una o varias las causas, Asá se propuso restituir todo a la casa de Dios.
La acción de Asá demuestra un nivel de integridad y devoción poco común en la monarquía de su tiempo. A pesar del valor material de los objetos consagrados, él no los utilizó para su beneficio ni para fortalecer económicamente su reino, sino que los destinó por completo al servicio de Dios.
Este gesto resalta su compromiso genuino con la fe y con la correcta administración del Templo, asegurando que los bienes sagrados fueran restaurados a su propósito original. Su decisión contrasta con la de otros reyes que, en distintas épocas, sí utilizaron los tesoros del Templo con fines políticos o militares.
1 Reyes 15 Versículo 16
Malbim explica que, aunque en Dibré Haiamim se menciona que no hubo guerra significativa hasta el año 15 del reinado de Asá, en realidad siempre hubo conflictos y disputas entre el reino de Yehudá y el reino de Israel.
Estos enfrentamientos menores probablemente fueron choques políticos, tensiones fronterizas y escaramuzas esporádicas a lo largo de los años. Sin embargo, en el año 15 del reinado de Asá, la guerra escaló y se convirtió en un conflicto grande y decisivo entre ambas naciones, tal como relata en los próximos versículos.
1 Reyes 15 Versículo 17
Ralbag dice que, Baashá, rey de Israel, decidió fortificar la ciudad de Ramá para bloquear el acceso a Yehudá y evitar que el pueblo pudiera viajar a Jerusalén libremente. Sin embargo, hay una aparente contradicción en la cronología del evento. Según Dibré Haiamim 16:1, esto ocurrió en el año 36 del reinado de Asá, pero Baashá solo gobernó durante 24 años, lo que haría imposible que estuviera vivo en ese momento.
Debemos recordar que Asá reinó sobre Yehudá durante 41 años (Reyes I 15:10). Baashá comenzó a reinar en Israel en el año 3 del reinado de Asá y gobernó durante 24 años (Reyes I 15:33).
Si bien en En 2 Dibré Haiamim 16:1, dice que Baashá atacó Yehudá en el año 36 del reinado de Asá. Sin embargo, según la duración de su reinado, Baashá ya no debía estar en el poder en ese momento, pues gobernó solo 24 años.
Para responder esta aparente contradicción muchos comentaristas explican que los 36 años mencionados en Dibré Haiamim no se refieren al reinado personal de Asá, sino al tiempo transcurrido desde la división del reino entre Yehudá e Israel.
De acuerdo con esta explicación, debemos calcular que, en total, desde la división hasta el año 15 del reinado de Asá, pasaron 35 años. En el año 15 de Asá, se menciona que hubo una guerra con Israel (Dibré Haiamim II 15:10-19). Luego, en el año 16 de Asá, Baashá construyó la fortaleza en Ramá para bloquear el acceso a Jerusalén.
En resumen, el "año 36 del reinado de Asá" en Dibré Haiamim realmente se refiere a 36 años desde la división del reino, lo que equivale al año 16 del reinado de Asá.
Daat Mikrá explica que Baasa, rey de Israel, tomó una acción estratégica contra Yehudá al fortificar la ciudad de Ramá. Este sitio estaba ubicado en una posición clave, cerca de Jerusalén, y su propósito era bloquear el acceso a la capital y restringir la movilidad de Asá y su pueblo. La construcción de esta fortaleza era una amenaza directa, pues dificultaba el comercio, el tránsito de ciudadanos y la comunicación entre distintas partes del reino.
1 Reyes 15 Versículo 18
¿Por qué hizo esto? ¿De dónde dedujo que podría tomar los tesoros del Templo? ¿Acaso no había dicho antes en 14:26 que Shishak se había llevado todos los tesoros del Templo? ¿Por qué el versículo al principio lo llama: Asá y luego: el rey Asá?
Metzudat David dice que, cuando Shishak, rey de Egipto, invadió Jerusalén y saqueó los tesoros del Templo y del palacio real, como se menciona antes en 14:25 Y sucedió que en el quinto año del rey Rejabam, Shishak, rey de Egipto, subió contra Jerusalén. Y tomó los tesoros de la casa del Señor y los tesoros del palacio del rey; tofo tomó, llevándose aun todos los escudos de oro que había hecho Shlomó. Debemos entender que no tomó literalmente todo. Aunque el versículo usa una expresión general para describir el saqueo, lo que realmente significa es que Shishak se llevó todo lo que encontró accesible y valioso, pero quedaron objetos que estaban ocultos o que no encontró.
Asá aparentemente razonó que, si Dios había permitido que Rejabam se rindiera ante Shishak y entregara los tesoros del Templo para preservar el reino, entonces él también, en un momento de peligro como el que representaba el rey Baashá, podía disponer de los tesoros con el mismo propósito. Por esta razón, tomó la decisión de actuar de esa manera.
Daat Mikrá señala que el versículo lo menciona explícitamente como "rey Asá" para resaltar que esta decisión fue tomada por quien tenía la autoridad para hacerlo, es decir, el propio monarca.
1 Reyes 15 Versículo 19
Daat Mikrá explica que, tal vez se refiera al pacto que había hecho Abiam cuando se enfrentó a Yerobam.
Asá no evita llamar soborno a lo que envía, pues ese es precisamente su propósito: inducir a Ben Hadad a romper su pacto de no agresión con Baashá. Al lograrlo, Baashá se verá obligado a enfrentar una nueva amenaza y no podrá concentrarse plenamente en la guerra contra Asá.
1 Reyes 15 Versículo 20
El pasaje describe las acciones del rey de Aram, quien atacó varias ciudades del norte, además, la ofensiva incluyó la región de Kinéret, famosa por su fertilidad y abundancia. Los sabios destacaron la calidad excepcional de sus frutos y mencionaron que sus tierras eran especialmente ricas y productivas.
Daat Mikrá señala que el texto dice que arrasó, pero no dice que conquistó, lo que indica que solamente causó gran destrozo y saqueo y se fueron.
Dan era una de las ciudades principales, en donde Yerobam había colocado un altar para ofrendar allí en vez de ir a Jerusalem y había colocado uno de los becerros de oro.
1 Reyes 15 Versículo 21
Radak explica que, el rey de Israel regresó a Tirtzá, su ciudad de residencia y centro de gobierno. Este regreso refleja un cambio en su estrategia: en lugar de continuar la confrontación con el rey de Yehudá, optó por retirarse, posiblemente debido a las circunstancias de su reinado en sus últimos años.
Yonathan ben Uziel traduce "Tirtzá" con una connotación que sugiere opresión y debilidad, interpretando que el rey no solo volvió a su ciudad, sino que lo hizo en un estado de temor y angustia. Este matiz sugiere que la amenaza del rey de Aram influyó en su decisión y lo dejó en una posición de vulnerabilidad, más que de liderazgo activo
1 Reyes 15 Versículo 22
Asá ordenó a todos los habitantes de la tierra de Yehudá, cuando Baashá se retiró de allí, que ninguno quedara exento de la tarea. Según los sabios en el tratado de Sotá 10a, esto incluía incluso al recién casado, a quien la Torá exime de ciertos deberes en su primer año de matrimonio Debarim 24:5.
Acorde a la opinión de Don Isaac Abarbanel, Asá ordenó a todo Yehudá trasladar los materiales de construcción que Baashá había reunido en Ramá para fortificar las ciudades de Guevá de Binyamín y Hamitzpá, pues temía que Baashá intentara reconstruir su fortificación.
Este episodio no busca detallar la guerra, sino enfatizar el error de Asá al confiar en el apoyo de Aram en lugar de depender de Dios. El profeta Janani lo reprendió, señalando que su falta de fe le traería nuevas guerras.
Continúa Abarbanel diciendo que, la explicación más clara es la que se encuentra en el libro Seder Olam, donde los sabios explican que el decreto de la división del reino de David solo estaba destinado a durar 36 años. Esto se insinúa en la profecía de Ajiá de Shiló a Yerobam, vinculándola al matrimonio de Shlomó con la hija de Faraón. Shlomó reinó 40 años, y en el cuarto año de su reinado se casó con ella, por lo que vivió con ella durante 36 años. Ese fue el período decretado para la división del reino.
En Dibré Haiamim 16:7 se describe con mayor lujo de detalles este evento y la reprimenda de Dios al rey Asá, siendo esto considerado una falta grave para él: En aquel tiempo el vidente Jananí vino a Asá, rey de Yehudá, y le dijo: Por cuanto te has apoyado en el rey de Aram y no te has apoyado en el Señor tu Dios, por eso el ejército del rey de Aram ha escapado de tu mano. ¿No eran los etíopes y los libios un ejército numeroso con muchísimos carros y hombres de a caballo? Sin embargo, porque te apoyaste en el Señor, El los entregó en tu mano. Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo. Tú has obrado neciamente en esto. Ciertamente, desde ahora habrá guerras contra ti. Entonces Asá se irritó contra el vidente y lo metió en la cárcel, porque estaba enojado contra él por esto.
1 Reyes 15 Versículo 23
En Dibré Haiamim se relata que Asá, al ser reprendido por el vidente en nombre de Dios, reaccionó con ira y lo encarceló. Como consecuencia, Dios le envió un castigo proporcional a sus acciones: así como Asá impidió que el profeta se moviera libremente, él mismo perdió la libertad de movimiento debido a la enfermedad en sus pies.
Si bien aquí, en el libro de Reyes no nos relata todos los sucesos de Asá, en Dibré Haiamim II 14 y 15 nos provee más detalles: Asá reinó y el país estuvo en paz por diez años durante sus días. Y Asá hizo lo bueno y lo recto ante los ojos del Señor su Dios, porque quitó los altares extranjeros y los lugares altos, destruyó los pilares sagrados, derribó las Asheras, y ordenó a Yehudá que buscara al Señor, Dios de sus padres y cumpliera la ley y el mandamiento. También quitó los lugares altos y los altares de incienso de todas las ciudades de Yehudá. Y bajo él, el reino estuvo en paz. Y edificó ciudades fortificadas en Yehudá, ya que el país estaba en paz y nadie estaba en guerra con él durante aquellos años, porque el Señor le había dado tranquilidad.
Dijo, pues, a Yehudá: Edifiquemos estas ciudades y cerquémoslas de murallas y torres, puertas y barras. La tierra es aún nuestra, porque hemos buscado al Señor nuestro Dios; le hemos buscado, y Él nos ha dado tranquilidad por todas partes. Edificaron, pues, y prosperaron.
Asá tenía un ejército de trescientos mil hombres de Yehudá que llevaban escudos grandes y lanzas, y doscientos ochenta mil de Biniamín que llevaban escudos y usaban arcos; todos ellos valientes guerreros. Y salió contra ellos Zera el etíope con un ejército de un millón de hombres y trescientos carros, y vino hasta Maresa. Y Asá salió a su encuentro, y se pusieron en orden de batalla en el valle de Sefata junto a Maresa.
Entonces Asá invocó al Señor su Dios, y dijo: Señor, no hay nadie más que Tú para ayudar en la batalla entre el poderoso y los que no tienen fuerza; ayúdanos, oh Señor Dios nuestro, porque en Ti nos apoyamos y en Tu Nombre hemos venido contra esta multitud. Oh, Señor, Tú eres nuestro Dios; que no prevalezca hombre alguno contra Ti.
Y el Señor derrotó a los etíopes delante de Asá y delante de Yehudá, y los etíopes huyeron. Y Asá y el pueblo que estaba con él los persiguieron hasta Guerar; y cayeron tantos etíopes que no pudieron rehacerse, porque fueron destrozados delante del Señor y delante de su ejército. Y recogieron muchísimo botín. Destruyeron todas las ciudades alrededor de Guerar, porque el terror del Señor había caído sobre ellos; y saquearon todas las ciudades pues había mucho botín en ellas. También hirieron a los que poseían ganado, y se llevaron gran cantidad de ovejas y camellos. Entonces regresaron a Jerusalén.
Y el Espíritu de Dios vino sobre Azariáh, hijo de Oded, y salió al encuentro de Asá y le dijo: Oídme, Asá y todo Yehudá y Biniamín: el Señor estará con vosotros mientras vosotros estéis con Él. Y si le buscáis, se dejará encontrar por vosotros; pero si le abandonáis, os abandonará. Y por muchos días Israel estuvo sin el Dios verdadero, y sin sacerdote que enseñara, y sin ley. Pero en su angustia se volvieron al Señor, Dios de Israel, y le buscaron, y Él se dejó encontrar por ellos. Y en aquellos tiempos no había paz para el que salía ni para el que entraba, sino muchas tribulaciones sobre todos los habitantes de las tierras. Y era destruida nación por nación, y ciudad por ciudad, porque Dios los afligió con toda clase de adversidades. Mas vosotros, esforzaos y no desmayéis, porque hay recompensa por vuestra obra.
Y cuando Asá oyó estas palabras y la profecía del profeta Azariáh, hijo de Oded, se animó y quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Yehudá y de Biniamín, y de las ciudades que había conquistado en la región montañosa de Efraín. Entonces restauró el altar del Señor que estaba delante del pórtico del Señor. Y reunió a todo Yehudá y Biniamín y a los de Efraín, Manasés y Shimón que residían con ellos, porque muchos de Israel se pasaron a él cuando vieron que el Señor su Dios estaba con él. Se reunieron, pues, en Jerusalén en el tercer mes del año quince del reinado de Asá. Y aquel día ofrendaron al Señor setecientos bueyes y siete mil ovejas del botín que habían traído.
E hicieron pacto para buscar al Señor, Dios de sus padres, con todo su corazón y con toda su alma; y que todo el que no buscara al Señor, Dios de Israel, moriría, ya fuera pequeño o grande, hombre o mujer. Además, lo juraron al Señor con gran voz, con gritos, con trompetas y con Shofar. Y todo Yehudá se alegró en cuanto al juramento, porque habían jurado de todo corazón y le habían buscado sinceramente, y Él se dejó encontrar por ellos. Y el Señor les dio tranquilidad por todas partes.
1 Reyes 15 Versículo 24
Don Isaac Abarbanel destaca que fue sepultado en una tumba especial que él mismo había preparado en la Ciudad de David. Su lugar de descanso estaba lleno de perfumes y especias cuidadosamente preparadas. Además, tras su muerte, se realizó una gran quema ceremonial, similar a la de otros reyes, en la que se quemaban sus objetos personales para evitar que fueran utilizados por otras personas.
El motivo por el cual se repite tantas veces la referencia a sus padres es para destacar que, a diferencia de su padre y su abuelo, Asá siguió el camino de sus antepasados más justos y nobles. Por ello, mereció ser contado entre ellos y ocupar un lugar junto a los reyes rectos de su linaje.
1 Reyes 15 Versículo 25
Ralbag y Don Isaac Abarbanel explican la manera en que se computaqban los años de reinado de los diferentes reyes de Israel y Yehudá.
Yerobam gobernó veintidós años, durante los cuales Rejabam reinó diecisiete y su hijo Abiáh tres, sumando un total de veinte años en el reino de Yehudá. Yerobam no completó completamente su decimoséptimo año, por lo que ese año se contó tanto para él como para su hijo Nadab.
Nadab, a su vez, tampoco terminó completamente su segundo año de reinado en la era de Asá, por lo que ese año se contabilizó tanto para él como para Baashá. Es por esta razón que el texto menciona que Nadab reinó dos años, aunque en realidad su gobierno abarcó menos tiempo.
Después, Baashá reinó veinticuatro años, completando su tiempo en el año veintiséis de Asá. Sin embargo, como no terminó completamente su último año, ese tiempo se contó también para Omrí, su sucesor. Omrí reinó doce años, lo que llevó su gobierno hasta el año treinta y ocho de Asá.
Este sistema de conteo de años explica varias aparentes discrepancias en los textos bíblicos y aclara por qué ciertos reinados parecen más cortos de lo que realmente fueron. En lugar de seguir una contabilidad estrictamente lineal, el texto emplea un modelo en el que los años no siempre se cuentan de manera aislada, sino que en algunos casos pueden coincidir y solaparse entre dos reinados.
El propósito de este enfoque puede estar relacionado con la manera en que los registros de reyes eran compilados y mantenidos en la antigüedad, donde los periodos de transición se consideraban parte del reinado del monarca anterior.
1 Reyes 15 Versículo 26
Daat Mikrá explica que se refiere a lo dicho anteriormente por el profeta Ajiáh en 14:9 Y has hecho más mal que todos los que fueron antes de ti, y fuiste e hiciste para ti otros dioses e imágenes fundidas para provocarme a ira, y Me arrojaste detrás de tus espaldas. No solamente que ellos actuaron mal, sino que además hicieron desviar a todo Israel.
1 Reyes 15 Versículo 27
Daat Mikrá explica que, probablemente, la guerra contra Yehudá, con su enorme fracaso y la matanza que produjo, dejó una profunda crisis en Israel. Como se menciona en la explicación del versículo 7, hacia el final del reinado de Yerobam, medio millón de hombres del reino de Israel perdieron la vida en el conflicto. Este descontento generalizado habría generado un ambiente de inestabilidad, que Baashá supo aprovechar para revelarse contra el rey y tomar el poder.
1 Reyes 15 Versículo 28
Tal como explicamos en el versículo 25, Nadab reinó durante el segundo y tercer año de Asá, y Baashá comenzó a reinar cuando aún corría el tercer año de Baashá.
1 Reyes 15 Versículo 29
Daat Mikrá sostiene que, al principio, cuando el pueblo se enteró del asesinato de Nadab, hubo un vacío de poder, y pasó un tiempo hasta que Baashá logró afianzarse y ser reconocido como rey. Fue entonces cuando se fortaleció y eliminó a toda la descendencia de Yerovam. Sin embargo, no lo hizo para cumplir la palabra de Dios, sino por interés personal, asegurándose de que nadie pudiera reclamar el trono.
Ralbag explica que cuando Baashá asumió el trono, exterminó por completo la casa de Yerobam. Sin embargo, esto plantea una cuestión sobre por qué su acción se considera un pecado, ya que el destino de la familia de Yerobam había sido decretado por Dios a través del profeta Ajiyá.
El texto indica que Baashá fue castigado no solo por sus propias malas acciones, sino también específicamente por haber destruido la casa de Yerobam. Esto sugiere que, aunque la eliminación de la dinastía estaba profetizada, la intención y motivación de Baashá fueron incorrectas.
Si Baashá hubiera actuado por devoción a Dios, como parte de la ejecución de la voluntad divina, no habría sido castigado. Sin embargo, la motivación real de Baashá no fue corregir los errores de Yerobam ni purificar el reino, sino afianzar su propio poder. De hecho, él mismo siguió los caminos de Yerobam, demostrando que su objetivo no era llevar al pueblo a una mejor dirección espiritual, sino simplemente eliminar cualquier amenaza a su gobierno.
Además, el momento en que Baashá llevó a cabo la masacre también jugó un papel en su falta. Yerobam y su ejército estaban sitiando Guibetón, una ciudad de los filisteos, en una guerra que se consideraba parte de los conflictos de Israel. Al asesinar a Yerobam y su descendencia en medio de una campaña militar, Baashá podría haber debilitado la fuerza de Israel, poniendo en riesgo a su pueblo por un interés meramente personal.
En resumen, el pecado de Baashá no radicó solo en el acto de exterminar la casa de Yerobam, sino en las razones detrás de ello. Lo hizo por ambición personal y no por una verdadera intención de justicia o purificación religiosa, lo que finalmente lo llevó a ser castigado.
1 Reyes 15 Versículo 30
Daat Mikrá dice que se refiere a que no se trataba solo de indiferencia hacia Dios y Sus preceptos, sino de una decisión consciente de relegar a Dios a un segundo plano, ignorar Su presencia y despreciar Sus mandamientos.
Este lenguaje enfatiza la idea de un rechazo activo: no solo dejar de seguir a Dios, sino tratarlo como algo irrelevante, como si Su voluntad no tuviera peso en la vida del gobernante.
Es fundamental comprender que tanto Jeroboam como su hijo no se apartaron de los preceptos ni transgredieron los mandamientos de Dios por deseos personales o por placer—no lo hicieron por el gusto de consumir carne prohibida ni por la voluntad de casarse con mujeres vedadas. Su pecado fue mucho más profundo y calculado: de manera intencionada, desviaron a todo Israel del camino de los mandamientos y les impidieron acudir al templo de Jerusalén durante las festividades de peregrinación.
Este proceder no fue un mero acto de rebeldía, sino una estrategia cuidadosamente diseñada para consolidar su dominio. En su afán de asegurar la estabilidad de su reino, su principal objetivo fue desligar al pueblo de Dios, alejándolo de su vínculo espiritual y reemplazando la fe por un poder político que asegurara su gobierno.
1 Reyes 15 Versículo 31
Así se sella el destino de la dinastía de Yerovam, quedando completamente anulada. Es significativo notar que el texto no menciona que el pueblo haya guardado luto por él, ni tampoco que haya sido sepultado en la tumba de sus padres o en la de los reyes de Israel. Con esto, se cumple la profecía de Ajiyáh en el capítulo 14, versículo 11: Al que muera de Yerobam en la ciudad, se lo comerán los perros. Y el que muera en el campo, se lo comerán las aves del cielo; porque el Señor ha hablado. Y tú, levántate, vete a tu casa. Cuando tus pies entren en la ciudad, el niño morirá. Y todo Israel hará duelo por él y lo sepultarán, pues sólo éste de la familia de Yerobam tendrá sepultura, porque de entre la casa de Yerobam fue hallado en él algo bueno hacia el Señor, Dios de Israel.
1 Reyes 15 Versículo 32
La frase "Y hubo guerra" ya se había mencionado en el versículo 16, ¿Por qué lo repite?
Malbim explica que su repetición aquí requiere una explicación. En este caso, el texto no solo menciona la guerra, sino que profundiza en su causa.
Después de que Baashá exterminó la casa de Yerobam, quien había rebelado contra Shlomó, se podría esperar que Asá lo viera como un aliado. Sin embargo, la guerra entre ellos no fue producto de antiguas disputas familiares, sino de factores políticos y estratégicos más profundos. El texto introduce esta repetición para enfatizar que el conflicto no fue accidental, sino el resultado de intereses opuestos.
Daat Mikrá expresa que, no quiere decir que constantemente, todos los días hubo guerra, sino que, a pesar de que cambió el rey, el rumbo del reino continuó siendo el mismo y por eso la enemistad con Yehudá continuaba. No debemos olvidar lo que dice en Dibre Haiamim II 14:1 y su hijo Asa reinó en su lugar. Y el país estuvo en paz por diez años durante sus días. y 14:6 Y edificó ciudades fortificadas en Yehudá, ya que el país estaba en paz y nadie estaba en guerra con él durante aquellos años, porque el Señor le había dado tranquilidad. Y en 15:15 Y el Señor les otorgó tranquilidad por todas partes y en 15:19 Y no hubo más guerra hasta el año treinta y cinco del reinado de Asá. De aquí vemos que había lapsos de tiempo en que estaban pacíficos.
1 Reyes 15 Versículo 33
Este detalle es crucial, pues indica que la nación aprobó la caída de Nadab y la desaparición de la dinastía de Yerovam. No fue una transición turbulenta como la de David, donde las tribus inicialmente siguieron al hijo de Shaul, ni como la de Yerovam, cuyo gobierno nunca fue reconocido por la tribu de Yehudá. En el caso de Baashá, su autoridad fue aceptada rápidamente y sin resistencia.
El hecho de que el versículo destaque que Baashá comenzó a reinar en el mismo año en que murió Nadab demuestra que la transición se llevó a cabo con gran rapidez, lo que sugiere que el pueblo no solo toleró el cambio de liderazgo, sino que lo favoreció activamente.
1 Reyes 15 Versículo 34
Don Isaac Abarbanel nos dice que, esta es la explicación de por qué Asá estaba enemistado con Baashá, pues Asá era temeroso de Dios, y si Baashá hubiera servido al Eterno, Asá lo habría considerado un aliado, especialmente después de que Baashá exterminó la casa de Yerobam, el enemigo de Asá. Sin embargo, dado que Baashá siguió los pecados de Yerobam y persistió en el mal, Asá no vio adecuado hacer una alianza con él y en cambio mantuvo guerra con él durante todo su reinado.
El versículo enfatiza que la enemistad de Asá con Baashá no fue simplemente una cuestión política, sino que tenía una raíz espiritual. Asá veía a Baashá como un enemigo de Dios, por lo que actuó en consonancia con el principio expresado en el Salmo 139:21: "¿Acaso no odiaré a quienes te odian, oh Señor, y no lucharé contra quienes se rebelan contra Ti?".