El reinado de Shlomó
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El reinado de Shlomó
El reinado de Shlomó
De la división del reino a Ajav
De la división del reino a Ajav
De la división del reino a Ajav
Los capítulos de Eliahu
Los capítulos de Eliahu
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El reinado de Ajav
El reinado de Ajav
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1 Reyes 16 Versículo 1
Daat Mikrá recoge la enseñanza de los sabios del Talmud según la cual, cada vez que el nombre de un profeta aparece junto al de su padre, esto indica que su padre también fue profeta. Algunos sugieren que Jananí podría ser el mismo Janani, el vidente mencionado en Divré Haiamim II 16:7, quien profetizó ante el rey Asa y su hijo Yehoshafat, reyes de Yehudá.
1 Reyes 16 Versículo 2
Aunque en 15:27 ya se mencionó que Baashá se levantó contra el rey Nadab, conspiró contra él y lo asesinó para coronarse en su lugar, en este pasaje el texto enfatiza que Dios permitió que asumiera el trono y fuera aceptado por el pueblo, en cumplimiento de lo que había anunciado a través del profeta Ajiáh.
Si bien el texto no nos menciona que Dios envió un profeta para decirle a Yehú que tomara el poder por la fuerza, no obstante, Él toleró la sublevación de Baashá y el asesinato del monarca. No obstante, la conducta de Baashá no fue justificable, pues siguió los mismos caminos perversos de su predecesor. Por esta razón, su acción fue condenada y castigada. En lugar de volverse a Dios, continuó rechazándolo, tal como Yerobam había hecho anteriormente (14:9): “Fuiste y te hiciste para ti otros dioses e imágenes fundidas para provocarme a ira, y Me arrojaste detrás de tus espaldas.”
Daat Mikrá destaca que, aunque el pueblo de Israel se había apartado de Dios y se inclinaba hacia deidades paganas, Dios aún los trataba con benevolencia, llamándolos con afecto: “Mi pueblo Israel.” Este mensaje también estaba dirigido a Baashá, subrayando la gravedad de su pecado. No había hecho pecar a un pueblo cualquiera, sino que había corrompido al pueblo de Dios.
1 Reyes 16 Versículo 3
Utiliza el mismo lenguaje que usó Ajiáh en 14:10.
Daat Mikrá destaca que el texto menciona explícitamente "a Baashá y a su casa", lo que sugiere que el castigo no recaerá sobre Baashá en vida, sino que se cumplirá en los días de su hijo.
1 Reyes 16 Versículo 4
1 Reyes 16 Versículo 5
1 Reyes 16 Versículo 6
1 Reyes 16 Versículo 7
Malbim explica que en el versículo 1 se menciona que "la palabra de Dios llegó a Yehú", lo que ocurrió mientras Baashá aún vivía. En ese momento, Dios le reveló a Yehú el decreto del juicio que recaería sobre Baashá, pero no como un mensaje que debía transmitir de inmediato, sino simplemente como una revelación profética sobre el destino que le aguardaba. Esto es fiel a lo que dice aquel versículo: "Porque Dios no hace nada sin revelar su secreto a sus siervos los profetas."
Sin embargo, la ejecución de ese juicio no ocurrió hasta después de la muerte de Baashá, cuando su hijo Elá asumió el trono. Fue en ese punto, cuando ya habían transcurrido dos generaciones y que ambos seguían en esa línea de actos, de transgresión (Baashá y su hijo, similar a lo ocurrido con Yerobam y su descendiente), que Yehú fue enviado oficialmente como mensajero para anunciar la sentencia. Por ello, el texto dice "en manos de Yehú", donde la expresión "en manos" indica que fue enviado con el propósito de comunicar el veredicto al pecador, es decir, a la casa de Baashá y a su hijo Elá.
El mensaje transmitía que serían castigados por dos razones fundamentales:
Por haber seguido el camino de Yerobam, al adoptar su misma maldad. Así como Yerobam fue castigado, Baashá y su linaje merecían el mismo destino.
Por haber asesinado a Yerobam, ya que si Baashá había seguido el mismo camino corrupto de Yerobam, ¿por qué lo había matado? Por este motivo, se le impondría un castigo adicional.
El relato subraya que la destrucción de la dinastía de Baashá se asemejó a la de Yerobam: así como Nadab, hijo de Yerobam, fue asesinado en el segundo año de su reinado por una conspiración, del mismo modo Elá encontró su fin por el mismo método.
Don Isaac Abarbanel dice que, es relevante que Nadab fue asesinado mientras combatía las guerras del pueblo de Israel contra los Pelishtim, cuando sitiaban Guibetón. Al eliminarlo en ese momento, Baashá interrumpió un esfuerzo militar en curso, lo que añadía gravedad a su crimen.
Por otro lado, parece que Baashá justificó el exterminio de la casa de Yerobam alegando que este último había servido a la idolatría y provocado la ira divina. Probablemente afirmaba que actuaba en cumplimiento de las palabras del profeta. Sin embargo, cuando él mismo siguió el mismo camino de maldad, el profeta lo acusó con la frase "Y por haberlo matado", que no alude solo a Nadab, sino a toda la casa de Yerobam. En otras palabras, si el castigo que aplicó a Yerobam se basaba en sus pecados, ¿cómo podía Baashá justificar haber exterminado su casa si él mismo cometió los mismos pecados?
Por lo tanto, después de relatar que Elá, hijo de Baashá, ascendió al trono, el texto enfatiza que su destino seguiría el mismo patrón de Yerobam y su descendencia. Tal como Nadab, hijo de Yerobam, reinó dos años, de la misma manera Elá gobernó por dos años. Así como Nadab murió asesinado por la espada, Elá también encontró su fin por la misma vía, cumpliéndose así la profecía de que Baashá sería castigado como lo fue Yerobam.
Este paralelismo es impresionante y llamativo: Baashá se asemejó a Yerobam tanto en vida como en muerte; su hijo sufrió el mismo destino que los hijos de Yerobam, y su casa terminó igual que la casa de Yerobam.
1 Reyes 16 Versículo 8
Metzudat David explica que Baashá comenzó a reinar en el tercer año del reinado de Asa. Desde ese momento, gobernó durante un total de veinticuatro años.
Cuando Baashá falleció, su hijo Elá tomó el trono de inmediato. Como el reinado de Baashá había iniciado en el tercer año de Asa, si sumamos sus veinticuatro años de gobierno, eso nos lleva al año veintiséis del reinado de Asa. Por lo tanto, el ascenso de Elá ocurrió en el año veintiséis del reinado de Asa.
El motivo por el cual el texto es reiterativo y expresa "el año vigesimosexto año de Asa, rey de Yehudá", en lugar de simplemente decir "el año vigesimosexto de Asa, rey de Yehudá", es porque al repetir la palabra "año", se enfatiza que no se refiere a la edad de Asa, sino específicamente a los veintiséis años transcurridos desde el comienzo de su reinado.
1 Reyes 16 Versículo 9
Don Isaac Abarbanel explica que, Zimrí, su siervo, era el comandante de la mitad de la caballería real, ya que el ejército contaba con dos oficiales a cargo de los carros del rey. Zimrí lideraba una de esas divisiones y decidió levantarse contra su señor, Elá, asesinándolo.
Este acto fue una retribución medida por medida, pues así como Baashá había matado a Nadab ben Yerobam mientras el pueblo sitiaba Guibtón, en la tierra de los pelishtim, ahora, en una situación similar—cuando Elá y el pueblo estaban acampados en Guibtón contra los pelishtim—Zimrí, su propio siervo, lo asesinó.
La razón de su muerte, más allá del decreto divino, radica en el desprecio de Zimrí por Elá: lo vio completamente ebrio, tirado en el suelo, y llegó a la conclusión de que no era digno de reinar. Al percibir su debilidad y falta de autoridad, decidió ejecutarlo.
Mientras el pueblo combatía, lejos de sus hogares y familias, arriesgando sus vidas por la seguridad del reino, el rey, en cambio, se entregaba a los placeres de la comida, la bebida y la embriaguez...
1 Reyes 16 Versículo 10
Tal como explicamos en el versículo anterior, al regresar del campo de batalla, Zimrí vio que, mientras los soldados luchaban, el rey se entregaba a la embriaguez. Sintió un profundo desprecio por él, considerando que no era digno de reinar, y decidió asesinarlo.
El texto dice "lo hirió y le dio muerte", lo que indica que no murió con el primer golpe, sino que Zimrí tuvo que rematarlo cuando el rey ya agonizaba.
Metzudat David explica que Elá comenzó a reinar en el año veintiséis del reinado de Asa y gobernó durante dos años. Sin embargo, esos dos años no fueron completos, sino que estuvieron repartidos entre el final del año veintiséis de Asa y parte del año veintisiete. Por lo tanto, su reinado se considera de dos años fraccionados.
1 Reyes 16 Versículo 11
Tal como explicamos anteriormente en 14:10, Rashí, Radak y Abarbanel sostienen que la expresión "quien orine contra la pared" se refiere a un perro, ya que estos animales suelen levantar la pata y orinar sobre paredes o árboles. Según esta interpretación, la frase indica una destrucción total de la casa de Baashá, hasta el punto de no dejar nada, ni siquiera un perro que ladre en su memoria.
Por otro lado, algunos comentaristas interpretan esta expresión como una referencia a todos los varones, lo que implicaría la eliminación completa de la línea masculina de Baashá.
Independientemente de la interpretación adoptada, el mensaje central sigue siendo el mismo. Como explica Ralbag, el propósito de esta sentencia es transmitir que no quedará nadie que perpetúe su nombre.
Abarbanel refuerza esta idea al afirmar que no quedará ningún sobreviviente. Es decir, el texto sugiere que no habrá gobernante, ni exiliado, ni siquiera un esclavo descendiente de Baashá que pudiera reclamar algún derecho sobre el trono.
Don Isaac Abarbanel agrega que Zimrí actuó contra la casa de Baashá como Baashá lo hizo contra la casa de Yerobam, pero llevó la maldad aún más lejos. Cuando Baashá eliminó la casa de Yerobam, ejecutó a todos sus descendientes, pero no eliminó a sus aliados, amigos ni parientes cercanos.
Sin embargo, Zimrí fue más allá. No solo mató a los hijos de Baashá, sino que también exterminó a sus parientes, allegados y amigos. Es por eso que el texto enfatiza: "prientes y amigos", indicando que no dejó sobrevivientes ni siquiera entre aquellos que no formaban parte directa de su familia.
1 Reyes 16 Versículo 12
Malbim sostiene que, si bien en el versículo anterior ya había dicho mató a toda la casa de Baashá; no dejó a ningún varón de la casa de Asá, ejecutando a sus hijos, hermanos y parientes cercanos, para asegurarse que el reino quedara firmemente bajo su control. En este versículo nos agrega que, Zimrí no se limitó a la eliminación de los posibles herederos masculinos, sino que, llevó su destrucción más allá, exterminando también a mujeres y niños.
Don Isaac Abarbanel explica que, tal como explicamos antes, ese no fue el motivo por el cual Zimrí mató a Elá, no obstante, la destrucción que Zimrí llevó a cabo contra la casa de Baashá en tan solo 7 días que usurpó el trono, ocurrió exactamente de la misma manera en que Dios, , había anunciado por medio del profeta Yehú como castigo por todos los pecados de Baashá y de su hijo Elá, quien siguió los caminos perversos de su padre.
1 Reyes 16 Versículo 13
Al permanecer Ela en el mismo camino de su padre, entonces Dios decide castigarlo por todos los pecados juntos.
Daat Mikrá explica que, cuando dice: con sus vanidades se refiere a todo tipo de culto o creencias paganas que ellos hacían o que inculcaron al pueblo de Israel.
1 Reyes 16 Versículo 14
Daat Mikrá señala, que a diferencia de su padre Baashá, con Elá no menciona que fue sepultado, para cumplir de esta manera las palabras del profeta en 16:4.
1 Reyes 16 Versículo 15
En total, Zimrí permaneció en el trono solo siete días antes de quitarse la vida.
Según Daat Mikrá, la guerra contra Guibetón comenzó en la época de Nadav, hijo de Yerobam, y continuó durante todo el reinado de Baashá y Elá. En total, el conflicto se prolongó por aproximadamente 25 años, aunque con variaciones en su intensidad a lo largo del tiempo.
Cuando Zimrí conspiró contra Elá, el pueblo de Israel se encontraba sitiando Guibtón, luchando para derrotarla y tomarla bajo su control. Fue en ese preciso momento, mientras estaban en medio del asedio, que los soldados recibieron la noticia de la revuelta política y del inesperado asesinato del rey.
1 Reyes 16 Versículo 16
Don Isaac Abarbanel dice que el versículo describe cómo los soldados y los hombres de guerra se indignaron cuando se enteraron de que un siervo tomó el poder y se convirtió en rey. Esto hace referencia a la conspiración de Zimrí contra su señor, Elá.
Ante el caos provocado por el asesinato de Elá, el pueblo no podía permitirse continuar la guerra sin un líder. Por ello, ese mismo día y en el mismo campamento de batalla, proclamaron como rey a Omrí, el comandante del ejército de Israel.
Es posible que su nombramiento no solo buscara restaurar el orden, sino también cumplir una misión específica: vengar la muerte de Elá, asegurándose de que Zimrí pagara por su traición.
Según Daat Mikrá, aunque el texto no proporciona información sobre la ciudad o tribu de origen de Omrí, se considera probable que perteneciera a la tribu de Isajar.
Como veremos más adelante en el versículo 21, no todos pensaban o apoyaban la idea de que Omrí se convierta en rey, o al menos no en forma definitiva.
1 Reyes 16 Versículo 17
Tal como señaló Abarbanel en el versículo anterior, lo que el pueblo—es decir, los hombres de guerra—buscaban y anhelaban era vengar la muerte de su rey, incluso por encima del triunfo en la guerra contra Guibtón.
Por eso, cuando Omrí fue proclamado rey, su primera acción no fue continuar el asedio ni consolidar el triunfo en la batalla, sino suspender la guerra de inmediato y marchar hacia Tirtzá, la ciudad real, con un propósito claro: eliminar a Zimrí y hacer justicia por el asesinato de Elá.
Tirtzá, como ciudad real, estaba fuertemente amurallada. Por ello, antes de entrar, los atacantes debieron primero sitiarla para forzar su rendición o enfrentarse a los defensores. Solo entonces pudieron superar las murallas y lograr el ingreso a la ciudad.
1 Reyes 16 Versículo 18
Radak y Metzudat David sostienen que, al verse superado, Zimrí se refugió en el palacio del rey, la zona más protegida. Al notar esto, Omrí ordenó prender fuego a la fortaleza, causando la muerte de Zimrí entre las llamas.
Acorde a la opinión de Don Isaac Abarbanel, cuando Zimrí vio que su final era inevitable, se encerró en el palacio real, donde él mismo prendió fuego al edificio y pereció entre las llamas.
Así, su reinado fue efímero, durando solo siete días, sin lograr consolidarse como verdadero monarca.
1 Reyes 16 Versículo 19
Radak explica que, Zimrí gobernó únicamente siete días en Tirtzá, un período demasiado breve para haber poder decir que ha llevado a Israel por un camino de transgresión propio de un reinado. No obstante, el versículo se refiere a que su influencia negativa no comenzó cuando asumió el trono, sino mucho antes, cuando ejercía el cargo de comandante de la mitad de los carros de guerra.
Puede ser que se refiera a que, al estar a cargo de una parte importante del ejército, él haya sido responsable de impedir que el pueblo se acercara a Jerusalén, tal como se hacía desde la época de Yerobam, impidiéndole al pueblo peregrinar al Templo de Jerusalem y haciendo que el pueblo tenga que ofrendar fuera del lugar que Dios había escogido para ello.
1 Reyes 16 Versículo 20
Cuando el texto menciona "los demás hechos de Zimrí", no se refiere solamente a su efímero reinado, sino también a sus acciones previas como líder militar y al impacto que tuvo en la corrupción de Israel. Como así también a la apología que habrá hecho sobre sus motivos para asesinar y deponer a Elá como rey.
1 Reyes 16 Versículo 21
Malbim explica que, inicialmente, mientras Zimrí aún estaba vivo, el pueblo se unió en su contra. Incluso aquellos que no apoyaban a Omrí no se separaron ni mostraron abiertamente su desacuerdo, pues su prioridad era impedir que Zimrí consolidara su poder y se fortaleciera como rey.
Sin embargo, tras la muerte de Zimrí, la situación cambió por completo. La unidad que existía hasta entonces se desmoronó, dando lugar a una profunda división entre los israelitas. En este punto, surgió una disputa interna sobre quién debía gobernar. Una parte del pueblo respaldó a Omrí, mientras que otro grupo apoyó a Tibní ben Guinat, generando una lucha por el trono que fragmentó la nación y desencadenó una confrontación política y militar entre ambos bandos.
Este conflicto no fue menor, ya que no solo se trataba de una diferencia de opiniones, sino que afectó directamente la estabilidad del reino.
Daat Mikrá sostiene que, aparentemente, Tibní también era un hombre del ejército. Y si bien, en un principio, en el versículo 16 se menciona que todo Israel coronó a Omrí, jefe del ejército, como rey, esto en realidad se refería a los soldados que estaban combatiendo junto a él. Sin embargo, posteriormente, otra parte del pueblo consideró a Tibní como un mejor candidato.
1 Reyes 16 Versículo 22
Rashí, basado en los sabios del Talmud, afirma que la muerte de Tibní ocurrió cuando Asá, rey de Yehudá, dio en matrimonio a la hija de Omrí a su hijo Yehoshafat. Esto podría indicar que la consolidación de Omrí como una figura influyente en la región llevó a la eliminación de cualquier oposición restante, incluida la facción que apoyaba a Tibní.
El matrimonio entre la casa de Omrí y la de Yehoshafat fue un movimiento estratégico, ya que fortalecía la alianza entre Israel y Yehudá en un periodo de inestabilidad política. Es posible que, al reconocer el ascenso de Omrí y su importancia en el contexto político más amplio, los seguidores de Omrí se aseguraran de eliminar cualquier rival, asegurando la estabilidad de su gobierno.
Daat Mikrá señala que, a partir del próximo versículo, podemos deducir que la lucha entre estos dos bandos se prolongó durante aproximadamente cinco años. Finalmente, Tibní murió de muerte natural, lo que puso fin a la división en el pueblo y permitió la consolidación definitiva del reinado de Omrí.
1 Reyes 16 Versículo 23
Rashí explica que, el reinado de Omrí estuvo dividido en dos fases: los primeros cinco años, marcados por la disputa entre sus seguidores y los de Tibni, y luego siete años de gobierno estable en donde todos lo reconocieron a él como único rey.
Don Isaac Abarbanel plantea que este versículo plantea una aparente contradicción sobre la duración y el inicio del reinado de Omrí. En el año treinta y uno de Yehudá se menciona que comenzó a gobernar sobre Israel, pero esto resulta difícil de conciliar con los versículos anteriores en donde dice que, Zimrí tomó el poder en el año 27 de Asá rey de Yehudá y reinó solo siete días antes de ser eliminado. Luego, Omrí asumió el liderazgo, es decir en el mismo año 27 de Asá, pero su control no fue inmediato ni absoluto. Durante los años siguientes, Israel se encontró dividido entre dos pretendientes al trono: Omrí y Tibni ben Guinat. Esta lucha por el poder se prolongó por aproximadamente cinco años, generando inestabilidad en el reino.
Cuando el texto dice que Omrí comenzó a gobernar en el año 31 de Yehudá, se refiere al momento en que finalmente logró consolidar su dominio sobre todas las tribus de Israel, tras la muerte de Tibni. A partir de entonces, gobernó sin oposición hasta el año treinta y ocho de Yehudá, cuando falleció y su hijo Ajab asumió el trono.
Si contamos desde el año veintisiete hasta el treinta y ocho Asá rey de Yehudá en que comenzará a reinar su hijo, obtenemos los doce años mencionados en el versículo. Sin embargo, es importante notar que estos doce años incluyen tanto el período de disputa con Tibni como los años de gobierno estable. En términos prácticos, el reinado efectivo y sin oposición de Omrí duró aproximadamente siete años, los últimos seis de los cuales se consideran un período de estabilidad en el reino.
Daat Mikrá explica que, los primeros 6 años reinó en Tirtzá y el resto en la ciudad de Shomrón como dirá más adelante.
1 Reyes 16 Versículo 24
Daat Mikrá sostiene que, aparentemente, este monte fue adquirido desde el primer momento y su construcción se extendió durante varios años, hasta que finalmente quedó establecida como una ciudad real, fortificada y habitable.
Otro aspecto importante para destacar es la tradición de los reyes de Israel, quienes no tomaban la tierra por la fuerza en su propio beneficio, sino que la adquirían mediante una compra legítima por un monto significativo. Cada talento de plata equivale aproximadamente a 30 kilogramos de plata.
En Dibré Haiamim I 21:25, se menciona que David pagó 600 siclos de oro, para comprar la zona donde se construiría el Templo de Jerusalén. Este terreno pertenecía a Araúna el jebuseo, quien inicialmente quiso regalárselo a David, pero el rey insistió en pagar por él
1 Reyes 16 Versículo 25
Malbim dice que, hizo el mal introduciendo ídolos nuevos que no existían antes, además de no abandonar el camino de Yerobam.
1 Reyes 16 Versículo 26
El versículo menciona que Omrí fue peor que todos los que le precedieron. Esto puede interpretarse de varias maneras. Primero, indica que no solo siguió los pecados de Yerobam, como se menciona explícitamente, sino que también añadió nuevas transgresiones. Esto lo convertiría en una figura que profundizó aún más la corrupción religiosa y política en comparación con sus antecesores.
Además, el texto sugiere que, aunque tuvo la oportunidad de aprender de las consecuencias negativas que enfrentaron las casas de Baashá y Yerobam debido a sus malas acciones, decidió ignorar estas lecciones. En lugar de corregir su camino, persistió plenamente en la senda marcada por Yerobam, demostrando una falta de introspección y aprendizaje histórico.
El énfasis en que "fue peor que todos los que le precedieron" puede relacionarse con el hecho de que no mostró ningún intento de cambio ni de mejora. En lugar de considerar el destino de sus predecesores como una advertencia, continuó y profundizó los mismos errores. Este patrón de conducta refuerza la idea de una degeneración progresiva en la gobernanza y la práctica religiosa de Israel.
Por último, la afirmación de que "siguió por completo el camino de Yerobam ben Nevat" confirma que no solo replicó las fallas del pasado, sino que también las llevó al extremo. Esta declaración refuerza la gravedad de su conducta y la manera en que contribuyó al deterioro de la sociedad y la relación del pueblo con su fe.
1 Reyes 16 Versículo 27
Daat Mikrá dice que se refiere a las guerras que luchó siendo jefe del ejército, como así también a cómo sometió a Moab tal como lo atestigua el rey Meisha rey de Moab.
Moab había sido sometido por David, pero posteriormente se convirtió en un reino tributario de Israel bajo el reinado de Omrí. Meisha se rebeló contra el dominio de Israel tras la muerte de Ajab, lo que llevó a una campaña militar en su contra por parte de Israel, Yehudá y Edom
1 Reyes 16 Versículo 28
1 Reyes 16 Versículo 29
Ajab comenzó a reinar inmediatamente después de la muerte de Omrí, sin que fuera necesario que el pueblo lo coronara formalmente. Esto indica que su acceso al trono fue natural y aceptado sin oposición, probablemente debido a la consolidación del poder de su padre Omrí, quien dejó una estructura de gobierno fuerte y establecida.
1 Reyes 16 Versículo 30
Ajab es el rey sobre el cual se narran más relatos en comparación con cualquier otro monarca del reino de Israel. La amplitud de su historia en las Escrituras puede deberse a varios factores. Por un lado, su reinado estuvo marcado por importantes eventos políticos y religiosos, incluyendo su matrimonio con Izebel, el conflicto con el profeta Eliyahu y su participación en diversas guerras.
Además, su gobierno representó un punto de inflexión en la historia de Israel, con un cambio significativo en las prácticas religiosas más que todos los reyes que le antecedieron, esto fue impulsado por la influencia fenicia de su esposa Izebel que corrompió y llevó a la decadencia total a las tribus del reino de Israel.
El hecho de que su nombre aparezca por tercera vez en estos dos versículos podría estar relacionado con el énfasis que se le da a su figura en la narrativa bíblica. La repetición de su nombre podría servir para destacar la trascendencia de su reinado y su impacto en la historia de Israel. También puede ser una forma de marcar el comienzo de una nueva era en la monarquía de Israel, en la que las relaciones con otros reinos, especialmente con Tiro y Tzidón, jugarían un papel central.
1 Reyes 16 Versículo 31
Acorde a la opinión de Ralbag y Don Isaac Abarbanel El versículo destaca un aspecto crucial del reinado de Ajab. No solo siguió la senda de Yerobam ben Nevat, quien instauró el culto a los becerros de oro en Israel, sino que además introdujo nuevas transgresiones que superaban incluso las acciones de sus predecesores. La formulación del texto sugiere que su adhesión a los errores de Yerobam no fue el aspecto más grave de su reinado, sino que este solo representó el punto de partida para una degeneración aún más profunda.
El Talmud, en el capítulo Jélek, enfatiza que incluso las faltas menores de Ajab fueron consideradas tan graves como los pecados más severos de Yerobam. Esto resalta no solo la extensión de su idolatría, sino también su indiferencia total hacia las advertencias que la historia le ofrecía. Yerobam fue quien abrió el camino hacia la corrupción religiosa en Israel, y Ajab, en lugar de corregir el rumbo, profundizó aún más en la desviación espiritual del pueblo.
Un elemento central en la conducta de Ajab fue su matrimonio con Izebel, hija del rey de los sidonios. Su esposa desempeñó un papel activo en la introducción del culto al Baal en Israel, estableciendo sacerdotes, templos y prácticas idolátricas que desplazaban cada vez más el culto exclusivo a Dios. La influencia de Izebel llevó a Ajab no solo a tolerar la idolatría, sino a adoptarla como su propia práctica, postrándose ante el Baal y promoviendo su adoración entre el pueblo.
Esta evolución marca un punto de inflexión en la historia religiosa de Israel. Hasta Ajab, la idolatría existía, pero no había alcanzado el nivel de institucionalización y patrocinio real que se observa en su gobierno. Bajo su mandato, la religión estatal se transformó por completo, con el culto a Baal y Astarté ocupando un lugar destacado y desplazando el servicio a Dios.
Radak dice que Por ello, el texto enfatiza "y fue a servir", lo que indica que Ajab viajó a Sidón y participó activamente en el culto al Baal, adoptando las prácticas idolátricas que allí se realizaban. No solo se postró ante Baal, aceptándolo como su dios, sino que también replicó ese culto en Shomrón. Allí construyó un templo al Baal, llamado "Casa de Baal", y erigió un altar en su honor, estableciendo de manera formal el culto idolátrico en el reino de Israel.
Daat Mikrá señala que la decisión de Ajab de tomar como esposa a Izebel, hija del rey fenicio de Tzidon, probablemente tuvo un trasfondo estratégico. Desde una perspectiva política y económica, la alianza con Tzidon ofrecía una oportunidad crucial para Israel: el acceso a los mercados internacionales y una conexión directa con el comercio del Mediterráneo.
Los tzidonim y los fenicios eran conocidos por su destreza en el comercio marítimo. Poseían una de las flotas mercantes más avanzadas de la época y dominaban el comercio entre diversas regiones, incluyendo Egipto, Grecia y las ciudades del norte de África. Sus rutas comerciales y su capacidad para negociar con distintos reinos les aseguraban una posición influyente en la economía de la región. Para Israel, que en ese momento estaba en plena expansión bajo la dinastía de Omrí, una alianza con Tzidon representaba la posibilidad de fortalecer su presencia económica y aumentar su riqueza y estabilidad.
No obstante, aunque inicialmente la unión con Izebel pudo haber sido motivada por estos intereses, con el tiempo su influencia se extendió más allá de lo económico y lo político. Izebel no solo introdujo prácticas religiosas extranjeras en Israel, sino que también promovió activamente el culto a Baal, estableciendo templos, altares y un cuerpo sacerdotal dedicado a su adoración. Su presencia en la corte contribuyó significativamente a una transformación ideológica dentro del reino, alejando al pueblo del servicio exclusivo a Dios, dirigiéndolos hacia una idolatría organizada y arrastrándolo a un paganismo extremo.
1 Reyes 16 Versículo 32
A diferencia del rey Shlomó, a quien las Escrituras le atribuyen la construcción de altares para dioses paganos, todos los comentaristas coinciden en que Shlomó, siendo un hombre sabio, piadoso y conocedor de Dios, a quien Él mismo llamó "amado de Dios", nunca se entregó a la idolatría. Lo que el texto indica es que fueron sus esposas quienes levantaron esos altares para sus propios dioses, mientras que Shlomó, aunque no participó activamente en su construcción, hizo la vista gorda y no los prohibió ni los erradicó. Sin embargo, el texto señala que esos altares estaban fuera de Jerusalén, la ciudad real.
En cambio, Ajab, aunque fue influenciado y manipulado como un títere por su esposa Izebel, fue él mismo quien construyó no solo un altar, sino un templo completo dedicado al culto pagano, instaurando sacerdotes, estatuas idolátricas y todo lo necesario para consolidar ese culto. Además, lo hizo dentro de la ciudad real, lo que demostró que la idolatría no era solo tolerada, sino que se convirtió en el credo oficial de la monarquía.
1 Reyes 16 Versículo 33
La Asherá era un árbol frondoso o un poste sagrado que se plantaba o colocaba como parte del culto idolátrico en la antigüedad. En las sociedades cananeas y fenicias, se asociaba con la adoración de dioses paganos, particularmente con la diosa Astarté, considerada una deidad de la fertilidad y la prosperidad.
La creencia popular sostenía que, al plantar una Asherá cerca de los lugares de culto, se podía atraer bendiciones, buenas ondas o energías positiva y el favor divino. Se pensaba que su presencia fortalecía la conexión entre los adoradores y los dioses, funcionando como un canal para recibir sus influencias y protección. En algunos casos, estos árboles eran reverenciados como manifestaciones visibles de la divinidad en la tierra.
Desde la perspectiva de la Torá, la práctica de plantar Asherot (plural de Asherá) junto a los altares de Dios estaba estrictamente prohibida. En Debarim 16:21, la Torá explícitamente ordena: "No plantarás para ti un árbol de Asherá cerca del altar del Señor tu Dios." Esta prohibición subraya el peligro de la asimilación o conciliación religiosa, por medio de la cual los israelitas podrían verse tentados a integrar prácticas idolátricas en el servicio a Dios.
Los reyes de Israel que promovieron el culto a la Asherá fueron duramente criticados por los profetas. La idolatría asociada con este culto no solo desviaba al pueblo del monoteísmo, sino que también introducía rituales ajenos a la tradición israelita, debilitando la fidelidad al pacto con Dios. Ajab, por ejemplo, no solo permitió el establecimiento de altares a Baal, sino que también instituyó la adoración de Asherá, consolidando un sistema religioso alterno en Israel que provocó la ira de Dios.
Daat Mikrá explica que, cuando dice ahora: más que todos los reyes de Israel que fueron antes que él se refiere a que la gran diferencia entre Ajab y los reyes que le precedieron es que, aunque estos últimos deseaban servir a Dios, lo hicieron de manera equivocada. En lugar de seguir las instrucciones establecidas en la Torá, adoptaron prácticas de culto similares a las de los pueblos paganos, lo que la Torá prohíbe explícitamente. Este fue su error: buscar a Dios, pero hacerlo mediante formas ajenas a Su voluntad.
Ajab, en cambio, no tuvo siquiera la intención de servir a Dios. A diferencia de sus antecesores, no trató de adaptar el culto a Dios a un modelo foráneo, sino que abandonó por completo Su servicio. Se entregó plenamente a la adoración de los dioses paganos, estableciendo formalmente el culto a Baal y Asherá en Israel, sin el menor interés en la fe ancestral del pueblo.
1 Reyes 16 Versículo 34
Rashí explica que, Jiel reconstruyó la ciudad de Yericó en tiempos de Ajab, desafiando la maldición que Yehoshúa había pronunciado siglos antes. En Yehoshúa 6:26, tras la conquista de Yericó, Yehoshúa declaró: Y juramentó Yehoshua ese día diciendo: Maldito sea ante el Eterno, el hombre que erija y construya a esta ciudad, a Yerijó, con la vida de su primogénito pondrá los cimientos y con la vida de su hijo menor pondrá sus portones.
En nuestro versículo muestra cómo esta maldición se cumple en Jiel, quien, al reconstruir Yericó, pierde a cada uno de sus hijos en distintas etapas de la construcción, hasta que su hijo menor muere al colocar las puertas de la ciudad. Este episodio es visto como una advertencia sobre la gravedad de desafiar una maldición divina, así como una muestra del contexto espiritual de la época, en la que el desprecio por la palabra de Hashem era frecuente bajo el reinado de Ajab.
La conexión entre Jiel y Ajab también es destacada en los comentaristas, pues se pregunta por qué se menciona este episodio en el contexto del reinado de Ajab. La respuesta es que, la desgracia de Jiel se relaciona con el clima espiritual de la época, en la que la idolatría y el desprecio por las advertencias divinas eran prominentes.
Sobre esto agrega Ralbag: Tal como había sido advertido por Yehoshua, cuando Jiel colocó los cimientos de la ciudad, su primogénito, Aviram, murió. Luego, a medida que avanzaba en la construcción, cada uno de sus hijos falleció hasta que el más joven murió al instalar las puertas, cumpliéndose así la maldición de Yehoshúa.
Malbim y Radak dicen que hasta ese momento, aunque el pueblo servía a los becerros de oro, aún no habían rechazado por completo los fundamentos de la fe y temían el juramento y la maldición que Yehoshúa había impuesto sobre quien reconstruyera la ciudad.
Sin embargo, cuando vieron que Ajab cometía todo tipo de abominaciones sin recibir castigo inmediato por parte de Dios, negaron la providencia Divina y la autoridad de la profecía. Por eso, Jiel decidió reconstruir Yericó sin preocuparse por la advertencia de Yehoshúa.
Hasta los días de Ajab, ningún hombre se atrevió a desafiar esta advertencia. Sin embargo, Jiel lo hizo, y Ajab no lo impidió, lo que demuestra el nivel de corrupción e indiferencia espiritual que caracterizaba su gobierno
Incluso cuando vio que la maldición de Yehoshúa se cumplió con la muerte de su primogénito, Aviram, no prestó atención a ello. Consideró que la tragedia había sido producto del azar y continuó la reconstrucción hasta que su hijo menor falleció al colocar las puertas de la ciudad.
El episodio de Jiel y la reconstrucción de Yericó tiene varias implicaciones. En primer lugar, confirma la vigencia de la palabra de Dios, demostrando que las advertencias divinas no son meras declaraciones, sino decretos con consecuencias tangibles. Además, refuerza la narrativa sobre el deterioro espiritual de Israel bajo Ajab, donde el respeto por las tradiciones y la autoridad profética estaba en declive, llegando a ser casi ignorado completamente.
A pesar de presenciar estos hechos, Ajab no reaccionó con temor hacia Dios, ni se contuvo en sus transgresiones. Por el contrario, continuó afianzándose en sus pecados sin mostrar arrepentimiento ni considerar las señales Divinas.
Sobre esto agrega Don Isaac Abarbanel que en salmos advierte sobre individuos como Ajab en 32:8: "Te instruiré y te enseñaré el camino en el que debes andar." Este versículo resalta la guía divina ofrecida a quienes están dispuestos a escuchar, marcando la diferencia entre aquellos que buscan orientación y los que ignoran las advertencias.
Además, refuerza esta idea desde la perspectiva de la experiencia, afirmando: "Mi ojo te aconsejará." Aquí se subraya la vigilancia de Dios sobre los actos del ser humano, asegurando que la persona que confía en Él recibe dirección y protección.
El salmista concluye con una fuerte advertencia en 32:9: "No sean como el caballo o el mulo sin entendimiento, que necesitan freno y riendas." Esta metáfora ilustra la diferencia entre aquellos que utilizan la razón para corregir su camino y los que, al carecer de discernimiento, requieren control externo para evitar el extravío. La enseñanza es clara: el ser humano debe actuar con inteligencia y sensibilidad, evitando caer en la necedad de quienes rechazan la corrección hasta que el castigo se vuelve inevitable.