El reinado de Shlomó
El reinado de Shlomó
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El reinado de Shlomó
El reinado de Shlomó
De la división del reino a Ajav
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Los capítulos de Eliahu
Los capítulos de Eliahu
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El reinado de Ajav
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1 Reyes 14 Versículo 1
Daat Mikrá sostiene que esto ocurrió casi inmediatamente luego de los sucesos que relató en el capítulo anterior. Al no prestar atención Yerobam al mensaje que Dios le envió, entonces Dios comienza a enviar Su castigo.
Don Isaac Abarbanel dice que nos relata que Aviyah, hijo de Yerobam, enfermó, para mostrar que su castigo ya había comenzado a manifestarse con la muerte de su hijo, quien era el más íntegro y honorable de toda su casa, como se mencionará más adelante.
Podemos notar una similitud en los nombres que Yerobam dio a sus hijos, Abiáh y Nadav (como veremos más adelante). Estos nombres son similares a los que Aarón, el sumo sacerdote, otorgó a sus dos primeros hijos: Nadav y Abihu (éste último nombre comparte el mismo significado que Abiáh).
Aparentemente, Yerobam, al intentar instaurarse como un nuevo sumo sacerdote del pueblo de Israel y asumir funciones propias de dicho cargo—como vimos en el capítulo anterior cuando ofreció incienso en el altar—quiso compararse a Aarón. En este contexto, es posible que haya elegido esos nombres para sus hijos como un intento de reforzar esa asociación con la figura del primer sumo sacerdote
1 Reyes 14 Versículo 2
Radak dice que, Yerobam era consciente de que Ajiáh, no lo apreciaba y estaba completamente enemistado con él por haberse apartado del camino de Dios y haber hecho que todo Israel se aparte del santuario de Jerusalem ofrendando en cualquier lado. Es por eso que, pretende que no sepa que se trata de la esposa de Yerobam así no se niega a recibirla.
Malbim explica que, Yerobam ordenó a su esposa que cambiara su apariencia para evitar que la gente la reconociera, como se menciona en el versículo "para que no sepan que eres la esposa de Yerobam". Temía que, si el pueblo descubría que ella consultaba a un profeta de Dios, se darían cuenta de que él confiaba en los verdaderos profetas y no en los profetas de los becerros de oro que él mismo había promovido.
También podría ser que el disfraz se dirigiera al propio profeta, como indica el versículo "¿Por qué finges ser otra mujer?". Esto se debe a que los profetas, cuando reciben una visión específica, solo perciben la revelación del asunto concreto que desean conocer. En este caso, si Ajiáh no reconocía que la mujer era la esposa de Yerobam, solo se enfocaría en la salud del niño y en interceder por él.
Pero si sabía que era la esposa de Yerobam, entonces el profeta se prepararía para recibir una revelación más completa sobre toda la casa de Yerobam, lo que implicaría una profecía general sobre el destino del reino. Yerobam temía esto, ya que si el profeta pronunciaba una profecía negativa contra él y su dinastía, podría afectar directamente su poder, tal como ocurrió con el rey Saúl cuando Samuel profetizó su caída.
1 Reyes 14 Versículo 3
La costumbre, era que cuando se iba a visitar a una personalidad importante, no se iba con las manos vacías, sino que se le llevaba algún presente. No es que aquel individuo precisara de esas dádivas, sino que, más bien, se trataba de un gesto de respeto y alago, tal como cuando se iba ante un rey, no se iba con las manos vacías, sino que se le llevaba alguna ofrenda.
No obstante, había profetas que no acostumbraban a no tomar nada de nadie, como Shmuel, tal como el mismo profeta Shmuel atestigua al final de sus días: Yo he andado delante de vosotros desde mi juventud hasta hoy. Aquí estoy; testificad contra mí delante del Señor y delante de Su ungido. ¿A quién he quitado buey, o a quién he quitado asno, o a quién he defraudado? ¿A quién he oprimido, o de mano de quién he tomado soborno para cegar mis ojos con él? Testificad, y os lo restituiré.
Malbim explica que, también esto fue una estrategia para que no la reconocieran, ya que traer pan y productos simples no era un regalo propio de un monarca, sino algo más típico de una mujer de los pueblos rurales.
De esta manera, el disfraz de la esposa de Yerobam no solo dependía de su vestimenta, sino también de la naturaleza de su ofrenda. Al llevar un regalo sencillo en lugar de algo digno de la realeza, reforzaba la idea de que no era alguien distinguido, lo que ayudaría a ocultar su verdadera identidad.
1 Reyes 14 Versículo 4
La cantidad de verbos utilizados refleja la rapidez y determinación con la que actuó. No dudó ni perdió tiempo en cumplir la encomienda, lo que sugiere que la gravedad de la enfermedad de su hijo y la desesperación de verlo en tal estado la llevaron a actuar con urgencia y sin demora.
En cuanto a la ceguera de Ajiáh, lo más probable es que haya padecido cataratas.
Hoy en día los científicos explican que, la catarata es una patología que consiste en la pérdida de transparencia del cristalino, la lente natural del ojo y, a través de la cual, pasan los rayos de luz hasta la retina y se forman las imágenes. Por esta razón, a medida que el cristalino se vuelve opaco, el paciente experimenta una pérdida progresiva de visión.
Esta enfermedad representa la primera causa de ceguera en el mundo y su aumento es progresivo, debido a la mayor longevidad y al envejecimiento de la población. De hecho, hoy en día, las cataratas afectan a más de la mitad de los mayores de 65 años en el mundo.
Los sabios del talmud sostienen que el profeta Ajiáh vivió hasta una avanzada edad.
1 Reyes 14 Versículo 5
Es interesante notar que Yerobam temió que el profeta pudiera reconocer a su esposa, pero no temió que Dios la identificara. Esto se asemeja a un ladrón que se esconde para evitar ser visto mientras roba, pero no considera que Dios lo está observando.
Este contraste revela la falta de conciencia de Yerobam sobre la omnisciencia divina y su enfoque exclusivo en el juicio humano. Él tenía un propósito y, para lograrlo, utilizó la fe como un medio para sus propios intereses.
Su objetivo era mantenerse en el poder, por lo que construyó dos altares con la intención de convencer al pueblo de que Dios estaba con él. Además, en su pensamiento incrédulo, recurrió al disfraz para obtener del profeta algún tipo de amuleto o palabras milagrosas que pudieran sanar a su hijo.
Sin embargo, el enfoque correcto debería haber sido el opuesto: Yerobam debía someterse a la voluntad de Dios y ponerse a Su servicio, aun si eso significaba renunciar a su trono.
Pero Dios hace ver a Sus profetas, no a través de los ojos físicos, sino transmitiéndoles todo lo que sucederá incluso antes de que lo perciban aquellos con la mejor visión.
1 Reyes 14 Versículo 6
Malbim explica que este versículo destaca la inutilidad del intento de la esposa de Yerobam por ocultar su identidad. Ajiáh, como profeta de Dios, no necesitaba reconocerla físicamente, ya que la profecía ya le había sido comunicada y debía transmitirse sin importar los engaños humanos.
Así, antes de que ella pudiera decir nada, Ajiáh le deja en claro cómo la profecía divina trasciende las manipulaciones humanas. Yerobam creía poder controlar la situación mediante el disfraz de su esposa, pero la voluntad de Dios no dependía de las apariencias, sino de Su decisión de revelar el destino de su casa
1 Reyes 14 Versículo 7
Este pasaje subraya la ingratitud de Yerobam ante el favor divino. Dios le otorgó una posición de liderazgo, transformándolo de una persona ordinaria en gobernante, pero en lugar de reconocer este beneficio y actuar con mayor devoción, él tomó una posición egoísta preocupándose solamente de cómo conservar su trono, aunque eso implique apartarse de la voluntad de Dios y Sus preceptos.
1 Reyes 14 Versículo 8
Malvin concuerda con este punto, diciendo que este versículo enfatiza la expectativa que Dios tenía sobre Yerobam. Al recibir el reino no por mérito propio, sino por decisión divina, debería haber sido aún más justo y devoto que la casa de David. No obstante, no solo falló en seguir el camino de David, sino que incluso se desvió aún más de lo esperado.
1 Reyes 14 Versículo 9
Ralbag explica quede este versículo podemos ver, que el pecado de Shlomó no fue directamente la idolatría, sino el hecho que cerró los ojos ante sus esposas, quienes sí adoraron a otros dioses. De haber cometido él mismo la idolatría, el argumento del profeta en este contexto no sería válido.
Daat Mikrá explica que la expresión "Y me arrojaste detrás de tus espaldas" representa una actitud de desprecio y una profunda falta de gratitud hacia Dios, quien le otorgó el trono. No se trata solo de indiferencia, sino de una decisión consciente de relegar a Dios a un segundo plano, ignorar Su presencia y despreciar Sus mandamientos.
Este lenguaje enfatiza la idea de un rechazo activo: no solo dejar de seguir a Dios, sino tratarlo como algo irrelevante, como si Su voluntad no tuviera peso en la vida del gobernante. Así, Yerobam, en su afán de consolidar su poder, escogió dar la espalda a la fuente de su autoridad en lugar de someterse con humildad a la voluntad divina.
Según la opinión de Abarbanel, citada anteriormente en 12:28, en un principio, cuando Yerobam fabricó el becerro, su intención no era establecer una nueva deidad, sino simbolizar su ascendencia. La tribu de Efraim, de la cual él provenía, estaba representada por la imagen de un becerro, convirtiéndose en el emblema central de su reino. Yerobam lo hizo de oro para simbolizar la eternidad y la grandeza de su dinastía.
El becerro en Betel representaba la autoridad real del reino de Israel, en contraste con los leones de oro que Shlomó había colocado en su trono y que simbolizaban la dinastía de Yehudá. En este contexto, podemos explicar que, al igual que en el caso de Shlomó, quien personalmente no practicó la idolatría pero permitió que sus esposas adoraran otros dioses, Yerobam tampoco pretendía instaurar una adoración idolátrica. Sin embargo, en la práctica, el pueblo comenzó a venerar el becerro como una divinidad.
La diferencia entre ambos radica en la actitud: mientras Shlomó actuó de manera pasiva y permitió indirectamente la idolatría, Yerobam no solo lo permitió, sino que incluso podría pensarse que lo fomentó deliberadamente. Al establecer estos centros de culto, aseguraba que el pueblo no viajara a Jerusalén, evitando así el riesgo de perder su control sobre el reino. Mientras que la pasividad de Shlomó permitió la idolatría de manera indirecta, Yerobam la promovió activamente, con un claro interés político.
1 Reyes 14 Versículo 10
Tanto Rashí como Radak y Abarbanel sostiene que el término: quien orine contra la pared se refiere a un perro, pues generalmente estos animales, levantan la pata y orinan contra las paredes o los árboles. Según esta interpretación, la expresión indica, destruirá todo lo de la casa de Yerobam, no le dejaría nada, ni siquiera un perro que le ladre.
Por otro lado, algunos comentaristas opinan que la expresión: quien orine contra la pared, se refiere a cualquiera del género masculino.
Independientemente de cómo se interprete esta frase, el mensaje central sigue siendo el mismo, tal como dice Ralbag: de esta manera, le transmite que ni siquiera quedará nada que perpetúe su nombre.
Don Isaac Abarbanel afirma que no quedará nadie. Así, el texto indica que no habrá ni un gobernante, ni un desterrado, ni siquiera un esclavizado del linaje de Yerobam que pudiera reclamar algún derecho sobre el trono.
Así como alguien se afana en eliminar por completo todo rastro de estiércol de su hogar, cuidando meticulosamente que no quede ni la más mínima huella, del mismo modo ocurrirá con Yerobam: su erradicación será absoluta e irreversible.
Asimismo, la analogía con el estiércol no solo resalta la inevitabilidad de su desaparición, sino que constituye una degradación extrema, evidenciando el desprecio absoluto de Dios hacia él y su legado. Su destino no será simplemente el olvido, sino la aniquilación total, comparable a un residuo indeseable que se elimina sin dejar vestigios.
1 Reyes 14 Versículo 11
Este destino no solo representa la erradicación total de su linaje, sino también su humillación más profunda, una señal de desprecio absoluto por su legado.
1 Reyes 14 Versículo 12
Ralbag sostiene que este detalle sirve como una prueba irrefutable de la veracidad de la profecía, ya que el momento exacto de llegada a la ciudad puede variar: podría ser rápidamente, de manera pausada, o incluso con cierta demora en el camino. Sin embargo, el propósito de este presagio es confirmar con certeza que en el instante en que llegue a Tirtzá y se dirija a su casa, se cumplirá lo dicho por el profeta.
Incluso si decide no regresar de inmediato, eso no cambiará el destino del niño; solo significará que su fallecimiento ocurrirá en un momento posterior, cuando finalmente ella decida volver.
Este pasaje destaca la inevitabilidad del decreto divino y refuerza la precisión de la revelación profética, mostrando que el destino no depende de la voluntad humana, sino de la determinación de Dios.
Daat Mikrá explica que, sin que ella pronuncie palabra alguna, el profeta le revela el destino de su hijo, que es precisamente la razón por la cual Yerobam la envió. Como se menciona en el versículo 3: "Él te dirá lo que le sucederá al muchacho."
Si bien anteriormente el texto lo llama muchacho, aquí el profeta se refiere a él como niño. Este cambio de terminología no es casual, sino que refleja el tono afectuoso y compasivo de Ajiyá, quien emplea un lenguaje más cálido, como si hablara con ternura sobre un niño indefenso.
1 Reyes 14 Versículo 13
El texto no especifica cuál fue el mérito que se halló en él. No obstante, los sabios explicaron en el tratado Moed Katan 28b que su acto de virtud consistió en la abolición de las patrullas que su padre había establecido en los caminos para impedir que el pueblo de Israel ascendiera a Jerusalén durante las festividades y hay quien dice que él mismo peregrinaba al templo de Jerusalem en vez de acudir a los altares que había hecho su padre.
Este gesto representó un intento de corregir, al menos en parte, la transgresión de su linaje, restaurando el acceso del pueblo al servicio divino. Su decisión, aunque discreta, tuvo un profundo significado, pues permitió que la nación retomara una conexión esencial con su tradición y su fe.
Los sabios de la mística explican que Dios decidió llevarse prematuramente de este mundo a Aviáh, hijo de Yerobam, por su propio bien: para preservar su rectitud, evitar que se corrompiera, y permitirle partir como un justo. Además, su fallecimiento prematuro, le aseguró una sepultura digna y honorable, acorde a su mérito, algo que no ocurriría con el resto de la casa de Yerobam.
Este enfoque destaca la idea de que, en ocasiones, una muerte temprana es un acto de misericordia divina, reservada para quienes merecen un destino diferente al de su entorno.
1 Reyes 14 Versículo 14
Malbim explica que el texto deja claro quién será el encargado de erradicar la casa de Yerobam: no será un rey de Yehudá, sino un monarca que surgirá después de él en Israel. Este rey será levantado por el Señor con un propósito específico: aniquilar por completo la descendencia de Yerobam.
Rashí explica que cuando dice "Este es el día", señala que toda su casa, tal como existe en ese momento, será destruida. La frase " de ahora en adelante " indica que también serán exterminados aquellos que nazcan desde ese día en adelante, hasta que se cumpla el tiempo decretado, sin que quede rastro de su linaje.
Este juicio divino es absoluto y se ejecutará sin excepciones, asegurando que la casa de Yerobam será completamente borrada de la historia de Israel.
1 Reyes 14 Versículo 15
Después de anunciar el castigo inmediato de Yerobam, el texto revela el juicio sobre Israel, que se llevará a cabo a lo largo de un período prolongado.
Ralbag dice que, debido al pecado de Yerobam—tanto por su propia transgresión como por haber inducido al pueblo de Israel a pecar—la nación entera será castigada. Su permanencia en la tierra será frágil e inestable, comparable a un junco en el agua, que oscila sin resistencia ante la más leve perturbación.
De manera similar, Israel será vulnerado por causas que, en apariencia, podrían ser menores. Sin embargo, su destino está sellado: llegará el momento en que el Santo, Bendito Sea, los arrancará de su tierra y los esparcirá más allá del río. Según mi opinión, este río es el río Gozán, y el exilio fue ejecutado por el rey de Asiria en dos etapas:
Primera deportación: fueron exiliados los habitantes de la región situada más allá del Jordán, es decir, las dos tribus y media, como se menciona en Dibré Hayamim I 5:26.
Segunda deportación: el resto de Israel fue llevado al exilio en los días de Hoshea ben Elá, completando así el proceso de dispersión.
Este juicio divino no solo marca el fin de la estabilidad territorial de Israel, sino que también señala el inicio de su dispersión entre las naciones. La pérdida de su tierra no es meramente física, sino también espiritual, reflejando la consecuencia de su alejamiento de Dios.
Don Isaac Abarbanel dice que: Israel, al seguir los pasos de Yerobam y dejarse seducir por su influencia, perdió su estabilidad espiritual y nacional. Se convirtieron en un pueblo sin raíces ni firmeza, como un junco en el agua que oscila sin resistencia ante el más mínimo viento.
El castigo por esta desviación será acorde a su comportamiento (midá kenegued midá, medida por medida). Así como abandonaron el Templo de Dios, sólido y eterno, para entregarse a la adoración de ídolos vacíos, ellos mismos se volverán errantes e inestables, como un junco en el agua. Del mismo modo que se apartaron de Jerusalén y del Templo, el Santo, Bendito Sea, los desarraigará de su tierra y los arrojará a otra nación.
La referencia "más allá del río" apunta al río Kush, lugar donde el rey de Asiria los exilió en dos etapas:
Primera deportación: fueron exiliados los habitantes de la región más allá del Jordán, es decir, las dos tribus y media, como se menciona en Dibrei Haiamim I 5:26.
Segunda deportación: el resto de Israel fue llevado al exilio en los días de Hoshea ben Elá, completando la dispersión del pueblo.
Este castigo no solo implica la pérdida de su tierra, sino también una desconexión profunda de su identidad espiritual y nacional. Es una consecuencia directa de haber cambiado la estabilidad de la casa de Dios por la incertidumbre de la idolatría.
Daat Mikrá enfatiza que, a diferencia de la casa de Yerobam, cuyo destino fue decretado para una destrucción total e inmediata, el pueblo de Israel no recibió un decreto de aniquilación absoluta ni de ejecución inmediata.
Este matiz en el juicio divino señala que, aunque Israel será castigado, su proceso será gradual y no implicará su erradicación total, lo que deja abierta la posibilidad de rectificación y restauración
Así como ellos plantaron árboles frondosos para la idolatría (Asherot) a pesar de que Dios ordenó lo contrario en Shemot 34:12 que derribaréis sus altares y quebraréis sus pilares sagrados y cortaréis sus Asherot, Ellos no arrancaron los árboles de idolatría (Asherot) ahora, como castigo, será Dios el que los desarraigará a ellos de su tierra con la misma fuerza con la que se arranca un árbol de raíz.
Este castigo no solo es físico, sino también simbólico: un árbol bien plantado representa estabilidad, crecimiento y permanencia, mientras que el acto de arrancarlo refleja la pérdida total de arraigo, una desconexión irreversible de sus raíces
1 Reyes 14 Versículo 16
Malbim responde diciendo que, Dios entregará a Israel al castigo, no solo por el pecado de Yerobam—por haber transgredido y hecho pecar al pueblo—sino también por su propia culpa. Aunque Yerobam los indujo a la idolatría, el pueblo no solo lo siguió pasivamente, sino que profundizó en su error al construir Asheras por iniciativa propia.
Este hecho revela que no fueron simplemente forzados ni víctimas de su influencia, sino que actuaron por voluntad propia, demostrando que la idolatría no les fue impuesta, sino que la aceptaron conscientemente. Al haber elegido este camino de manera deliberada, su responsabilidad en la transgresión se torna aún mayor, haciendo que el castigo recaiga también sobre ellos.
Don Isaac Abarbanel opina algo similar, Es decir, que Dios entregará a Israel en manos de sus enemigos, o lo convertirá en objeto de maldición, debido al pecado de Yerobam, quien pecó y llevó al pueblo de Israel a pecar.
Este castigo no solo responde a la transgresión de Yerobam, sino también a la responsabilidad del pueblo que lo siguió en su camino de idolatría y alejamiento de Dios. La consecuencia será una pérdida de protección divina, exponiéndolos a la opresión y desgracia.
Daat Mikrá destaca que la expresión "Yerobam, quien pecó y llevó al pueblo de Israel a pecar" es la primera vez que aparece en las Escrituras, describiendo a un individuo cuya maldad no solo lo llevó a transgredir, sino que además fomentó, indujo y sedujo activamente a los demás para que se corrompieran tanto o incluso más que él mismo.
Como resultado, Yerobam no solo carga con sus propias transgresiones, sino también recaen sobre sus hombros las de todo el pueblo de Israel, cuya caída fue consecuencia directa de su influencia.
1 Reyes 14 Versículo 17
Ahora se nos dice que la mujer de Yerobam partió. Ya no intenta disfrazarse ni ocultar su identidad como lo había hecho al llegar.
Es interesante notar la sucesión de verbos que describen su actitud: se levantó, se fue y llegó, lo que refleja la profundidad de su angustia. De repente, se ve convertida en la portadora de noticias devastadoras, no solo para ella, sino también para su esposo y para todo el pueblo.
Sin embargo, no demora su partida ni su trayecto. Tan pronto como recibe el mensaje, se pone en marcha sin perder tiempo. Y aun en el camino, no se detiene ni se desvía de su destino, avanzando directamente hacia su hogar. Tal vez, así albergaba la esperanza de ver a su hijo todavía con vida.
Esta secuencia de acciones enfatiza su desesperación y el peso de la revelación que lleva consigo, marcando su regreso con una sensación de urgencia y fatalidad.
Anteriormente se mencionó que Yerobam residía en Shejem; al comienzo de su reinado estableció su gobierno allí, pero posteriormente se trasladó a Tirtza. Otra explicación es que su hijo enfermó y estaba postrado en la ciudad de Tirtza.
El profeta Ajiáh le advirtió: "Cuando tus pies entren en la ciudad, el niño morirá." Y, en efecto, apenas cruzó el límite de la ciudad, la sentencia se cumplió.
Es posible que, al ingresar, la enfermedad del joven se haya agravado repentinamente. Sin embargo, consciente de la profecía que le había sido anunciada, la madre corrió desesperadamente, acelerando su paso en un intento de llegar a tiempo y poder ver aún con vida a su hijo. Finalmente, para cuando alcanzó a entrar a su casa el alma del joven partió, justo cuando ella cruzó el umbral de la casa donde él yacía.
Otros explican que, tal vez, la mujer sabiendo la premonición del profeta, evitó entrar por los portones de la ciudad y lo hizo por otro lado para así evitar que el joven muera, no obstante, en el momento en que ella cruzó el umbral de su casa el joven murió, tal como predijo Ajiáh.
Este relato resalta la exactitud y el carácter ineludible de la palabra profética. No se había establecido un tiempo preciso o designado para el cumplimiento del castigo; en cambio, con absoluta precisión, todo dependía del tiempo que la mujer tardaría en llegar e ingresar en la ciudad. La correlación directa entre la entrada de la madre a la ciudad y el destino del niño enfatiza el cumplimiento inmediato del decreto divino, demostrando la conexión entre el castigo y el momento específico en que se desarrolla la historia.
1 Reyes 14 Versículo 18
Sin duda, se habían invertido grandes esfuerzos en su formación, asegurando que estuviera preparado y a la altura de asumir el trono de Israel cuando llegara el momento. Y Abiáh, con rectitud y bondad, aceptaba este rol con entusiasmo, mostrando una nobleza y un carácter que lo distinguían del resto de su casa.
Tal como atestiguó el profeta, entre toda la descendencia de Yerobam, solo en él se halló algo bueno hacia el Señor, Dios de Israel. Su pérdida, por lo tanto, fue devastadora, es por eso que el texto enfatiza: todo Israel lo sepultó e hizo duelo por él.
1 Reyes 14 Versículo 19
Daat Mikrá señala que esto se refiere principalmente a las guerras que Yerobam libró contra Rejabam, hijo de Shlomó, tal como se menciona en Dibre Haiamim II 12:15.
Además, es razonable suponer que Yerobam haya llevado a cabo importantes proyectos de infraestructura, fortaleciendo ciudades, construyendo murallas y desarrollando diversas obras para consolidar su reino. Estas acciones no solo respondían a necesidades militares y estratégicas, sino también a su deseo de establecer su dominio y legitimidad frente al pueblo.
A pesar de que estos eventos eran claros indicios de desaprobación divina, Yerobam no se retractó ni reconsideró sus acciones. No hay registro de que haya desmontado los altares ni eliminado los becerros que introdujo para la adoración, lo que sugiere que su terquedad lo llevó a justificar los acontecimientos de otra manera.
Es posible que él mismo, o sus consejeros, interpretaran estos sucesos como meras coincidencias o como el resultado de su enemistad con Ajiáh, en lugar de reconocerlos como mensajes de Dios. Este autoengaño, sumado al interés político de preservar su control sobre el pueblo, pudo haberlo llevado a aferrarse aún más a su camino, sin admitir la posibilidad de rectificación.
Su negativa a cambiar, incluso frente a señales tan evidentes, es un testimonio del peligro de la obstinación que finalmente lo llevará a la perdición total.
Rambam aborda este tema en la introducción al Pirkei Avot, conocida como Shemoná Perakim (Los Ocho Capítulos), donde presenta pruebas irrefutables de que el ser humano posee libre albedrío. Allí Rambam dice: "Sin embargo, existen casos extremos en los que esta capacidad de elección le es retirada como castigo por transgresiones especialmente graves o actos de profunda maldad. En un principio, estos individuos disponían de libre albedrío, pudiendo elegir entre el bien y el mal. No obstante, su conducta corrupta surgió de una decisión consciente, fruto de su propio razonamiento perverso, sin que nada externo los obligara a actuar de esa manera.
Por ello, el castigo divino consiste en cerrarles el camino al arrepentimiento, permitiendo que recaigan sobre ellos las consecuencias inevitables de su proceder. Habiendo pecado voluntariamente, se les castiga de tal modo que sus corazones se desvían de los caminos que conducen a la rectificación, privándolos de la posibilidad de abandonar su rebeldía. Así, quedan atrapados en su propia herejía.
Tal como lo expresa la Escritura: "Efraín está atado a los ídolos, déjalo" (Hoshea 4:17), es decir, que por su propia voluntad se aferró a la idolatría y la deseó, por lo que su castigo consistió en la incapacidad de desprenderse de ella. Esto es precisamente lo que significa la expresión "déjalo", ilustrando cómo su obstinación lo condujo a un estado irreversible.
Este comentario es uno de los más profundos y exactos para quien logre captar la sutileza de estos pensamientos".
La obstinación de Yerobam, incluso después de haber presenciado señales tan impactantes—la destrucción del altar, la parálisis de su mano, la muerte de su hijo y la terrible profecía de Ajiáh—revela la magnitud de su endurecimiento espiritual. Su negativa a reconocer la verdad lo llevó a un punto irreversible, hasta que Dios le cerró las puertas del arrepentimiento.
A partir de entonces, ya no le fue posible recomponerse ni corregir su camino, quedando atrapado en su propia rebeldía. De esta manera, se hizo merecedor del castigo que el mismo se acarreó sobre sí.
1 Reyes 14 Versículo 20
A primera vista, puede parecer que hay una contradicción entre Reyes I 14:13 y Reyes I 14:20, pues el primero afirma que solo Abiáh recibirá entierro y duelo, mientras que el segundo menciona la muerte de Yerobam, lo que indicaría que su hijo Nadav, al heredar el trono, probablemente le haya realizado un funeral de honor.
¿Cómo se puede entender esta aparente contradicción? La clave está en la diferencia entre un entierro digno y una despedida con honra real.
Abiáh—En Reyes I 14:13, el texto enfatiza que solo él de la casa de Yerobam recibiría un entierro respetable y sería llorado por todo el pueblo. Esto implica que su muerte será marcada por un duelo sincero, probablemente porque tenía mérito ante Dios, a diferencia del resto de su familia.
Yerobam—En Reyes I 14:20, se menciona su muerte y el ascenso de Nadav al trono. Si bien es lógico suponer que Nadav organizó un entierro para su padre, el texto no enfatiza que haya sido honrado o lamentado por el pueblo, como ocurrió con Abiáh. Es posible que el entierro de Yerobam haya sido más protocolario, un evento de Estado, pero sin el mismo reconocimiento y pesar genuino que acompañó la muerte de su hijo.
En conclusión: La diferencia radica en el tono con el que se describe cada entierro. Mientras que Abiáh recibe un duelo sincero y lamentación popular, Yerobam es enterrado por razones naturales y políticas, pero sin que el pueblo lo recuerde con el mismo honor y pesar.
La aparente contradicción entre Reyes I 14:11 y Reyes I 14:20 radica en que el versículo 11 establece un destino trágico para los miembros de la casa de Yerobam—sus cuerpos no recibirán sepultura, sino que serán devorados por perros y aves—mientras que el versículo 20 menciona la muerte de Yerobam sin detallar que haya sufrido ese mismo destino.
Posibles explicaciones:
La profecía se refiere a su descendencia, no a Yerobam mismo. El versículo 11 habla del destino de la casa de Yerobam en general, pero no necesariamente de Yerobam en particular. Su linaje fue exterminado posteriormente, y es posible que sus descendientes sí hayan sufrido la suerte descrita en la profecía.
La ejecución de la profecía ocurrió en etapas. La sentencia sobre la casa de Yerobam no se cumplió de inmediato, sino progresivamente. Yerobam pudo haber recibido un entierro, pero su descendencia enfrentó el destino profetizado cuando su linaje fue eliminado más adelante (Reyes I 15:29).
La profecía no excluye excepciones. Aunque el castigo anunciado es severo, no significa que cada individuo de la familia de Yerobam necesariamente debía morir de esa manera. Yerobam, como rey, pudo haber sido enterrado por razones políticas, mientras que su descendencia sufrió el destino profetizado.
Algunos comentaristas señalan que la profecía sobre la casa de Yerobam se cumplió con la eliminación de su linaje, lo que sugiere que el destino descrito en el versículo 11 se aplicó principalmente a sus descendientes y no necesariamente a él.
Más adelante en el capítulo 15 versículo 29 describe el cumplimiento de la profecía sobre la destrucción de la casa de Yerobam. Cuando Baasha, rey de Israel, asciende al poder, elimina por completo a la descendencia de Yerobam, tal como había sido anunciado anteriormente.
Este evento marca el destino final de la casa de Yerobam, que no solo sufrió la pérdida de Abiáh y la obstinación de su líder, sino que finalmente fue erradicada, cumpliendo así el juicio divino.
La conexión entre Reyes I 14:11, 14:13, 14:20 y 15:29 muestra cómo el castigo sobre la familia de Yerobam se ejecutó en etapas:
Abiáh recibe un entierro digno, único en la familia.
Yerobam muere, pero sin una referencia clara a un duelo nacional.
Baasha extermina toda su descendencia, cumpliendo la profecía.
Debemos resaltar que Baasha al exterminar la descendencia de Yerobam, no necesariamente lo hizo con la intención de cumplir la voluntad divina, pues fue un rey malvado y se rebeló a Dios, no obstante, la historia de Baasha ilustra cómo, en ocasiones, incluso un gobernante corrupto puede ser el medio a través del cual se cumple un decreto divino. Aunque Baasha actuó con violencia y por intereses propios, su acción resultó en la ejecución de la profecía dada por Ajiáh contra la casa de Yerobam.
1 Reyes 14 Versículo 21
Daat Mikrá explica que cuando el versículo dice: reinó en Yehudá, no se refiere a que reinó solamente sobre esa tribu, pues también la tribu de Biniamín estaba con él, como así también los Leviim y muchos de los hombres de las demás tribus del reino de Israel, que se alejaron de Yerobam y prefirieron ser fieles a Dios en Jerusalem, es por eso que cuando dice: reinó en Yehudá se refiere al territorio de esa tribu y al reino que a partir de ahora se llamará reino de Yehudá, a diferencia del reino de Israel.
Don Isaac Abarbanel dice que, luego de completar el relato sobre los asuntos de Yerobam, el texto vuelve a narrar los acontecimientos de Rejabam, quien fue rey de Yehudá. Se menciona que tenía cuarenta y un años al comenzar su reinado, lo que indica que no actuó con ingenuidad al seguir el consejo de los jóvenes, ya que no era un muchacho en edad, sino un hombre de más de cuarenta años.
Por otro lado, su padre Shlomó comenzó a reinar siendo joven en edad, pero anciano en sabiduría, mientras que Rejabam fue lo contrario: joven en conocimiento y criterio, pero viejo en años.
Si tenía 41 años al comenzar a reinar y reinó 17 años, quiere decir que murió a los 58 años, no llegó a una vejez como David o Shlomó.
También se menciona que reinó en Yehudá durante diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que Dios escogió para establecer Su Nombre allí. Se dice esto para indicar que ello debió haberlo impulsado a actuar con rectitud y justicia ante Dios, dada la santidad del lugar en el que reinaba.
Sin embargo, no lo hizo así, Malbim explica que el motivo de la repetición del nombre de Naamá la amonita en Reyes I 14:21 y 14:31 parece enfatizar su influencia negativa en Rejabam, hijo de Shlomó.
Las posibles razones de la repetición:
Énfasis en su influencia sobre Rejabam – Naamá era esposa de Shlomó y, según los textos, participó en prácticas de idolatría en su vejez (Reyes I 11:4-5). Su influencia sobre Rejabam pudo haber sido significativa, lo que llevó a las acciones corruptas como rey.
Relación con la idolatría – En Reyes I 14:22, se dice que Yehudá "hizo lo malo ante los ojos de Dios". Esto ocurrió tres años después de que Yerobam ascendiera al poder, lo que sugiere que la idolatría arraigada en la familia real tuvo consecuencias inmediatas en el reino.
1 Reyes 14 Versículo 22
En Dibré Haiamim II 11:17 se menciona que aunque reinó diecisiete años, solo los primeros tres años los pasó en temor y servicio a Dios, mientras que en los años restantes cayó en la idolatría.
"Cabe señalar que el término "celar" (kinah en hebreo) hace referencia a una relación inadecuada dentro de una pareja, en la que una infidelidad o apego a alguien que no es su compañero ocasiona un sentimiento de celos por parte del otro al sentirse traicionado. Es en este sentido que se utiliza aquí, y en este contexto guarda relación con lo que se menciona en los Diez Mandamientos y el Cántico de Haazinu."
En los Diez Mandamientos (Éxodo 20:5) dice "Porque Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso".
Cuando el término: "celoso" se utiliza con respecto a Dios, no se refiere a la emoción humana de envidia, sino al compromiso absoluto de Dios con Su relación con Israel. Es una forma de describir Su rechazo total a la idolatría, ya que Él exige devoción exclusiva.
En el Cántico de Haazinu (Debarim 32:16, 21) la palabra "celos" se usa cuando Dios expresa que Israel provocó Su enojo al volverse a dioses ajenos: Provocaron su celo con dioses extraños. Me provocaron a celos con ídolos que no son Dios.
El uso del término aquí muestra cómo el pueblo de Israel traicionó el pacto divino al seguir tras la idolatría.
1 Reyes 14 Versículo 23
Daat Mikrá sostiene que cuando el versículo dice: Porque ellos también edificaron se refiere a que, tal como los del reino de Israel (como vimos en los capítulos anteriores), también los de Yehudá hicieron así.
Ralbag explica que edificaron altares (bamot). Esto se menciona porque los altares habían sido prohibidos desde que se construyó el templo de Shlomó, por lo que al hacerlo, transgredieron el mandamiento de Dios, aun cuando las ofrendas que allí se brindaran fueran dirigidas a Dios.
Los pilares o piedras sagradas (matzevot): También fueron prohibidas por la Torá, cualquier erección de piedras rituales, incluso si estaban destinadas al culto divino, como está escrito en Debarim 16:22 'No establecerás para ti una piedra sagrada'.
Los árboles de culto (asherim): El concepto de Asherá es conocido. Se considera que los asheras eran ídolos asociados con el culto de la Asherá. Construyeron altares en todas las colinas elevadas, imitando las prácticas de las naciones que Dios había expulsado delante de Israel. Asimismo, colocaron asheras debajo de cada árbol frondoso, transformando esos árboles mismos en objetos de veneración idolátrica."
1 Reyes 14 Versículo 24
Este versículo se refiere a la práctica de la prostitución sagrada, una costumbre común en los cultos paganos de la región. En muchas religiones antiguas, los templos dedicados a deidades de la fertilidad y la naturaleza incluían rituales en los que hombres y mujeres ofrecían servicios sexuales como parte del culto.
En las religiones cananeas, la prostitución ritual estaba vinculada a la adoración de Baal y Astarté (Ishtar), deidades de la fertilidad y la prosperidad. Se creía que la actividad sexual en los templos garantizaba bendiciones agrícolas y prosperidad económica.
Hombres y mujeres podían dedicarse a este servicio, y eran conocidos como "kedeshot" (prostitutas sagradas) y "kedeshim" (prostitutos sagrados).
De esta manera podemos entender, por qué en la antigüedad los cultos paganos eran tan populares, muchos no lo seguían por fe, sino por los placeres que ello le provocaba o le permitía.
Cuando Yehudá se desvió hacia la idolatría, también adoptó estas costumbres, corrompiendo la santidad del pueblo de Israel. La presencia de prostitución ritual en el reino muestra cómo la sociedad se alejó de los valores de la Torá y abrazó los modos de vida de las naciones vecinas.
La Torá prohíbe esta práctica explícitamente en Debarim 23:17: "No habrá prostituta sagrada entre las hijas de Israel, ni prostituto sagrado entre los hijos de Israel. No traerás la paga de una prostituta ni el sueldo de un perro a la casa del Señor tu Dios para cualquier ofrenda tuya, porque los dos son abominación para el Señor tu Dios. Muchos comentaristas explican que la comparación con un perro se refiere a aquellos hombres que se prostituían 'en nombre de la religión y la fe', permitiendo que fueran utilizados para satisfacer cualquier deseo o depravación sexual de un individuo.
Este versículo denuncia la corrupción espiritual que ocurrió bajo el reinado de Rejabam, donde el pueblo no solo practicó idolatría sino que también adoptó algunas de las costumbres más degradantes de las culturas extranjeras.
Daat Mikrá dice que, no necesariamente todo el pueblo de Yehudá estaba inmerso en eso, sino que, al ser que no lo condenaban públicamente, todos eran responsables de alguna manera de esa degradación, tal como dice el versículo en Debarim 29:29 Las cosas ocultas pertenecen al Señor nuestro Dios, mas las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley.
Al respecto dice Don Isaac Abarbanel, el pueblo siguió todas las prácticas y abominaciones de las naciones que Dios había expulsado delante de ellos. No reflexionaron sobre el hecho de que la tierra había vomitado a esos pueblos a causa de sus pecados, y en lugar de aprender la lección, adoptaron sus prácticas corruptas
1 Reyes 14 Versículo 25
Don Isaac Abarbanel dice que, Dios los castigó de inmediato por su maldad, pues Shishak, rey de Egipto, subió contra Jerusalén en el quinto año del reinado de Rejabam.
Tal como explicamos en los versículos anteriores, en Dibré HaYamim se menciona que Rejabam siguió el camino de Dios durante tres años. Sin embargo, en el cuarto año, abandonó Su servicio y cayó en la idolatría, arrastrando consigo a Yehudá. Como consecuencia, en el quinto año, Dios envió su castigo a través de Shishak.
Este castigo se debe a que Dios es extremadamente preciso en Su juicio con los piadosos, como enseñaron nuestros sabios del talmud en el tratado Yevamot 121b: Si bien Dios recompensa grandemente y guarda un cuidado especial para con los que le son fieles y justos, no obstante Él examina a Sus justos hasta el mínimo detalle y no deja de escarmentarlos cuando lo merecen. Por eso, aunque Dios tuvo paciencia con los pecados de Israel, no la tuvo con Yehudá, pues el Templo de Dios y Su santidad estaban en medio de ellos. Así lo expresa el profeta Amós 3:2: Sólo a ustedes he conocido (escogido) de entre todas las familias de la tierra; por tanto, castigaré todas vuestras iniquidades.
Sin embargo, el texto no explica la razón específica por la cual Shishak atacó Jerusalén. Se puede suponer que lo hizo en favor de Yerobam, quien había buscado refugio en Egipto. Siendo su aliado, Shishak decidió sitiar la ciudad y luchar contra ella.
En Dibré Haiamim Bet 12, se detalla que Cuando el reino de Rejabam se había afianzado y fortalecido, él abandonó la ley del Señor y todo Israel con él. Y sucedió que en el año quinto del rey Rejabam, debido a que ellos habían sido infieles al Señor, Shishak, rey de Egipto, subió contra Jerusalén, con mil doscientos carros y sesenta mil hombres de a caballo. Y era innumerable el pueblo que vino con él de Egipto: libios, suquienos y etíopes. Y tomó las ciudades fortificadas de Yehudá y llegó hasta Jerusalén. Con esta gran fuerza militar, conquistó las ciudades fortificadas de Yehudá y llegó hasta Jerusalén.
Al ver el peligro inminente, los hijos de Yehudá volvieron a Dios y se arrepintieron sinceramente de sus transgresiones y se humillaron ante Él. En respuesta, Dios envió al profeta Shemaiáh, quien les transmitió el siguiente mensaje: Así dice el Señor: "Vosotros Me habéis abandonado, por eso también Yo os abandono en manos de Shishak. Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron y dijeron: Es justo el Señor. Porque se han humillado, no los destruiré completamente. Les concederé una pequeña salvación y Mi furia no se derramará sobre Jerusalén por mano de Shishak. Sin embargo, serán sus siervos, y a través de ello conocerán la diferencia entre servirme a Mí y servir a los reyes de la tierra. (nótese que el texto dice: Y los príncipes de Israel y el rey, no dice los príncipes de Yehudá, lo que nos insinúa que también los hombres de Israel acudieron a Dios).
Este castigo fue medida por medida. Ellos habían elegido a otros dioses y los adoraban, pero al mismo tiempo seguían rindiendo culto a Dios en Su Casa. Su falta de fidelidad absoluta provocó que experimentaran en carne propia lo que significa estar bajo el dominio de una potencia extranjera.
Así, Dios les enseñó que la idolatría no solo los aleja espiritualmente, sino que también los somete a esclavitud, demostrando que Su servicio es la única verdadera libertad.
Los historiados dicen que, Shishak (Sheshonq I) era de origen libio y pertenecía a la tribu de los Mashauash, un grupo bereber que había sido integrado en el ejército egipcio desde la dinastía XXI. Su familia, asentada en Bubastis, ganó influencia política y religiosa, lo que le permitió acercarse a la corte faraónica.
Para consolidar su posición, Shishak se casó con la hija del faraón Psusenes II de Tanis (que es el faraón que le concedió su hija a Shlomó y con quien forjó una fuerte alianza). A la muerte de su suegro, Shishak aprovechó la crisis sucesoria y tomó el poder por la fuerza, fundando la dinastía XXII del nuevo Egipto.
Shishak (Sheshonq I) buscó restaurar la influencia egipcia en el Levante es por eso que siguió una política exterior agresiva en los territorios adyacentes de Medio Oriente. Esto está atestiguado, en parte, por el descubrimiento de una base de estatua que lleva su nombre de la ciudad libanesa de Biblos, parte de una estela monumental de Meguidó que lleva su nombre, y una lista de ciudades de la tierra de Israel, algunas de estas ciudades conquistadas incluían antiguas fortalezas de Israel como Meguidó, Taanaj y Shejem (motivo por el cual Yerobam debió abandonar esa ciudad y establecerse en Penuel del otro lado del río Jordán).
1 Reyes 14 Versículo 26
En 10:16 habíamos explicado que el oro empleado en cada escudo, equivalente a seiscientos siclos (alrededor de seis kilogramos), los hacía invaluables. Si se traslada su peso al valor actual del oro, cada uno de estos escudos representaría una verdadera fortuna, fácilmente alcanzando cifras de cientos de miles de dólares.
Algunos historiadores vinculan la narrativa con el hecho que Shishak (Sheshonq I) trajo unas 383 toneladas de oro y plata a los templos egipcios durante los primeros cuatro años de su reinado, estando tal cantidad directamente relacionada con el supuesto saqueo en Jerusalén.
Según el relato de Flavio Josefo, Rejabam, consciente del poderío de Shishak y la amenaza que representaba para Jerusalén, optó por la rendición y le abrió las puertas de la ciudad, entregándose sin resistencia. Sin embargo, cuando Shishak contempló la magnificencia del reino heredado de Shlomó, quedó deslumbrado por la inmensa riqueza y esplendor acumulado en el Beit HaMikdash y el palacio real.
La grandeza de aquella Jerusalén, adornada con oro y refinamiento, despertó la codicia del faraón, quien, sin respeto por el pacto establecido, decidió saquear la ciudad. No se conformó solo con los escudos de oro que ornamentaban la corte, sino que, tal como dice Rashí, también se llevó consigo el majestuoso trono de Shlomó, una obra única que simbolizaba la sabiduría y el poder del rey que llegó a ser el hombre más sabio.
Así, los sabios señalaron que, irónicamente, todas las riquezas que Israel había tomado al salir de Egipto, conforme dice el versículo en Shemot 12:36, regresaron a la tierra de los faraones en los días de Rejabam. Lo que una vez fue un símbolo de redención y libertad, terminó volviendo a su lugar de origen, reflejando el declive espiritual de un pueblo que no supo mantenerse firme en el camino de sus padres
1 Reyes 14 Versículo 27
Tal como mencionamos en 10:16, los escudos de oro que se llevó Shishak no estaban destinados para la guerra. En realidad, se utilizaban en la guardia de honor del rey, en desfiles y ceremonias solemnes, y servían como un símbolo del esplendor y la riqueza del reino ante dignatarios y huéspedes ilustres.
Según Daat Mikrá, cuando Shishak se retiró tras saquear la ciudad, Rejabam mandó fabricar escudos de bronce, similares a los de oro que el faraón había tomado. El bronce, cuando es pulido adecuadamente, refleja un brillo que recuerda al del oro. De este modo, Rejabam buscaba preservar, al menos en apariencia, parte del honor del que había sido despojado y evitar verse humillado ante el pueblo
1 Reyes 14 Versículo 28
Radak explica que La frase cada vez que iba a la Casa del Señor, hace referencia al hecho de que, después de humillarse él y el pueblo de Yehudá, regresaron a Dios, como se menciona en Dibré Haiamim, donde también se afirma que en Yehudá aún había cosas buenas.
Según Don Isaac Abarbanel, este episodio revela la estrategia de Rejabam tras el saqueo de Jerusalén por Shishak. La pérdida de los escudos de oro no fue solo un golpe material, sino también una humillación para la dignidad del reino. Consciente de ello, el rey ordenó forjar nuevos escudos de bronce que, al ser pulidos, reflejaban un brillo similar al del oro, intentando preservar, al menos en apariencia, parte del esplendor perdido.
No obstante, estos escudos ya no adornaban constantemente la corte como símbolo de grandeza, sino que eran empleados únicamente cuando el rey se dirigía a la Casa del Señor. En esos momentos, se vestía con sus mejores ropas y marchaba con toda la majestuosidad posible, tal como quien acude al palacio de un gran soberano y se presenta con el debido honor.
Este detalle no es menor, pues nos muestra que, después de su humillación, Rejabam no solo reconoció su vulnerabilidad, sino que comenzó a rendir homenaje a Dios con una reverencia renovada. Sus visitas al Templo adquirieron un carácter solemne, reflejando el cambio en su actitud: de un rey que se había entregado a ídolos paganos, a uno que comprendía la verdadera fuente de su grandeza, la unicidad de Dios y la importancia de confiar únicamente en Él y servirlo con fidelidad.
1 Reyes 14 Versículo 29
Don Isaac Abarbanel dice que, esto es lo que consideró importante mencionar sobre los asuntos de Rejabam. No hay duda de que ocurrieron muchos otros eventos en su tiempo, pero no fueron registrados porque no estaban dentro de su propósito.
Estos eventos fueron escritos en un solo libro que recopilaba los relatos de los reyes de Yehudá, donde también se incluyeron las historias de Rejabam.
1 Reyes 14 Versículo 30
Este pasaje señala que, aunque al inicio del reinado de Rejavam el profeta Shemaiáh logró evitar una guerra entre Yehudá e Israel, esta paz fue temporal. Rejabam, al principio, quiso recuperar el reino de Israel por la fuerza, pero Dios intervino a través del profeta, indicando que la división del reino era parte de Su designio.
No obstante, la rivalidad entre los dos reinos no desapareció. Con el tiempo, los enfrentamientos volvieron, reflejando la tensión constante entre Judá e Israel, que se prolongó a lo largo de generaciones.
Es posible que estos conflictos no surgieran únicamente por el deseo de recuperar la autoridad sobre el otro reino, sino también por las tensiones cotidianas entre sus habitantes. A menudo, los ciudadanos que viajaban de un reino al otro sufrían hostigamiento, lo que generaba enfrentamientos entre ambos bandos.
Por ejemplo, cuando algunos israelitas querían ascender al Templo para rendir culto, sus propios compatriotas se lo impedían, y entonces los habitantes de Yehudá intervenían para garantizar su derecho a servir a Dios. De igual manera, si los de Yehudá maltrataban a los israelitas, estos respondían en defensa de sus hermanos.
Así, las fricciones entre los dos reinos no solo se reducían a disputas políticas o territoriales, sino que también estaban impulsadas por conflictos sociales y religiosos que, lejos de desaparecer, se convertían en una fuente constante de discordia.
1 Reyes 14 Versículo 31
De lo que nos relató en el versículo 21 podemos deducir que si tenía 41 años al comenzar a reinar y reinó 17 años, quiere decir que murió a los 58 años, no llegó a una vejez como David o Shlomó.
Ya habíamos explicado en el versículo 21 que Malbim sostiene que el motivo de la repetición del nombre de Naamá la amonita en el versículo 21 y en el 31 parece enfatizar su influencia negativa en Rejabam, hijo de Shlomó.
Don Isaac Abarbanel explica que, el versículo menciona nuevamente, después de la muerte de Rejavam, que su madre era Maajá la amonita, a pesar de que esto ya se había indicado anteriormente. Esta repetición no es casual, sino que busca enfatizar un detalle crucial: incluso en el momento de su fallecimiento, Rejavam no se arrepintió ni retornó a Dios con todo su corazón y alma.
Incluso en sus últimos momentos, siguió aferrado a la idolatría promovida por su madre. Por ello, tras decir 'Y Rejavam reposó con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David', el texto añade: 'y su madre era Maajá'. Esto sugiere que, aunque físicamente fue enterrado junto a sus ancestros, su corazón no se asemejaba al de ellos. Por lo que esta repetición resalta que, así como vivió apartado de Dios, también murió sin corregir su camino
Podemos notar que aquí no solamente dice que yació con sus padres, como dijo con respecto a Yerobam en el versículo 20 yació con sus padres; y su hijo Nadav reinó en su lugar, sino que con Rejabam dice que yació Rejabam con sus padres y fue sepultado con sus padres, para remarcar que no fue como con Yerobam que al morir, aparentemente no fue sepultado con honores, tal como explicamos en el versículo 21.
Daat Mikrá señala que, a diferencia de lo que ocurre al relatar la muerte de Asá en 15:24, aquí no se menciona a Rejavam como hijo o descendiente de David. La razón de esta omisión es que Rejavam no siguió el camino recto de Dios como lo hizo David, sino que se desvió y se apartó de Él.
Este detalle no es meramente técnico, sino que refleja una diferenciación intencional en el relato bíblico: mientras que Asá es reconocido como heredero de la rectitud de David, Rejavam, por sus acciones, perdió esa identidad espiritual y moral, lo que se ve reflejado incluso en la forma en que es recordado en el texto.