El reinado de Shlomó
El reinado de Shlomó
El reinado de Shlomó
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El reinado de Shlomó
El reinado de Shlomó
De la división del reino a Ajav
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Los capítulos de Eliahu
Los capítulos de Eliahu
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El reinado de Ajav
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1 Reyes 12 Versículo 1
Malbim explica que el texto relata el cumplimiento de la profecía de Ajiáh de Shiló. En efecto, cuando murió el rey Shlomó, Rejabam heredó el reino de manera natural, sin necesidad de una unción ni proclamación. Esto se debe a que, según la legislación judía, no se unge a un rey hijo de rey, como afirmaron nuestros sabios en Horayot y Keritot. Así está escrito en el versículo anterior: "Y yació Shlomó con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de su padre David; y su hijo Rejabam reinó en su lugar". Sin embargo, el pueblo de Israel buscó un pretexto y acudió a proclamarlo rey, realizando la coronación para demostrarle que aún no lo consideraban soberano hasta que fuera aceptado por la voluntad del pueblo y cumpliera las condiciones que ellos le impusieran.
El motivo por el cual el pueblo acudió a Shejem y no a Jerusalén radica en que Jerusalén, ubicada en el territorio de la tribu de Yehudá, habría ofrecido a Rejabam el respaldo de los hombres de su propio linaje. En cambio, Shejem, capital de la tribu de Yosef, estaba alineada en oposición a Yehudá. En ese lugar, el pueblo se sentía más seguro y cómodo para cuestionar al rey o rebelarse contra él, sin temor a ser intimidados por los guerreros de Yehudá, conocidos por su fuerza y fervor en la defensa de la continuidad de la monarquía en su tribu.
Don Isaac Abarbanel coincide con esta interpretación. Afirma que, tras la muerte de Shlomó, Rejabam se dirigió a Shejem porque todo Israel se congregó allí para proclamarlo rey. Esto demuestra que el pueblo no deseaba ir a Jerusalén, sino que prefirió Shejem, territorio de la tribu de Efraim, de donde procedía Yerobam. Esta elección permitió que Yerobam acudiera con el apoyo de su familia, protegiéndose de posibles represalias del rey. Además, buscaban justificar su rebelión, debemos recordar que la ciudad de Shejem, como se menciona en el Midrash (Sanedrín capítulo 11, 102a), era un lugar marcado por calamidades: allí fue ultrajada Diná, la hija de Yaakov; allí los hermanos vendieron a Yosef; y allí se produjo la división del reino.
Según Daat Mikrá, es posible que Rejabam, intentando mostrarse complaciente y humilde ante el pueblo, decidiera someterse a ser proclamado rey por ellos, aunque no fuera necesario. Optó por acudir a Shejem en lugar de Jerusalén como un gesto de favor y deferencia hacia la tribu de Efraim, una de las más prominentes. Sin embargo, muchos interpretaron esta decisión como un signo de debilidad y falta de liderazgo por parte del nuevo monarca.
Otra opinión, citada por el historiador Flavio Josefus, sostiene que el pueblo pretendía coronar a Yerobam, perteneciente a la tribu de Efraim. Por esta razón, Rejabam se trasladó a Shejem, buscando asegurar su coronación ante el pueblo reunido.
De manera similar, Radak comenta que Shejem pertenecía a la tribu de Efraim y que la profecía de Ajiáh de Shiló dirigida a Yerobam ya se había difundido entre el pueblo. Por ello, el pueblo de Israel convocó a Yerobam con la intención de encontrar un pretexto para transferirle el reino. Esto explica por qué rechazaron ir a Jerusalén, prefiriendo Shejem, territorio de Efraim y de Yerobam. Esta situación obligó a Rejabam a dirigirse a Shejem para evitar que el reino se desmoronara y asegurar su reconocimiento como monarca legítimo.
1 Reyes 12 Versículo 2
Metzudat David señala que Yerobam se enteró de que Shlomó, quien lo buscaba para ajusticiarlo, había fallecido. Tal como se relató en el capítulo anterior (11:40), Yerobam permaneció en Egipto hasta la muerte de Shlomó, pues Dios le había indicado que sólo reinaría tras el fallecimiento de este. Mientras Shlomó estuviera vivo, Yerobam no podía tomar acciones en su contra, y obedeció esta instrucción con absoluto rigor. Por ello, al enterarse del fallecimiento de Shlomó, se mantuvo alerta y preparado para que se cumpliera la profecía anunciada por el profeta Ajiáh.
En este contexto, Don Isaac Abarbanel observa que el versículo enfatiza que Yerobam permaneció asentado en Egipto incluso después de conocer la muerte de Shlomó, optando por quedarse allí hasta ser convocado por los habitantes de Shejem.
1 Reyes 12 Versículo 3
El uso de tantos verbos correlativos refleja la celeridad con la que actuaron.
Los ancianos de la comunidad lo enviaron para que los acompañara ante Rejabam y actuara como su portavoz. Por esta razón, el texto menciona a Yerobam antes que a toda la asamblea de Israel; sabían que no guardaría silencio frente a él, tal como no lo hizo cuando se rebeló contra Shlomó (ver 11:27).
Al observar que Yerobam, conocido crítico del reinado de Shlomó, se encontraba entre la multitud, Rejabam debió haber anticipado que la situación no era simplemente un pedido ingenuo por parte del pueblo. La presencia de Yerobam, quien ya había demostrado oposición abierta a las políticas de Shlomó, era un indicio claro de una posible sublevación en curso. Este detalle debió alertar a Rejabam sobre la gravedad del momento y la necesidad de actuar con mayor prudencia y estrategia.
1 Reyes 12 Versículo 4
Metzudat David explica que lo que el pueblo reprocha es: "Dado que tú no alcanzas la grandeza de tu padre, a quien acudían desde los confines de la tierra para admirarlo, ¿qué necesidad tienes de que mantengamos un elevado número de servidores y tantos caballos? Renuncia a todo esto y alivia nuestra carga."
Radak añade que, en cuanto al tributo anual que se les imponía, el pueblo realmente no tenía motivos para quejarse, ya que durante el reinado de Shlomó vivían en gran tranquilidad y abundancia. El tributo era liviano para ellos, pues durante ese tiempo no enfrentaron el ataque de enemigos. Sin embargo, todo formaba parte de un designio divino para buscar un pretexto contra Rejabam, provocando su separación y allanando el camino para que Yerobam fuera coronado rey.
Según Abarbanel, este yugo puede interpretarse en tres aspectos:
Aspecto judicial: Shlomó administraba justicia y juicio para todo el pueblo. No obstante, el pueblo, al sentirse afectado por los juicios estrictos, se quejaba, solicitando que no se aplicara la justicia con tanta rigurosidad. Querían que Rejabam fuera más indulgente y perdonara las faltas, ya que consideraban la estricta administración de justicia de Shlomó como un "yugo pesado."
Aspecto económico: Shlomó impuso una carga significativa al pueblo para mantener la opulencia de su casa, incluyendo los banquetes majestuosos y el cuidado de sus cuarenta mil caballos y doce mil jinetes. Para ello, estableció oficiales encargados de suministrar alimentos y forraje, tal como se describe en el capítulo 4:26. Además, visitantes de todos los pueblos y reinos acudían para escuchar su sabiduría, lo que también generaba cargas para los habitantes locales, que debían hospedar y atender a estos visitantes. Esta logística representaba una carga considerable para el pueblo, especialmente cuando comenzaron las guerras lideradas por Ben Hadad y Rezón ben Eliadá, lo que disminuyó la tranquilidad del reino y aumentó los esfuerzos del pueblo.
Aspecto tributario: En su vejez, Shlomó impuso tributos anuales para financiar las guerras, lo que se sumó a las demás cargas.
Por todas estas razones, el pueblo dijo a Rejabam: "Tu padre hizo pesado nuestro yugo; ahora pues, aligera la dura servidumbre de tu padre y el pesado yugo que puso sobre nosotros y te serviremos." En otras palabras: "Tú, que no tienes el orgullo altivo de, no persigas los mismos logros ni aspiraciones que tu padre deseaba. Alivia esta dura servidumbre y este pesado yugo, y así te serviremos con alegría y gratitud."
1 Reyes 12 Versículo 5
Malbim explica que el rey dio dos instrucciones consecutivas:
Primero, les pidió que se retiraran y dejaran su solicitud en pausa durante tres días. Este acto no fue un rechazo, sino una manera de indicar que necesitaba tiempo para pensar en su respuesta.
Después, les ordenó que regresaran al tercer día. Al hacerlo, ellos seguirían su indicación y no estarían desafiando su autoridad, sino mostrando respeto por las reglas que él estableció.
El mensaje aquí subraya que al regresar tras el tiempo solicitado por el rey, se mantiene el respeto por su posición y su protocolo.
Don Isaac Abarbanel en cambio sostiene que, Rejabam cometió un error táctico al pedirle al pueblo que regresara en tres días, en lugar de darles una respuesta inmediata. Este intervalo de tiempo les permitió reflexionar y organizarse mejor como grupo, lo que les dio la oportunidad de plantear sus demandas de manera más firme y estratégica. En una situación tan crítica, donde el objetivo era consolidar su posición como rey, era mucho más eficaz asumir el reinado de inmediato, incluso si no estaba completamente preparado. Una vez en el poder, podría tomar las decisiones necesarias y ajustar las cosas según su criterio.
El acto de posponer la respuesta pudo haber mostrado inseguridad o falta de liderazgo, lo que generó incertidumbre entre el pueblo y dio espacio para cuestionamientos. Sin embargo, este desenlace no se atribuye únicamente a una falta de estrategia por parte de Rejabam, sino que se interpreta como parte del plan divino. Según la narración, Dios permitió que sucediera de esta manera para cumplir Su palabra y asegurar que los eventos se desarrollaran según lo previsto.
1 Reyes 12 Versículo 6
Malbim sostiene que este versículo dice: Y el rey pidió concejo, hasta ese momento, todavía lo llamaban Rejabam, porque el pueblo no lo consideraba rey. Pero él, se veía a sí mismo como rey por su propia cuenta, sin necesidad de la coronación del pueblo ni de satisfacer sus demandas.
Con esta perspectiva, se asesoró con los ancianos que habían estado ante Shlomó, su padre, Rejabam no buscaba consejo, ya que había decidido por completo no cumplir sus demandas. Es por eso que no les explica a los ancianos qué es lo que el pueblo había pedido, más bien, quería recibir de ellos asesoramiento sobre cómo rechazarlos: si hacerlo con palabras suaves, con engaños o con palabras duras y amenazantes. Por ello dijo: '¿Cómo aconsejáis que responda a este pueblo?'
Daat Mikrá destaca que dice: que habían servido a su padre Shlomó cuando aún vivía, es decir, una vez que falleció Shlomó, ellos ya no tenían ese rango, los que asesoraban a Rejabam serán sus jóvenes amigos, como veremos en los próximos versículos.
1 Reyes 12 Versículo 7
Metzudat David dice que, el concejo fue que al responder, es importante utilizar palabras que transmitan humildad y respeto. Esto ayuda a aliviar tensiones, mostrar empatía y mantener la conexión con los interlocutores. Además, se propone no limitarse a responder estrictamente a lo que te han preguntado, sino añadir comentarios positivos o beneficiosos que vayan más allá de sus expectativas, lo cual fortalece la relación y eleva la percepción de tu respuesta.
Malbim dice que ellos le aconsejaron que si hoy él se mostraba como servidor de este pueblo y los sirves', es decir, esta será tu respuesta: que eres su servidor. De esta forma, no harán más condiciones ni leyes, sino que responderás y les hablarás con buenas palabras, lo cual será suficiente para ellos y calmará su enojo. En Dibre Haiamim está escrito: 'Si eres bueno para este pueblo y los satisfaces,' allí explica que les diga que está actuando únicamente para el beneficio de este pueblo y no para su propio beneficio, y que su propia voluntad está subordinada a la de ellos. Con esto, serán tus siervos para siempre.
También dijeron específicamente: 'Si hoy te haces…' es decir, no esperes tres días, sino que hoy los convocas y les respondes que eres su servidor, para que parezca que esto es algo simple para ti, sin necesidad de consultar o pensar al respecto. De esta manera, los sorprenderás de repente y te coronarán sin condiciones.
Don Isaac Abarbanel acentúa mas esta idea y agrega que el mensaje de los ancianos subraya una lección importante: un líder no debe temer parecer humilde o incluso servil frente a su pueblo al principio. Al actuar como un "siervo del pueblo" por un solo día, utilizando únicamente palabras amables y tranquilizadoras, puede ganar la confianza y el apoyo de su comunidad. Esto le asegurará una lealtad duradera de su pueblo, quienes después se convertirán en sus siervos de manera continua. Es decir, la inversión inicial de humildad y cercanía resulta en una estabilidad y autoridad a largo plazo.
La idea central que transmiten los sabios en Horayot 10b es que quien asume un cargo de liderazgo en realidad asume una responsabilidad hacia la comunidad y se convierte, en cierto sentido, en su siervo. Este concepto refuerza la idea de liderazgo como un servicio al bien común, más que una búsqueda de poder personal
1 Reyes 12 Versículo 8
Don Isaac Abarbanel dice que de este versículo queda claro que su decisión de rechazar la sabiduría de los ancianos fue inmediata. No consideró la posibilidad de comparar ambas perspectivas para seleccionar la mejor opción. Tan pronto como escuchó el consejo de los ancianos, lo desechó sin tomarlo en cuenta y, en lugar de reflexionar sobre ello, procedió directamente a consultar con los jóvenes.
Es importante notar que Rejabam no buscó el consejo de los jóvenes por su sabiduría o experiencia, sino porque ellos habían crecido junto a él y ocupaban posiciones a su servicio. Esto demuestra que su inclinación hacia los jóvenes no estaba basada en su conocimiento ni en su capacidad, sino en la cercanía personal y su presencia en su círculo inmediato.
Otro detalle significativo es que Rejabam no compartió con los jóvenes el consejo que había recibido de los ancianos. Hubiera sido lógico mencionarles aquella perspectiva para evaluar si coincidían o si aportaban algo diferente. Este método de consulta comparativa, como el que utilizó Abshalón al contraponer el consejo de Jushay y el de Ajitofel, habría sido más prudente. Sin embargo, debido al rechazo deliberado de Rejabam hacia el consejo de los ancianos, él decidió no mencionarlo ni siquiera de forma superficial.
Malbim explica que Rejabam abandonó el consejo de los ancianos porque estos le ofrecieron una recomendación que él no había solicitado en absoluto. Tal como señalamos anteriormente en el versículo 6, Rejabam no buscó su asesoramiento para tomar una decisión, pues ya había determinado no cumplir con las demandas del pueblo. Lo que deseaba, en realidad, era consejo sobre la manera de rechazar dicha petición: si hacerlo con palabras suaves, mediante engaños, o con un tono duro y amenazante. En resumen, su única consulta era sobre la forma en que debía responder al pueblo.
Es posible que Rejabam percibiera que el pueblo lo consideraba débil. Como mencionamos en el versículo 1, no era necesario que el nuevo rey fuera formalmente instaurado o proclamado, ya que era el heredero legítimo y, conforme a la ley, asumía el trono de inmediato tras el fallecimiento de su padre. Sin embargo, Rejabam, en un intento por mostrarse accesible y humilde ante el pueblo, decidió someterse a la proclamación oficial por parte de ellos, a pesar de ser eso completamente innecesario. Optó por ir a Shejem para ser coronado, como un gesto de deferencia y favor hacia su pueblo.
No obstante, muchos del pueblo interpretaron esta decisión como un signo de debilidad y falta de liderazgo por parte del nuevo monarca. Ahora, Rejabam buscaba remediar esta percepción, considerando que la situación se estaba descontrolando. Llegó a la conclusión de que era el momento de reafirmarse como el rey legítimo, mostrar que tenía pleno control y autoridad, y que no dependía ni requería del consenso popular.
Por ello, decidió consultar a los jóvenes, quienes estaban a su servicio y que fueron designados como nuevos ministros y consejeros en la administración del reino. Esta elección tenía implicaciones en sus propios intereses personales, ya que en un reino limitado, también la autoridad de los ministros estaría restringida. En consecuencia, los jóvenes tenían razones para buscar estrategias que garantizaran un reino sólido, fuerte y respetado, protegiendo tanto la autoridad del monarca como su propia posición dentro del sistema de gobierno.
Daat Mikrá explica que el término “jovencitos que habían crecido con él” no debe interpretarse literalmente como si se tratara de niños o personas jóvenes en edad. Si ellos crecieron junto con Rejabam, se deduce que tienen aproximadamente 41 años, como él, o edades cercanas. Sin embargo, el uso de la expresión “jovencitos” tiene un tono peyorativo en el texto, y busca destacar que, aunque cronológicamente no eran tan jóvenes, carecían de experiencia y sabiduría suficiente. Esta descripción subraya la inmadurez e incapacidad de estos individuos para ofrecer un consejo sólido y fundamentado, lo cual contrasta con los ancianos que habían sido consejeros de Shlomó.
No debemos pasar por alto que aquellos que crecieron junto a Rejabam, así como la casa de Shlomó, debido a las numerosas esposas que este último tomó, estuvieron expuestos a una proliferación de altares y prácticas paganas. Es razonable pensar que esta constante presencia e influencia de creencias extranjeras pudo haber afectado también a los jóvenes consejeros, moldeando su forma de pensar y posiblemente debilitando su lealtad a los valores y preceptos que enseñaban los sabios de Israel.
1 Reyes 12 Versículo 9
Como mencionamos anteriormente, Rejabam ya había decidido no cumplir con las demandas del pueblo cuando consultó a los ancianos. Su objetivo al acudir a ellos no era tomar una decisión, sino obtener un pretexto sobre cómo responderles. En cambio, al consultar a los jóvenes, estaba seguro de que ellos compartirían su postura de rechazar las demandas del pueblo. Por esta razón, no tuvo reparos en expresarles directamente cuáles eran las exigencias del pueblo, confiando plenamente en su apoyo para descartar el pedido.
1 Reyes 12 Versículo 10
Don Isaac Abarbanel dice que los jóvenes, fueron más lejos aun, pues no solo le dicen lo qué hacer, sino también, cómo lo debe expresar, y le sugirieron exactamente qué palabras decir, sin añadir ni omitir nada: "Así dirás a este pueblo... así les hablarás: Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre."
Este consejo, al ser analizado, revela una mezcla de arrogancia, falsedad y falta de buen juicio. Por un lado, Rejabam declara que su dedo meñique es mayor en tamaño y fuerza que los lomos de su padre, Shlomó. Esta afirmación tiene dos implicaciones: en primer lugar, indica que Rejabam no necesita someterse al yugo impuesto por su padre debido a su grandeza y autoridad superiores. En segundo lugar, busca refutar las demandas del pueblo de aliviar su carga, sugiriendo que él es incluso más poderoso y majestuoso que su predecesor. Esta declaración no solo es una falsedad evidente, sino también un acto inapropiado que menoscaba el legado y la dignidad de su padre.
Incluso si aceptáramos la posibilidad de que Rejabam hubiera superado a Shlomó en términos de grandeza y poder, expresar tal afirmación abiertamente habría sido imprudente y deshonroso. Debería haber exaltado la grandeza de su padre y mostrado respeto hacia su memoria. Cabe preguntarse: ¿alguna vez Shlomó habló de esta manera sobre su propio padre, David, a pesar de que era, sin lugar a dudas, superior en sabiduría y majestad? ¿O acaso David utilizó palabras similares para referirse a Saúl, su predecesor y enemigo?
En este contexto, la respuesta de Rejabam no solo muestra una falta de respeto hacia su padre, sino que también expone la superficialidad y el egoísmo que caracterizan su liderazgo. Shlomó, con su cinturón y sus sandalias, simbolizaba una grandeza que superaba incluso a la de todos los reyes posteriores de Israel y Yehudá. ¿Cómo pudo Rejabam despreciar su memoria con declaraciones tan arrogantes y despectivas?
Daat Mikrá explica que el dedo meñique, siendo el miembro más pequeño del cuerpo humano, se utiliza como símbolo de algo diminuto y aparentemente insignificante. Por otro lado, los lomos, que corresponden a los abdominales, representan el ancho completo del cuerpo humano, es una zona asociada tanto a fuerza como a estabilidad. Según la analogía presentada, el grosor del miembro más pequeño de Rejabam, su dedo meñique, es más ancho que todo el grosor del cuerpo de su padre, Shlomó.
Esta comparación metafórica transmite un mensaje de fuerza y autoridad superiores. Rejabam busca establecer que su liderazgo será más imponente y dominante que el de su padre, indicando que no tolerará ninguna insurrección ni permitirá cuestionamientos por parte del pueblo. Con esta declaración, pretende reafirmar su control absoluto sobre el reino y consolidar su posición como monarca indiscutible.
El motivo por el cual vuelve a repetir los jovencitos que se habían criado con él es para destacar sarcásticamente, que no se trataba de personas sabias, sino, tal como los niños que hablan sin sentido.
1 Reyes 12 Versículo 11
Don Isaac Abarbanel dice que la intención de su declaración : Ahora, mi padre os cargó con un pesado yugo, yo añadiré a vuestro yugo, aquí Rejabam reconoció las palabras del pueblo, quienes dijeron que Shlomó les impuso un yugo pesado. Sin embargo, habría sido más apropiado que respondiera: '¡Dios no lo quiera que hablen así de Shlomó, el ungido del Señor! Pues él honró al Señor con sus riquezas, los benefició como un padre que complace a su hijo, los estableció en paz y tranquilidad por muchos años, llenó su tierra de plata y oro traídos de países lejanos, y les hizo bondades grandiosas. ¿Cómo se atreven a decir que les impuso un yugo pesado? Lo que hizo mi padre fue justo, conforme a la ley, y de acuerdo con los derechos del reino; no se desvió de ellos, y así lo haré yo también.' Sin embargo, los jóvenes asesores de Rejabam, a quienes el Señor no concedió buen entendimiento ni sabiduría, en su locura, ceguera y desconcierto, aceptaron los reclamos del pueblo reafirmando que Rejabam los mantendría y que aun los empeoraría.
Continuando con las palabras de Rejabam: "Mi padre los castigó con látigos, pero yo los castigaré con escorpiones," observemos que el término "látigos" hace referencia al instrumento utilizado para golpear al caballo, mientras que "escorpiones" alude a instrumentos con púas de hierro, comúnmente conocidas como esporas. Por otro lado, si interpretamos que se refiere literalmente a escorpiones, esto implica una comparación simbólica: los látigos solo causan heridas superficiales, mientras que las picaduras de los escorpiones penetran profundamente, inyectando veneno que se dispersa por todo el cuerpo, provocando daños internos graves y dolorosos.
Con esta declaración, Rejabam planteó que los actos de su padre fueron apenas pequeños males en comparación con el castigo severo que él tenía planeado imponer. De esta manera, degradó al pueblo al equipararlo con animales irracionales, presentándose él y su padre como los jinetes que los dominan y controlan. Además, reconoció que su padre los trató con dureza, pero dejó claro que él incrementaría aún más esa severidad, reforzando una imagen de poder y autoridad absoluta.
¿Quién puede escuchar estas palabras sin que se retuerza su corazón? Era inevitable que el pueblo no se rebelara al escuchar declaraciones tan malvadas. Recordemos el caso de Shiba ben Bijrí (Shmuel II 20:1), donde relata que, por unas palabras menores pronunciadas por los hombres de Yehudá en forma inapropiada, Shiba proclamó: 'No tenemos parte con David, ni herencia con el hijo de Ishai. Cada hombre a sus tiendas, Israel,' y todo el pueblo de Israel abandonó a David y siguió a Shiba ben Bijrí. Entonces, ¿cómo pudo Rejabam, con la ayuda de sus consejeros necios, pensar que, al hablar con dureza al pueblo, lograría ser coronado como rey? Deberían haber considerado que, tras la negativa de Israel de ir a Jerusalén y su elección de reunirse en Shejem, y después de plantear allí exigencias tan duras e irracionales, ya se podía prever que buscaban rebelarse. Tal como Shiba ben Bijrí, si no hubieran tenido la intención de rebelarse, no habrían iniciado el asunto. Sin embargo, los jóvenes e insensatos asesores de Rejabam, no prestaron atención al comienzo del evento, que ya se basaba en una conspiración, ni reflexionaron sobre su desenlace.
1 Reyes 12 Versículo 12
Podemos observar que el pueblo aún reconocía el derecho legítimo de Rejabam a la monarquía, razón por la cual lo llaman "rey".
Según Daat Mikrá, la mención específica de Yerobam tiene un propósito claro: destacar su papel como el representante oficial del pueblo y su interlocutor principal en este contexto. Yerobam no solo personificaba las demandas y preocupaciones del pueblo, sino que también actuaba como el vínculo formal entre ellos y Rejabam, reflejando la importancia de su figura en este evento.
1 Reyes 12 Versículo 13
Daat Mikrá destaca que el texto bíblico utiliza la expresión "el rey" en lugar de mencionar a Rejabam por su nombre, lo que pone de manifiesto el tono autoritario y altivo con el que se dirigió al pueblo, como un monarca que dicta órdenes a sus súbditos. El versículo enfatiza esta actitud al señalar explícitamente que les habló con dureza.
Esto está directamente relacionado con lo que dice el texto: "abandonó el consejo que los ancianos le habían dado." En el versículo 7, los ancianos le habían aconsejado que les hablara de manera amigable y amable, diciéndoles "buenas palabras." Sin embargo, no solo rechazó la sugerencia de ceder a las demandas del pueblo, sino que también desechó la manera de abordarles. Es por eso que vuelve a decir: abandonó el consejo que los ancianos. En lugar de emplear un tono conciliador y cordial, Rejabam optó por una actitud ruda y autoritaria, lo que marcó un contraste absoluto con la guía proporcionada por los ancianos.
1 Reyes 12 Versículo 14
El versículo anterior dijo que abandonó el consejo de los sabios, y aquí afirma que tomó lo que le dijeron los jóvenes inexpertos.
Daat Mikrá dice que se debe observar que, en la narración, Rejabam adoptó el consejo de los jovencitos y además hasta las palabras que le fueron dadas; pero decidió no decir la frase "Mi dedo meñique es más grueso que los lomos de mi padre," como le habían aconsejado, posiblemente porque sintió vergüenza de utilizar una expresión tan arrogante y exagerada. Sin embargo, el resto de sus palabras sí siguieron las recomendaciones que recibió.
En el versículo 4, Metzudat David explica que la queja principal del pueblo hacia Rejabam se centraba en la comparación con su padre, Shlomó. Shlomó, cuya grandeza atraía a personas desde los confines de la tierra para admirarlo, justificaba con su prestigio y sabiduría el mantenimiento de un gran número de servidores y caballos. Sin embargo, al no haber alcanzado Rejabam la misma grandeza, el pueblo consideraba innecesaria y excesiva la carga que esto imponía. Por esta razón, le sugerían que redujera tanto el número de servidores como de caballos, aliviando así el peso de los tributos que recaía sobre ellos.
Lejos de atender esta petición, Rejabam dejó claro que no solo no disminuiría la cantidad de servidores y caballos, sino que incluso los aumentaría. Con esta decisión, también incrementaría la carga tributaria sobre el pueblo, reforzando su postura autoritaria y desencadenando así una mayor insatisfacción entre las tribus.
1 Reyes 12 Versículo 15
La actitud de Rejabam al inicio de su reinado contrasta marcadamente con la postura de su padre, el sabio Shlomó, quien pretendía servir a su pueblo, mientras que Rejabam pretendía que lo sirvan. Rejabam demuestra una falta de juicio y actúa de manera imprudente y necia, sin humildad ni consideración por las necesidades de su pueblo. Por el contrario, Shlomó, al asumir el trono, busca la sabiduría como su primera y más importante herramienta para gobernar. Se presenta como alguien humilde, consciente de su juventud e inexperiencia, y reconoce su incapacidad para liderar a un pueblo tan grande sin la guía divina.
Tal como declara en 1 Reyes 3:7: “Y ahora, Señor Dios mío, Tú has hecho rey a Tu siervo en lugar de mi padre David, y yo soy joven y no sé cómo salir ni entrar. Concede a Tu siervo un corazón sabio para juzgar a Tu pueblo y para discernir entre el bien y el mal. Pues, ¿quién puede juzgar a este pueblo tuyo tan grande?”
La actitud de Shlomó refleja una auténtica dependencia de la voluntad divina y una comprensión profunda del compromiso que implica gobernar. En contraste, la imprudencia inicial de Rejabam termina alejando al pueblo y fragmentando el reino.
Es importante señalar que no implica que Dios haya anulado el libre albedrío de los involucrados, forzándolos a actuar de un modo específico, ya que esto contradice un principio fundamental del judaísmo. Este principio enseña que todo ser humano posee plena libertad para decidir su camino y actuar conforme a su voluntad, sin que nada lo obligue o predetermine. Tal como explica Rambam en la introducción a su comentario de Pirke Avot (Shemoná Perakim), no hay duda de que los actos de una persona dependen exclusivamente de él: si desea actuar, lo hace, y si no lo desea, se abstiene. Nada lo predestina ni lo fuerza. Por esta razón, la Torá encomienda al ser humano: "¡Observa! He puesto hoy ante ti la vida y el bien, la muerte y el mal... y escogerás la vida" (Debarim 30:15-19).
El libre albedrío es, por lo tanto, un don conferido a la humanidad. Como consecuencia, se impone el castigo al transgresor y la recompensa al obediente, tal como se afirma: "Si escuchan (habrá bendición), si no escuchan (habrá maldición)" (Debarim 11:27-28).
En nuestro versículo se nos narra que, en última instancia, la voluntad de Dios se cumpliría de un modo u otro. Sin embargo, Dios no intervino directamente, ya sea mediante un profeta o de otro modo, para aclararles el camino. Esto subraya que, aunque el desenlace era parte del plan divino, las decisiones de los actores involucrados fueron producto de su propio libre albedrío.
1 Reyes 12 Versículo 16
Radak dice que el pueblo expresa su desacuerdo con Rejabam usando la frase "¿Qué parte tenemos con David?" Esto tiene dos significados importantes. Por un lado, literalmente cuestionan su vínculo y relación con la dinastía de David. Por otro lado, implica un rechazo directo: "Ya no queremos formar parte de esta dinastía." Esto ocurre porque sienten que Rejabam no escucha sus demandas, y además, ha anunciado que hará más pesado su yugo. En otras palabras, el pueblo se pregunta: "¿Por qué deberíamos seguir siendo parte de su reinado si no nos escucha y promete someternos aún más?" La frase refleja su descontento y su decisión de romper con la monarquía de David.
La mención específica de David, y no de Rejabam, se debe a que David es visto como el origen de la dinastía real. Incluso cuando se refieren al hijo o al nieto de David, siguen usando su nombre, tal como aparece en otros versículos: "Mi siervo David será su príncipe para siempre." Esto demuestra que, aunque el rechazo está dirigido a Rejabam, cuestionan toda la continuidad de la dinastía de David.
El pueblo expresa categóricamente: "No tenemos parte con David ni herencia con el hijo de Ishay." Ya no se trata de algo solo contra Rejabam, por mas que éste sea destituido y sea designado otro descendiente de la dinastía de David, de todas formas, no será aceptado por los demás.
La segunda frase, "Mira tu casa," refleja un desafío directo hacia Rejabam: "Observa quién queda contigo y sobre qué casa piensas reinar, porque ciertamente no será sobre la casa de Israel." Esto señala que el pueblo ya no está dispuesto a aceptarlo como su rey. El Targum interpreta esta frase como: "Ahora reina sobre la gente de tu casa, David," una declaración que limita su autoridad exclusivamente a su propia tribu y familia.
Finalmente, el Midrash proporciona una interpretación simbólica de la frase "Mira tu casa, David," sugiriendo que se refiere al Templo Sagrado. En este contexto, la expresión implica que, aunque el pueblo rechaza a Rejabam como rey, David sigue siendo honrado a través del Templo, que permanece como símbolo de su legado espiritual.
Malbim agrega que, si hubiera respondido según el consejo de los ancianos, aunque los sabios entre el pueblo habrían entendido que estaba siendo astuto y que más adelante volvería a imponerse sobre ellos, la mayoría del pueblo no habría percibido esto y habría estado satisfecho con sus palabras. Sin embargo, ahora que todos vieron que no los escuchó, el pueblo respondió: 'No tenemos parte con David.
1 Reyes 12 Versículo 17
Mientras tanto, las demás tribus permanecieron sin rey y, en ese momento, aún no habían tomado medidas activas de rebelión contra él. Es posible que, si Rejabam hubiera adoptado una actitud más conciliadora, se hubiera abierto la puerta a la reconciliación y a la posibilidad de restaurar la unidad entre las tribus. Sin embargo, como se verá en los versículos siguientes, lejos de calmar la situación, su respuesta intensificó el conflicto y avivó aún más las llamas de la discordia.
1 Reyes 12 Versículo 18
Los comentaristas presentan distintas interpretaciones sobre la razón que llevó a Rejabam a enviar a Adoram.
Daat Mikrá opina que, según el texto, Rejabam persistió en su actitud arrogante, viéndose a sí mismo como el legítimo rey de todo Israel. Por eso el versículo subraya: "Entonces el rey Rejabam," reafirmando su visión de autoridad sobre las tribus en su conjunto.
Radak explica que Rejabam envió a Adoram para persuadir al pueblo de regresar a él y aceptarlo nuevamente como su rey. Sin embargo, lejos de lograr su objetivo, el pueblo lo apedreó hasta la muerte. Cuando Rejabam se enteró de este trágico desenlace, comprendió la magnitud de la revuelta y la fortaleza del rechazo hacia él, obligándolo a huir rápidamente en su carro hacia Jerusalén para salvar su vida.
Metzudat David adopta una perspectiva más conciliadora, señalando que el propósito de Rejabam al enviar a Adoram era buscar la reconciliación y hablarles con palabras amables, siguiendo el consejo de los ancianos. No debemos pasar por alto que Adoram había sido designado para ese cargo por el mismo David, lo que lo convertía en una figura de prestigio, bien conocida y respetada por el pueblo. No obstante, Rejabam cometió un grave error de juicio al elegir a Adoram para tratar con el pueblo en ese momento de crisis. Para ellos, Adoram simbolizaba la opresión de los elevados impuestos que habían soportado durante el reinado de Shlomó, y su presencia no hizo más que avivar el resentimiento.
Don Isaac Abarbanel también resalta que Rejabam intentó rectificar su decisión imprudente enviando a Adoram, encargado de los tributos, con el propósito de reconciliarse y hablarles con suavidad. Sin embargo, el pueblo, incapaz de escuchar, lo apedreó hasta matarlo, replicando el rechazo que el propio Rejabam había mostrado hacia sus demandas. Ante esta situación, el rey, temiendo por su vida, reconoció que la rebelión era profunda y temió ser asesinado también. Por ello, huyó apresuradamente en su carro hacia Jerusalén. Su elección de enviar a Adoram en un momento tan delicado solo logró intensificar el resentimiento del pueblo, pues interpretaron este acto como una señal de que Rejabam pretendía continuar con las mismas políticas opresivas de recaudación, tal vez con aún mayor dureza.
Malbim agrega que la misión de Adoram tenía la intención de cobrar los impuestos, demostrando la determinación de Rejabam por mantener los tributos con mano firme, como había declarado previamente: "Mi padre hizo pesado vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con látigos, pero yo os castigaré con escorpiones." Este enfoque provocó una indignación absoluta entre el pueblo, que reaccionó apedreando a Adoram hasta matarlo, lo que obligó a Rejabam a huir precipitadamente. Al percibir el rey que la ira del pueblo había alcanzado niveles incontrolables, se vio obligado a partir sin pompa ni gloria. En lugar de subir a su carruaje con el protocolo y prestigio propios de un monarca, tuvo que trepar apresuradamente al carro, que ya estaba en movimiento, y escapar como pudo, únicamente con el propósito de salvar su vida.
1 Reyes 12 Versículo 19
1 Reyes 12 Versículo 20
Daat Mikrá dice que una vez que Rejabam huyó de Shejem, todo el pueblo se dispersó. Después de eso, los hombres de Israel fueron conscientes de la necesidad de nombrar un rey.
Yerobam había regresado de Egipto, porque no todos lo supieron inmediatamente después de su regreso. Cuando Yerobam vio todo lo que ocurrió con Rejabam, regresó a su hogar, donde se encontraba la casa de su padre y su familia, es por eso que aquí dice que lo congregan nuevamente a Yerobam.
A partir de aquí, Israel serán solo las diez tribus, a excepción de Yehudá y Biniamín.
Cuando dice: sólo la tribu de Yehudá, Radak explica que también incluye a la tribu de Benjamín que está incluida dentro de la tribu de Yehudá, porque Jerusalén estaba entre ambos territorios. Por lo tanto, quien reina en Jerusalén ciertamente gobernará sobre ambas tribus, y por ello la tribu de Benjamín se considera incluida dentro de la tribu de Yehudá
1 Reyes 12 Versículo 21
Quizás esta fidelidad tenga sus raíces en el gesto de Yehudá narrado en el libro de Bereshit. Si bien fue Yehudá quien propuso vender a Yosef, esa misma propuesta fue la que, en última instancia, salvó a Yosef de una muerte segura que sus hermanos inicialmente habían planeado. Más adelante, Yehudá asumió un papel destacado al comprometerse ante su padre, Yaacob, a garantizar el regreso sano y salvo de Biniamín si este era enviado a Egipto, como había exigido Yosef (quien para ellos era conocido únicamente como el virrey de Egipto).
Además, cuando Biniamín fue falsamente acusado de robo y sentenciado a permanecer en Egipto como esclavo, fue Yehudá quien intercedió en su favor, ofreciendo entregarse a sí mismo como esclavo en su lugar, con el único propósito de asegurar que Biniamín regresara a salvo con su padre, Yaacob. Este legado de lealtad y sacrificio quizás explique la decisión de la tribu de Biniamín de permanecer al lado de Yehudá y fiel a la casa de David.
Además, parte de la ciudad de Jerusalem se asentaba en el territorio que pertenecía a la tribu de Biniamín.
1 Reyes 12 Versículo 22
Daat Mikrá señala que la figura mencionada era un profeta, tal como se describe en Dibré Haiamim II 12:5. Según los sabios, todo profeta cuyo lugar de origen no se menciona en las escrituras generalmente se considera oriundo de Jerusalén.
Además, Daat Mikrá añade que la razón por la cual no se envió a Ajiáh de Shiló en esta ocasión fue debido a su avanzada edad.
1 Reyes 12 Versículo 23
Daat Mikrá explica que Dios deliberadamente lo llama "el rey de Yehudá" para subrayar que su autoridad no será reconocida sobre todo Israel, limitando explícitamente su reinado a la tribu de Yehudá.
Respecto a la expresión "al resto del pueblo," esta se refiere a los sacerdotes y a los miembros de la tribu de Leví que residían en Jerusalén, ya que tenían la responsabilidad de atender los servicios y deberes relacionados con el Templo.
1 Reyes 12 Versículo 24
El texto resalta la importancia de la hermandad: aunque haya enfrentamientos, seguirán siendo hermanos y deben tratarse con fraternidad y respeto mutuo.
Malbim explica: “Regresen cada uno a su casa.” Esto significa que no era necesario permanecer en estado de alerta ni temer un ataque por parte de las otras tribus, ya que este desenlace proviene de Dios. Su voluntad era que las diez tribus se entregaran a Yerobam, mientras que la tribu de Yehudá permaneciera bajo la casa de David.
Cabe destacar que, aunque en la primera ocasión Rejabam mostró arrogancia y se negó a escuchar las demandas del pueblo, esta vez tanto él como el pueblo actuaron con humildad, atendiendo las instrucciones divinas y mostrando sumisión.
Con respecto a la aparente contradicción con la promesa que Dios hizo a David de que la realeza no sería retirada de su casa y su descendencia, ver nuestra explicación en 11:11.
1 Reyes 12 Versículo 25
Ralbag y Radak explican que cuando dice: Yerobam edificó Shejem. No se refiere a que la ciudad estuviera en ruinas desde que Abimelej la destruyó (Shofetim 9:45), ya que sería improbable que hubiera permanecido en tal estado durante más de doscientos años. Además, en este lugar fue donde Israel se reunió para proclamar a Rejabam como rey, lo que indica claramente que se trataba de una ciudad edificada. Por lo tanto, el término 'y construyó' se refiere a que fortaleció las murallas de la ciudad y edificó en ella un palacio real.
Del mismo modo, 'y edificó Penuel' no implica que estuviera en ruinas desde que Guideón demolió la torre de Penuel, sino que Yerobam reforzó su estructura, temiendo que Rejabam luchara contra él. Por esta razón, Yerobam fortificó estas dos ciudades como medida defensiva, al igual que Rejabam construyó ciudades fortificadas, tal como se menciona en Divré Haiamim."
Daat Mikrá sostiene que Yerobam eligió Shejem como sede para su reinado en un intento de seguir los pasos de nuestros patriarcas. Este lugar tiene un profundo significado histórico y espiritual: fue allí donde Abraham construyó un altar a Dios, tal como se menciona en Bereshit 12:6. Más adelante, Yaacob también edificó un altar en Shejem y lo llamó "Dios, el Señor de Yaacob". Asimismo, en este lugar, Yehoshua llevó a cabo el pacto entre el pueblo y Dios, como se relata en Yehoshua 8:30 y en el capítulo 24.
Daat Mikrá añade que el motivo por el cual Yerobam construyó Penuel fue para establecer una ciudad más protegida, ya que Shejem, al estar situada en un valle, era más vulnerable y difícil de defender. Por esta razón, Yerobam se trasladó a Penuel, donde fortificó la ciudad para garantizar una mayor seguridad.
Este acto podría tener también un trasfondo místico, ya que Penuel es el lugar donde Yaacob luchó con el ángel y prevaleció. Allí, Yaacob tuvo una revelación y recibió la bendición que confirmaba su capacidad de superar a los poderosos. En este contexto, Yerobam podría haberse visto reflejado en ese episodio, interpretándolo como un paralelo de su propia victoria al consolidarse frente a Shlomó, quien había sido un rey extremadamente poderoso.
Otros comentaristas sostienen que Yerobam en un principio hizo de Shejem su ciudad real, pero luego, debió huir hacia el otro lado de Jordán, esto se debe a que Shishak, el rey de Egipto, había invadido la tierra de Israel, tal como relata en Dibre Haiamim II 12 Cuando el reino de Rejabam se había afianzado y fortalecido, él abandonó la ley del Señor y todo Israel con él. Y sucedió que en el año quinto del rey Rejabam, debido a que ellos habían sido infieles al Señor, Shishac, rey de Egipto, subió contra Jerusalén, con mil doscientos carros y sesenta mil hombres de a caballo. Y era innumerable el pueblo que vino con él de Egipto: libios, suquienos y etíopes. Y tomó las ciudades fortificadas de Yehudá y llegó hasta Jerusalén. Más aun, en los historiados dicen que Shishak (Sheshonq I) siguió una política exterior agresiva en los territorios adyacentes de Medio oriente. Esto está atestiguado, en parte, por el descubrimiento de una base de estatua que lleva su nombre de la ciudad libanesa de Biblos, parte de una estela monumental de Megido que lleva su nombre, y una lista de ciudades de la tierra de Israel, algunas de estas ciudades conquistadas incluían antiguas fortalezas de Israel como Megido, Taanaj y Shejem. Tal vez esto explica el motivo por el cual Yerobam abandona Shejem y decide instalarse en Penuel, sintiéndose más seguro en una ciudad del otro lado del río Jordán en donde prefiere establecer la ciudad real de su reino.
1 Reyes 12 Versículo 26
Don Isaac Abarbanel dice que Yerobam estaba profundamente preocupado por la posibilidad de que el pueblo, al viajar tres veces al año a Jerusalén para realizar sacrificios en la Casa de Dios (el Templo), pudiera comenzar a reconsiderar su lealtad hacia él y, en cambio, volver sus corazones hacia Rejabam. Jerusalén, además de ser el centro espiritual, era gobernada por Rejabam, quien seguía siendo el rey legítimo de Yehudá. Esta conexión entre el pueblo y Jerusalén representaba una amenaza directa al reinado de Yerobam.
Daat Mikrá argumenta que la razón por la cual se detallan los temores que habitaban en el corazón de Yerobam es para proporcionar una comprensión más profunda sobre las motivaciones detrás de su drástico giro, que llevó al pueblo de Israel a caer en la idolatría. Este acto no fue impulsado por una rebeldía directa contra Dios, sino más bien por un profundo temor que moldeó sus decisiones.
1 Reyes 12 Versículo 27
Yerobam temía que, a través de estas visitas regulares al Templo, el pueblo recordara la legitimidad de la dinastía de David y viera a Rejabam como su verdadero soberano. Este cambio de actitud podría llevar al pueblo a conspirar contra Yerobam, buscando su muerte para regresar abiertamente al dominio de Rejabam, o juzgándolo como que se sublevó al rey y por lo tanto tiene pena de muerte. En su mente, el primer paso de esta transición ocurriría internamente, en los corazones y pensamientos de la gente, cuando asistieran a las ofrendas en Jerusalén y escuchar allí palabras espirituales
Eventualmente, este sentimiento podría convertirse en una acción directa, culminando en una revuelta para asesinarlo y restaurar a Rejabam como su rey.
Sin embargo, este contexto no justifica en lo absoluto la actitud malvada de Yerobam ni las consecuencias de sus acciones, que llevaron al pueblo lejos de los caminos de la fe y la adoración verdadera. Las Escrituras nos muestran que, aunque el temor puede ser un factor que influya en las decisiones de los líderes, no exime la responsabilidad de sus actos, especialmente cuando afectan la espiritualidad y el destino de todo un pueblo.
Tal como se explicó anteriormente en 11:38, Yerobam demuestra estar dispuesto a aferrarse al poder a cualquier costo, incluso si esto implica llevar a todo el pueblo de Israel hacia la idolatría. Su ambición desmedida lo lleva a adoptar decisiones que traen consecuencias espirituales y morales devastadoras.
Daat Mikrá sugiere que, posiblemente, el evento mencionado tuvo lugar durante el año sabático.
Rashí explica que este pasaje refleja los temores y preocupaciones de Yerobam respecto al impacto que tendría que el pueblo subiera a Jerusalén para participar en las festividades religiosas, particularmente en eventos como el Hakhel. Según las leyes establecidas, únicamente los reyes descendientes de la casa de David tenían el privilegio de sentarse en el atrio del Templo. Esto significaba que, en un contexto ceremonial, el rey de Yehuda (descendiente de David) tendría una posición de honor y reconocimiento, mientras que Yerobam, como líder del reino del norte, se encontraría relegado a estar de pie, como cualquier ciudadano común. Esto, para Yerobam, representaba una evidente humillación frente al pueblo.
Además, durante el año sabático, en la festividad de Sucot, el rey tenía la responsabilidad de leer la sección de la Torá conocida como Parashat HaMelej, reafirmando su rol como líder espiritual y político del pueblo. Esta ceremonia, realizada en el contexto del pacto renovado con Dios, consolidaba simbólicamente la legitimidad del rey de Yehudá como cabeza del pueblo de Israel. Yerobam temía que este acto reforzara la lealtad del pueblo hacia el rey de la casa de David y debilitara su propia autoridad.
Por lo tanto, la preocupación de Yerobam no era solo un asunto de protocolo, sino un peligro político y simbólico: el hecho de que el rey de Yehudá tuviera una posición más elevada durante las festividades religiosas podía inclinar nuevamente los corazones del pueblo hacia la dinastía de David, poniendo en riesgo su reinado.
Esta explicación nos muestra cómo los temores de Yerobam moldearon sus decisiones y lo llevaron a alejar al pueblo de Jerusalén y del Templo, lo que, a su vez, tuvo consecuencias espirituales y políticas significativas
Sobre este tema, en el Talmud, Tratado Sanedrín 102a, se encuentra un relato del midrash que detalla una oferta generosa por parte de Dios a Yerobam. Según este midrash, Dios toma a Yerobam por su manto y le dice: "Vuélvete de tu camino (arrepiéntete), y Yo, tú y el hijo de Ishay (David) pasearemos juntos en el Jardín del Edén." Ante esta invitación divina, Yerobam pregunta: "¿Quién estará a la cabeza? ¿Yo o David?" A lo que Dios responde: "El hijo de Ishay estará al frente." Al escuchar esto, Yerobam rechaza la oferta de arrepentimiento, priorizando su deseo de ser el líder sobre cualquier otra consideración espiritual o moral.
Radak, al comentar sobre este episodio, enfatiza la esencia del liderazgo basado en la humildad y el servicio al pueblo. Señala cómo el verdadero líder debe buscar el bienestar y la unidad de su pueblo, subrayando que este enfoque contrasta profundamente con la actitud de Yerobam, quien prioriza su propia posición y poder antes que la responsabilidad hacia sus seguidores o hacia Dios.
1 Reyes 12 Versículo 28
De esta manera, la historia del pueblo de Israel vuelve a demostrar una dolorosa repetición. Tras experimentar uno de los momentos espirituales más trascendentales en su historia —la revelación en el monte Sinaí, donde presenciaron fuego celestial y escucharon la Voz de Dios—, el pueblo, tiempo después, fabrica un becerro de oro. Del mismo modo, en este caso, después de un instante de sublime e irrepetible espiritualidad, marcado por la construcción e inauguración del Templo de Jerusalén como el lugar destinado para que Dios residiera en medio de su pueblo, acompañado por el descenso de fuego del cielo, tal como se relata en los capítulos anteriores, el pueblo vuelve a tener nuevamente un becerro de oro.
Don Isaac Abarbanel se pregunta: si el objetivo de Yerobam era impedir que Israel ascendiera a Jerusalén, y esta necesidad lo obligaba a transgredir, habría sido más lógico limitar el pecado únicamente a lo indispensable, sin excederse en lo innecesario. Una alternativa podría haber sido construir un templo dedicado al nombre de Dios, erigir allí un altar para el incienso, mantener una lámpara perpetua y brindar ofrendas y holocaustos al mismo Dios que lo había coronado sobre Israel. De este modo, Yerobam podría haber alcanzado su propósito sin incurrir en un acto de idolatría tan explícito y desmesurado.
Entonces, ¿qué lo llevó a cometer un pecado innecesario que implicaba la adoración de ídolos, y a declarar abiertamente que esos becerros eran los dioses que habían sacado a Israel de Egipto? Más aún, ¿cómo pudo el pueblo creer en semejante afirmación? En el episodio del desierto, el propósito de fabricar el becerro no era adorar a un ídolo propiamente dicho, sino establecer un intermediario en ausencia de Moshé, como está escrito en Éxodo 32:1: “Este Moshé, etc.” Aquí, sin embargo, no existía tal necesidad de intermediación, lo que hace que la aceptación del pueblo resulte aún más inexplicable.
Radak dice que Yerobam convenció al pueblo utilizando argumentos cuidadosamente elaborados. Les dijo: "¿Acaso no sabéis que la división del reino fue decretada por voluntad divina? Así me lo comunicó el profeta Ajiáh de Shiló. Dios no quiso que el reino permaneciera bajo la casa de David, así que debemos deducir que tampoco quiso que Jerusalén fuera el centro de culto. Entonces, debemos establecer otro lugar para vuestras ofrendas."
Ralbag se pregunta: ¿por qué fabricó dos becerros? El rey consultó buscando consejo con sus ministros sobre cómo preservar su reinado y evitar que el dominio se apartara de él. Como resultado, decidió fabricar dos becerros de oro y manipuló al pueblo para ganar su favor. Les dijo: "El camino a Jerusalén es demasiado arduo para vosotros; no es necesario que todos subáis allí." Con este razonamiento, justificó la creación de dos becerros, argumentando que esto reduciría la carga de desplazarse a un único lugar, facilitando el culto para todos.
Continúa Ralbag argumentando que es sorprendente cómo Israel aceptó el consejo de Yerobam, transgrediendo claramente las palabras de la Torá al ofrecer sacrificios fuera del Templo, tras la prohibición de los altares, y a través de personas ajenas al sacerdocio. Más aún, llegaron a creer que los becerros de oro eran los dioses que los habían sacado de Egipto. Esto demuestra que Israel no estaba plenamente ocupado en el estudio de la Torá, sino que se enfocaba en comer, beber y alegrarse, un comportamiento que había comenzado al inicio del reinado de Shlomó y que terminó siendo la causa de su caída en estos pecados.
Esto, a pesar de que ya en los días de Shlomó fueron testigos de las abominaciones cometidas en Jerusalén, influenciadas por las prácticas paganas de las naciones con las que Shlomó se había casado. A partir de allí, estos pecados se extendieron entre todo Israel. Yerobam, consciente de esto, pudo haber dicho al pueblo: "¿Qué necesidad tenéis de subir a Jerusalén, donde los dioses que adoran las naciones están presentes? Hagamos para nosotros ídolos que nuestros padres sirvieron sin necesidad de trasladarnos hasta Jerusalén."
Malbim argumenta que Yerobam podría haber construido un templo en Betel, similar al Templo de Jerusalén, y establecer allí el culto como se hacía en la Casa de Dios en Jerusalén. Sin embargo, esto le resultaba difícil por varias razones. En primer lugar, por el lujo sin precedentes con el que se había construido el Templo de Shlomó; él no podía edificar un templo de semejante magnificencia, y si lo construía sin el esplendor y la gloria del original, el pueblo seguiría prefiriendo viajar al gran Templo. Además, el Templo en Jerusalén era conocido como el lugar donde Dios había habitado: el fuego descendía del cielo, el Arca del Testimonio y los utensilios de Moshé estaban allí, y todo el pueblo había presenciado la gloria de Dios llenando Su Casa en el momento de su construcción. Los profetas también habían ensalzado la grandeza del Templo, lo que dificultaba que otro santuario fuera aceptado por el pueblo.
Continúa Malbim diciendo que estas fueron las razones por las que Yerobam decidió fabricar dos becerros de oro y que éstos fueron utilizados para fines idolátricos, y que los becerros se usaron para sacrificios y fueron presentados como dioses, como dice en Dibre Haiamim II 13:8: "Y con ustedes están los becerros de oro que Yerobam hizo como dioses para ustedes."
El hecho de fabricar dos becerros y organizar una festividad en el octavo mes sugiere que Yerobam imitó prácticas que había observado en Egipto. Allí se veneraban dos toros: uno en Menfis (Mof), la ciudad real, y otro en Heliópolis. En el octavo mes, se celebraba una festividad dedicada al toro, asociada con la figura de Serapis o Osiris, que era un personaje que, según la tradición egipcia, había enseñado el arte de la agricultura. Aquel personaje mitológico (Serapis o Osiris) fue asesinado en ese mes, lo que originó la celebración. Yerobam replicó estos modelos egipcios, estableciéndolo como el principal culto.
A los temerosos de Dios que había entre las diez tribus, Yerobam justificó sus acciones afirmando que los becerros eran símbolos divinos, similares a los querubines que Shlomó había hecho en el Templo de Jerusalén, y que representaban la sabiduría y la gloria divina. Argumentó que, así como los querubines eran parte de la visión profética del carruaje celestial, así también el becerro, que formaba parte de esa visión profética, representa a al carruje que lleva al rey supremo – Dios.
Es por eso que el texto indica que al principio no nombró sacerdotes para estos altares, buscando que el pueblo aceptara esta transición de forma gradual.
Para Malbim, Yerobam entendió que el pueblo ya había rechazado el yugo pesado del gobierno de Shlomó, y creyó que también estarían dispuestos a abandonar la carga del servicio en el Templo. Argumentaba que las tres peregrinaciones anuales a Jerusalén, junto con los numerosas ofrendas y rigurosas leyes sobre la pureza que debían observarse al ir al Templo, eran una carga excesiva para el pueblo. Por eso presentó los becerros como símbolo de libertad, diciendo: "Es demasiado para vosotros subir a Jerusalén; aquí están tus dioses, Israel, que te sacaron de Egipto." Con esto, Yerobam transmitía la idea de que estaban libres de toda obligación, tanto hacia Dios como hacia los hombres, facilitando así la aceptación de su liderazgo y desvinculándolos del Templo.
A pesar de que Malbim desechó la opinión de Don Isaac Abarbanel, esta merece un análisis más profundo.
Para Abarbanel, las explicaciones citadas por los demás comentaristas dejan cabos sueltos. No justifican por qué Yerobam eligió fabricar becerros de oro, cuando podría haber simplemente construido un altar con incienso y una menorá, como en Jerusalén. ¿Qué beneficio adicional vio en la fabricación de becerros? Sería difícil imaginar que no existiera en todo Israel alguien instruido en las Escrituras que entendiera la gravedad de este acto. Incluso quienes no conocieran todos los detalles, incluso los más ignorantes del pueblo, deberían haber sabido que la idolatría estaba prohibida por la Torá. Los argumentos que Yerobam utilizó para disuadir al pueblo de subir a Jerusalén no explican por qué debían ofrecer sacrificios a los becerros.
Además, no se menciona que Yerobam construyera un altar específicamente para los becerros, ni que el pueblo se postrara o sacrificara ante ellos, como ocurrió con el becerro del desierto. Tampoco encontraremos que los profetas enviados desde Yehudá para amonestar a los reyes de Israel, nunca mencionaron los becerros en sus reproches. Ajiáh de Shiló, al profetizar sobre Yerobam, centró sus críticas en los altares y las ofrendas, sin referirse a los becerros. Incluso Eliahu, cuando criticó el culto a Baal durante el reinado de Ajab, no mencionó los becerros, a pesar de que aun existían en aquel tiempo.
Todo esto sugiere que los becerros no fueron diseñados para idolatría o culto directo. Es sorprendente que los comentaristas concuerden en que Yerobam no los creó como objetos de adoración. Entonces cabe preguntarse: si este no era su propósito, ¿por qué decidió fabricarlos? ¿Fue un acto vano o infantil? Por todo ello, concluye Abarbanel que Yerobam no tenía intención de establecer los becerros como dioses o replicar el episodio del desierto. No los posicionó como divinidades ni se les rindió culto. Su objetivo era marcar un símbolo para su reino y autoridad.
Yerobam observó que Shlomó había construido en su trono sendos leones de oro como emblema de la dinastía de David, quienes habían edificado el Templo. Por ello, decidió crear un símbolo similar para su reino. Siendo descendiente de Yosef, de la tribu de Efraim, recordó la bendición que Moshé otorgó a la tribu de Yosef antes de morir: “Su gloria es como el toro primogénito, y sus cuernos como los cuernos de un búfalo; con ellos embestirá a los pueblos hasta los confines de la tierra. Estas son las miríadas de Efraim y los millares de Menashé” (Debarim 33:17). Yerobam fabricó un becerro para simbolizar su ascendencia y lo colocó en Betel, el centro de su reino, como un emblema de su tribu. Lo hizo de oro para simbolizar la eternidad y la grandeza de su dinastía. El becerro en Betel representaba la realeza del reino de Israel, en contraste con los leones de oro que simbolizaban la dinastía de Yehudá. También construyó otro becerro en Dan, para que el símbolo de su reino estuviera presente en los confines del país, atrayendo a las masas a visitar estos lugares y contemplar los becerros de oro, ya que los objetos visuales tienden a impactar más al pueblo que los conceptos abstractos. Algo similar he visto en varias sinagogas de la diáspora, en donde se coloca la bandera del país y su escudo a un costado en la pared principal dentro de las sinagogas, tal como suele suceder hoy en día en muchos templos de Estados Unidos y otros países, obviamente que esto no es un símbolo de idolatría.
Es posible que Yerobam inicialmente planeara fabricar un solo becerro y luego lo duplicara por razones prácticas. Los dos becerros representaban a Efraim y Menashé, las dos mitades de Yosef, y Yerobam declaraba con esto que la primogenitura correspondía a Yosef y que el reino debía pertenecer a sus descendientes, en lugar de a la tribu de Yehudá.
Respecto a la frase: “Aquí está tu dios, Israel, que te sacó de Egipto,” no debe interpretarse como una referencia directa a los becerros, como ocurrió con la generación del desierto. Yerobam no dijo: “Estos son tus dioses.” No se refiere a dioses paganos, sino que dijo: “He aquí vuestro Dios, Israel,” refiriéndose al Dios de Israel por todos reconocido y queriendo afirmar con esto que Dios no está limitado a Jerusalén ni a los querubines del Templo. Dios está presente en todos los lugares bajo Su dominio, y también está con ellos en Betel y Dan. Con esto, transmitió al pueblo que podían conectarse con Dios fuera de Jerusalén y así desvincularse del Templo como el único lugar de culto.
1 Reyes 12 Versículo 29
Debemos recordar que la ciudad de Beer Sheba estaba en el territorio que pertenecía al reino de Yehudá, el cual ya no formaba parte del reino de Israel. Daat Mikrá afirma que Yerobam intenta emular los actos de Yaacob, nuestro patriarca. Por eso escoge Bet El, pues en esta ciudad Dios se le apareció a Yaacob y le cambió el nombre por Israel, tal como se menciona en Bereshit 35:11.
Ralbag explica que Yerobam colocó un becerro en Betel porque él quiso seducir al pueblo haciéndoles creer que también ese fue un lugar elegido, similar a Jerusalén, y para ello les cita lo que sucedió con Yaacob en Bereshit 28:22, cuando tuvo la visión de la escalera con ángeles subiendo y bajando por ella: “Esta será la casa de Dios y estos son los portones de los cielos” (Génesis 28:22).
1 Reyes 12 Versículo 30
Radak dice que, si bien, no fue la intención de Yerobam que los becerros fueran destinados al culto de ídolos, sin embargo, con el tiempo, aquello se convirtió en un pecado, pues el pueblo los aceptó como divinidades, y de ellos derivaron otros dioses, al igual que las naciones paganas. Por eso se dice: Y esto fue motivo de pecado. Hasta el punto tal que, aunque Dan estaba ubicado en el extremo del territorio, los habitantes de todo Israel viajaban hacia allí desde el otro extremo, mostrando su ferviente apego a la adoración de ídolos.
Malbim explica que, Yerobam se había equivocado en su razonamiento, pues pensó que, así como el pueblo deseó librarse del peso de los impuestos, también querrían librarse de la carga de subir en peregrinación por un camino lejano y de traer sacrificios. Sin embargo, no fue así,
pues las masas, que no supieron distinguir entre el servicio en el Templo de Dios y el culto a los becerros en Beit Aven, pensaron que el culto al becerro era aceptable. Yerobam quiso aliviar en su servicio y que no tengan que ir hasta Jerusalem desde todos los extremos, fue considerado por ellos como algo opuesto, al grado de que no iban a Betel, que estaba cerca, sino que preferían ir hasta Dan para recibir la recompensa por sus pasos.
Don Isaac Abarbanel también concuerda con esto y dice: Lo sucedido con los becerros refleja un patrón similar al que ocurrió con el efod que Guidón fabricó utilizando los pendientes del botín y colocó en su ciudad, Ofráh, como un símbolo conmemorativo de su victoria y honor. Sin embargo, más tarde los del pueblo cayeron en el error y comenzaron a adorarlo, como se menciona en Shofetim 8:27: 'Y se prostituyó todo Israel tras él, y fue una trampa para Guidón y su casa.' De manera similar, el pueblo también se descarrió al idolatrar la serpiente de bronce que Moshé había hecho para sanarlos, como lo señala el tratado Avodá Zará (folio 44a) y que luego fue destruida por el rey Jizquiahu.
En este contexto, el versículo 'Y esto fue motivo de pecado' describe cómo, con el paso del tiempo, el pueblo distorsionó el propósito original de los becerros, que no habían sido creados con intención idolátrica. Así también está explicado en el libro del Kuzari en la respuesta que Rabí Yehudá Halevi le dice al rey de los kuzaríes.
1 Reyes 12 Versículo 31
Don Isaac Abarbanel dice que, Yerobam construyó dos casas de altares para brindar ofrendas: una en Betel y otra en Dan. Sin embargo, en el caso de Dan, no había un único altar, como el que estaba en Jerusalén, sino que allí construyó múltiples altares (llamados bamot, o "lugares altos") y estableció un sistema completamente diferente.
Yerobam también nombró sacerdotes provenientes de todas las tribus del pueblo, no limitándose exclusivamente a los levitas. Según su razonamiento, veía una similitud entre la realeza y el sacerdocio: así como el reino había sido despojado de que fuera exclusivamente perteneciente al linaje de la casa de David, creía que el sacerdocio también debía ser retirado del linaje de la casa de Aarón y los Leviim. Yerobam buscaba, además, congraciarse con el pueblo al liberarlos de las obligaciones religiosas que requerían dar los diezmos y otros obsequios a los levitas y sacerdotes, quienes tradicionalmente servían en el Templo. Adicionalmente, las tierras y ciudades que los levitas ocupaban fueron redistribuidas como terrenos comunes para todo el pueblo.
Con este sistema, Yerobam permitía que cualquier persona pudiera realizar ofrendas en los altares que él había construido, eliminando la necesidad de recurrir a sacerdotes levitas o pagar contribuciones a estos.
Sin embargo, Radak dice que los levitas se opusieron a esta práctica y se negaron a servir en los altares de Yerobam, del mismo modo ocurrió con el becerro que hicieron en el desierto: cuando Moshé dijo '¿Quién está con el Eterno, que venga a mí?' se reunieron junto a él todos los hijos de Leví, indicando así que no participaron en el pecado del becerro. Se afirmó que nunca, en ningún momento, la tribu de Leví sirvió en cultos idolátricos. Por eso se dice: 'Guardaron tu palabra y observaron tu pacto.'
Así, Yerobam alejó a los Leviim y los expulsó de sus territorios diciendo: 'Si no sirven en Betel, no tendrán parte ni herencia en mi reino.' Esto es lo que implica el versículo cuando dice que los apartó de ser sacerdotes para el Eterno: les negó su sustento y su herencia, que formaban parte del sacerdocio del Eterno, o bien, que no consintieron abandonar su servicio sacerdotal en Jerusalén, por lo que los expulsó de su tierra."
En consecuencia, Yerobam los expulsó de sus tierras, y muchos de ellos emigraron a Jerusalén, como se describe en Divrei Haiamim II 11:13: "Los levitas dejaron sus tierras y propiedades, y se fueron a Yehudá y Jerusalén porque Yerobam y sus hijos los alejaron de ser sacerdotes para el Eterno."
El alejamiento de los levitas puede interpretarse de dos formas:
Yerobam los privó de recibir los diezmos y otras propiedades que constituían su sustento como sacerdotes,
al ser ellos sacerdotes dedicados al Templo en Jerusalén, Yerobam los consideró incompatibles con el nuevo sistema religioso que él estaba implementando y, por ende, los despojó de su estatus.
Este texto ilustra cómo Yerobam reestructuró tanto el sistema religioso como las tradiciones establecidas por la Torá para consolidar su autoridad política y desvincular al pueblo de Jerusalén. Al establecer nuevos lugares de culto y alterar las funciones sacerdotales, su intención era fortalecer la autonomía de su reino. Sin embargo, este cambio no solo impactó las prácticas religiosas, sino que también tuvo consecuencias profundas en la espiritualidad y cohesión del pueblo de Israel. La eliminación de los levitas y la multiplicidad de altares muestran un claro intento de reemplazar la centralidad del Templo con un modelo descentralizado y controlado por el monarca.
1 Reyes 12 Versículo 32
Radak dice que, Yerobam cambió la fiesta de Sucot que, acorde a la Torá se festeja en el mes séptimo, por el octavo, con el propósito de alejar aún más a Israel de las prácticas religiosas de Jerusalén. Si algunos de Israel deseaban ir a Jerusalén para la fiesta de Sucot, como se menciona en Divrei Haiamim, aquellos que ponían su corazón para buscar al Eterno, Dios de Israel, iban a Jerusalén para brindar ofrendas. Yerobam entonces estableció su propia fiesta en el mes octavo, porque para entonces los que habían ido a Jerusalén ya habrían regresado a sus hogares. Esta fiesta se celebró en Betel, conforme a lo establecido por Yerobam, y todos acudieron, por temor al rey.
También Ralbag dice que Yerobam hizo la fiesta en el octavo mes, para no entrar en conflicto con aquellos que deseaban servir al Eterno, pues ellos podían subir a Jerusalén en el séptimo mes para rendir culto al Eterno y no faltar en el octavo a la fiesta del rey. Betel estaba asociado con la tribu de Yosef, Yerobam mismo estuvo presente en esta fiesta y él mismo ascendió al altar y ofreció ofrendas allí. Esto se menciona aquí debido a lo que se relata después sobre el hombre de Dios que vino a hablar con Yerobam.
Daat Mikrá dice que el texto no especifica si este traslado de la festividad de Sucot del mes séptimo al octavo, fue algo momentáneo o para siempre. Lo que sí deja en claro es que la fiesta de Sucot conservaría los mismos rasgos que la Torá había estipulado, tal como los festejaban en el Templo de Jerusalem que estaba en el territorio de Yehudá, es por eso que el versículo dice: como la fiesta de Yehudá.
Otro motivo, es que, tal vez, Yerobam quiso inaugurar estos nuevos centros espirituales durante la festividad de Sucot, tal como Shlomó inauguro el Templo de Jerusalem en esa fecha.
Don Isaac Abarbanel dice que cuando el versículo añade que 'subió al altar para ofrecer incienso,' señala que Yerobam mismo se acercó al altar en Betel para realizar el acto de ofrecer incienso. Yerobam consideró que, siendo rey, era apropiado que él realizara el servicio más espiritual y elevado, que es el incienso. No realizó este acto en Dan, sino en Betel, ya que esta ciudad era capital de su reino y la principal del territorio de la tribu de Efraim. Por esta razón, como veremos en el próximo capítulo, el profeta fue enviado a Betel y no a Dan.
Abarbanel dice que queda por explicar la frase: 'Así hizo en Betel para sacrificar a los becerros que había hecho.' Esto parece implicar que cuando Yerobam hizo los becerros, su intención era adorarlos y ofrecerles sacrificios, como hicieron los israelitas en el desierto con el becerro de oro. En aquel entonces, inmediatamente después de hacer el becerro, construyeron un altar frente a él, y también dijeron (Éxodo 32:5): 'Una festividad será mañana para el Eterno,' inventando esa festividad de su propio corazón. Yerobam, de manera similar, creó este festival. Pero todo esto contradice lo que expliqué antes sobre los becerros.
Ya te expliqué que mi opinión sobre este tema se debe únicamente a la necesidad de seguir los versículos y el razonamiento lógico. Por tanto, es apropiado interpretar que el altar y el incienso no eran dedicados directamente a los becerros, sino que el altar era dedicado a Dios en su nombre. Los becerros eran un símbolo y un recordatorio de la realeza, y las ofrendas eran dirigidas al nombre del Eterno para la continuidad de su reinado. Esto se deduce de la frase 'para ofrecer a los becerros,' y sabemos que en Betel solo había un becerro, por lo que el propósito de las ofrendas era garantizar la continuidad del reino de Efraim y Menashé, representados por los becerros.
Es similar a lo que dice el versículo (1 Samuel 1:27): 'Por este niño oré,' que significa que Ana oraba por el bien del niño para que Dios lo protegiera y lo mantuviera con vida. Del mismo modo, 'ofrecer a los becerros' puede interpretarse como asegurar la continuidad de su prestigio. Y si prefieres interpretar esta frase como que implica atribuir divinidad a los becerros, entonces debe entenderse que esto ocurrió solo después de que el pueblo se desvió tras ellos, no en el momento en que fueron hechos, como ya expliqué.
Radak explica que Yerobam cambió la festividad de Sucot, que según la Torá se celebra en el mes séptimo, al mes octavo con el propósito de alejar aún más a Israel de las prácticas religiosas de Jerusalén. Si algunos israelitas deseaban ir a Jerusalén para celebrar Sucot, como se menciona en Dibré Haiamim, aquellos que ponían su corazón en buscar al Eterno, Dios de Israel, iban a Jerusalén para brindar ofrendas. Yerobam, entonces, estableció su propia festividad en el mes octavo, ya que para ese momento los que habían ido a Jerusalén ya habrían regresado a sus hogares. Esta festividad se celebraba en Betel, según lo decretado por Yerobam, y todos acudían por temor al rey.
Ralbag también sostiene que Yerobam celebró la fiesta en el octavo mes para evitar conflictos con quienes deseaban servir al Eterno. Así, estos podían subir a Jerusalén en el séptimo mes para rendir culto al Eterno y asistir a la festividad del rey en el octavo mes. Betel estaba asociada con la tribu de Yosef, y Yerobam mismo estuvo presente en esta festividad. Ascendió al altar y ofreció ofrendas allí, lo cual se menciona en el próximo capítulo en el relato sobre el hombre de Dios que confrontó a Yerobam.
Según Daat Mikrá, el texto no especifica si esta modificación de la festividad de Sucot, cambiándola del mes séptimo al octavo, fue temporal o permanente. Lo que sí aclara es que esta festividad conservaría los mismos elementos característicos que la Torá había estipulado para Sucot, tal como se celebraba en el Templo de Jerusalén, que estaba en el territorio de Yehudá. Por ello, el versículo dice: “como la fiesta de Yehudá.”
Otro motivo podría ser que Yerobam deseaba inaugurar los nuevos centros de culto durante la festividad de Sucot, de la misma manera que Shlomó inauguró el Templo de Jerusalén en esa fecha como dice en 8:65.
Don Isaac Abarbanel comenta que cuando el versículo menciona que Yerobam "subió al altar para ofrecer incienso," se refiere a que él mismo se acercó al altar en Betel para realizar este acto, considerado el servicio más elevado y espiritual. Yerobam creía que, siendo rey, era apropiado que él realizara esta tarea. No llevó a cabo este acto en Dan, sino en Betel, ya que esta ciudad era la capital de su reino y el centro principal del territorio de la tribu de Efraim. Por esta razón, como se relata en el siguiente capítulo, el profeta fue enviado a Betel y no a Dan.
Abarbanel también analiza la frase: "Así hizo en Betel para sacrificar a los becerros que había hecho." En su opinión el altar y el incienso no estaban directamente dedicados a los becerros, sino que el altar se consagraba al Eterno, mientras que los becerros eran un símbolo de la realeza. Las ofrendas se dirigían al Eterno, con la intención de garantizar la continuidad del reino de Efraim y Menashé, representados por los becerros. Esto se deduce de la frase "para ofrecer a los becerros," que puede entenderse como un acto para asegurar la continuidad de su estatus y prestigio.
En caso de que se interprete que esta frase implica atribuir divinidad a los becerros, Abarbanel explica que entonces debemos suponer que todo esto ocurrió solo después de que el pueblo se desvió tras los becerros considerándolos deidades.
1 Reyes 12 Versículo 33
Malbim señala que el acto de ofrecer incienso era algo que únicamente se realizaba en el santuario, práctica que posteriormente se trasladó al Templo de Shlomó. Esta actividad estaba reservada exclusivamente para los sacerdotes, como lo demuestra el episodio de Koraj, cuando cuestionó la designación de Aarón como sumo sacerdote. Entonces, se llevó a cabo una prueba con el incienso, tal como está relatado en Bemidbar (Números 16:1): "Koraj, hijo de Itzhar, hijo de Coat, hijo de Leví, junto con Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On, hijo de Pelet, de la tribu de Rubén, se rebelaron contra Moshé. También se alzaron contra él doscientos cincuenta hombres de Israel, jefes de la congregación, representantes en la asamblea y personas de renombre. Se congregaron contra Moshé y Aarón y les dijeron: '¡Ya basta para vosotros! Toda la congregación, todos ellos son santos, y el Eterno está en medio de ellos. ¿Por qué entonces os eleváis por encima de la congregación del Eterno?' Cuando Moshé escuchó esto, cayó sobre su rostro y dijo a Koraj y a todo su grupo: 'Mañana el Eterno mostrará quién es de Él, quién es santo y a quién permitirá acercarse. A quien Él escoja, lo hará acercarse a Él. Esto haréis: tomad incensarios, Koraj y todo vuestro grupo; poned fuego en ellos y echad incienso sobre ellos mañana ante el Eterno. Aquel a quien el Eterno elija, ese será el santo.'"
En el caso de Yerobam, él asumió personalmente la tarea de ofrecer incienso, algo que estaba prohibido fuera del Templo y que, además, era una labor exclusiva del sumo sacerdote. De esta forma, Yerobam se autoproclamó similar al sumo sacerdote (cohen gadol). Así como el cohen gadol entra al Lugar Santísimo en Yom Kipur para ofrecer incienso, Yerobam ascendió a la cima del altar para realizar esta tarea. Fue entonces, mientras estaba en la cima del altar, cuando ocurrió el evento que se nos narrará en el próximo capítulo.